martes, febrero 20, 2024

Ternuritas

Fundamentalismo lingüístico en las tierras de Comala
Reseña del libro de David Bak Geler: Ternuritas. México, 2023, editorial Chamuco.
Parte I
Por Rafael Serrano

A lo largo de su vida política Andrés Manuel López Obrador ha sido vapuleado por el establecimiento intelectual, de corte girondino, de muy diversas maneras; la mayoría de las veces sin razón. Llama la atención que estas críticas suenan más a desprecio, fobia y envidia que a razonamiento y juicio ponderado. Poco reconocimiento a sus habilidades, logros y a su congruencia y mucho para señalar que estamos ante un actor político ignorante, necio, autoritario: un populista que hace trizas al país.

El sistema mediático realmente existente es una buena plataforma para difundir estos encuadres que en realidad tienen el propósito de deslegitimizar una obra de gobierno y sus logros bien o mal habidos y socavar la popularidad y la aceptación que tiene en la mayoría de la población. Encuestas van y en encuestas vienen y AMLO continua muy legitimado, creíble y respetado. Llama la atención que el sistema mediático y sus palafreneros no han logrado disminuir o afectar el apoyo popular al presidente; a pesar de errores y de malos gobiernos morenistas sigue creciendo la intención de voto para el proyecto de la Cuarta transformación.

Surgen muchas e inquietantes preguntas: ¿a qué se debe que los cientos de comentaristas-intelectuales que pueblan los conversatorios en los medios tradicionales de comunicación y usan/abusan de su libertad no logren modificar o encuadrar a la opinión pública en sus sabios y documentados argumentos?; ¿por qué tantos doctos e ilustres letrados en las ciencias del saber social no son entendibles y menos comprensibles?, ¿por qué estos ilustrados y colonizados mentalmente en las babilonias del conocimiento y que hablan muchas lenguas imperiales no son creíbles, confiables ni respetados?; ¿por qué creen que hablando desde un nebuloso Himalaya intelectual pueden determinar qué es lo justo, igualitario, democrático para “todos”?

El libro “Ternuritas” apunta algunas respuestas, todas posiblemente discutibles pero novedosas. Su autor, David Bek, lo atribuye a que los comentaristas mediáticos han perdido el monopolio del habla, su “dictadura lingüística”. Ésta se ha resquebrajado y ha sido tomada por los pueblos de las montañas, de los valles, de las mesetas; de costas, de los ríos, de los desiertos y de las selvas y ha poblado/anegado con sus muchas hablas, discursos y narrativas la vida pública, creando una nueva opinión pública. Un habla plural, libre/libérrima diversa, creativa, llena de humor e ingeniosa; que anida en el existir mismo de nuestras comunidades y que representan el mosaico intercultural que somos ha irrumpido y se ha comenzado a conversar y reconocerse creando una verdadera res pública. Un hecho civilizatorio que no ven los dueños del poder ni sus mediadores a sueldo.

Por supuesto, en esta habla abierta/diversa se muestran también los sentimientos espurios o verdaderos de sus hablantes, sus filias y fobias; no es una olla de paz y concordia sino una olla llena de dinamismo donde prevalece la división de opiniones, la confrontación ruda o suave y que finamente cumple la función de evitar la violencia física (la guerra o la muerte del otro). Ahora la opinión pública “es lo que es” y no sólo, como lo que piensan los dictadores del habla, un duelo de bien pensantes, sólo ellos, donde siempre triunfan sus ideas.

Lo que nos dice “Ternuritas” es que ha emergido la democracia discursiva; hay ya un pueblo hablando con sus decires, sus “faltas” de ortografía, sus tonos y sus dejos que no entienden a los que hablan en “físico” y que ahora tiene medios alternos para comunicarse, las “benditas redes sociales”. Ha sido derrocada el habla dominante (la torre de babel) y se encuentra sitiado el jardín versallesco de la Real Academia que determina el bien hablar (lo medios en manos de los “machuchones”). Adiós al monopolio de la palabra y por tanto, los diccionarios se secularizan y se llenan de nuevas definiciones que provienen del manantial de los hablantes, del pueblo. Y esto, molesta a la nomenclatura intelectual:

“…la idea de que hablamos distinto y que cada quien debiera ser capaz de expresarse “como uno es” ha encontrado una furiosa resistencia durante los últimos 4 años. incluso antes de la toma de protesta de AMLO en 2018, varios cientos de “intelectuales”, “académicos” y “comentadores” que representan a la clase burguesa mexicana se dieron cuenta de que este cambio representaba una amenaza a su propio monopolio del lenguaje” (p.8)

los “sans-culottes” mexicanos tomaron la palabra y empezaron hablar en lenguaje llano contraponiéndose a las retóricas limpias y apegadas a la Real Academia de la Lengua y de sus colegios invisibles. Ahora irrumpe un habla a veces lépera, chispeante, imprecisa; a veces lúcida, irónica; a veces triste/alegre o violenta/fraterna pero nueva, fresca. Esta “sabiduría” popular invadió las redes virtuales como una expresión real de los hablantes y puso fuera de lugar a los señores ilustrados, aposentados en sus tribunales mediáticos (“mesas de análisis”). La respuesta del establecimiento mediático y de sus bustos parlantes ha sido combinar sus sesudos argumentos con groserías folclóricas volviendo su habla un esperpento. Como sucede con Carlos Marín, Carlos Alazraki, Héctor Aguilar Camín, Beatriz Pagés que encabezan a cientos de intelectuales bien llamados orgánicos.

Los medios tradicionales y sus parlantes ya no conectan con la emergente y nueva opinión pública. Sus públicos no solo se reducen sino que se “dan el avión” con el mismo “boleto ida y vuelta”. Algunos vetustos carcamanes del antiguo régimen mediático han migrado a las plataformas de internet y como dinosaurios sin parque Jurásico sobreviven. Pero hacen daño: ya no solamente hablan en “físico” sino tiran tarascadas lingüísticas de odio y fobia, atribuyendo a AMLO y su 4T este “derrumbe social y cultural” que les escandaliza. Veamos:

Retablo sobre el desastre de la 4T desde el habla única de los “magister dixit”

⦁ AMLO habla una jerga analfabeta. Una académica de gran prosapia conservadora (Soledad Loaeza) y un periodista desprestigiado (Ricardo Alemán) dictan cátedra: Loaeza dice que López Obrador “no habla el lenguaje de la democracia” (¡¿?¡), atenta contra los sectores educados del país. Por su parte, Ricardo Alemán, periodista de prosapia orgánica, considera a AMLO el “más analfabeta de los presidentes de México y también el más imbécil” (¡¡). Coinciden afamados como Jesús Silva Herzog Márquez que confirma la pobreza del discurso de López Obrador, de “quince frases” que ha creado un seudo-idioma, el “pejeñol”; y lo reafirma el exquisito y catecúmeno Javier Sicilia que dice que el habla de AMLO es la de un vendedor de detergentes, un bárbaro. Intuimos por tanto, que es un representante de las hordas de Gengis Khan que asedia el parnaso donde habita el poeta que se dice cristiano. La maestra Loaeza “dictamina” desde su monte Sinaí: el discurso de AMLO es similar (¡¡) “… (a) las dictaduras hoy innombrables (que) hundieron a la literatura, a la historia en las tinieblas del pensamiento único” (¡¡). La académica seguramente ha olvidado lo que ha representado el pensamiento conservador en México, de la mano de santas plumas como las de Lucas Alamán, Vasconcelos o Martín Luis Guzmán que tanto ha estudiado y que tanto despreciaban a las hordas llamadas pueblo: sus luces no iluminaban lo popular, lo colocaban en el cesto de la barbarie. No reconocían el habla de Villa o Zapata. Tenían una habla supremacista que no escuchó el lenguaje vivo, diverso y plural, norteño y sureño. Sólo vio y oyó a hombres crueles ignorantes matándose entre ellos. Bárbaros.

⦁ El lenguaje de AMLO no es “racional”. La academia lo asevera. Lo encabeza el liberal converso Jorge Castañeda, profesor en una Universidad de élite en EUA. Según Castañeda, AMLO no sabe de lo que habla y Amparo Casar conocida panista y funcionaria del ilustre presidente Vicente Fox y ahora escritora y militante del Frente Amplio lo consigna: “tenemos un gobierno ajeno a la racionalidad, a los pactos, a la evidencia, a la técnica”. Suena al añejo discurso de los padres fundadores del panismo hoy olvidado por la “racionalidad” neo-panista encarnada en el ilustre patricio llamado Fox que en “15 minutos” resolvería el levantamiento zapatista y cuya política exterior se expresaba en el elegante discurso de “comes y te vas” o en el complejo apotegma “les vendimos media enchilada” del lúcido canciller foxista, Castañeda. Para esta corte ilustrada, los que seguimos a López Obrador somos unos bárbaros marginados de la razón y que si fuimos a la universidad fue a una degradada escuela populista que abrevaba en un pensamiento primitivo, simplista y maniqueo. Dice Castañeda que AMLO se enreda igual que las sirvientas, los albañiles cuando hablan (¡!): el presidente tiene ideas muertas en el jardín del pasado, se “hace bolas” con sus dichos que no entiende. El insigne filósofo de la UAM, Walter Beller Taboada dictamina que AMLO no es capaz de hacer abstracciones (¡¿?!) porque la matemática no se le da como a la mayoría de los mexicanos (gulp) y el presidente se “siente incómodo” con las cifras. Bueno pues creo que tanto a AMLO como a los que construyen sus casas o viven al día vaya que sí saben sumar, restar, dividir y multiplicar. Tal vez por esas rústica herramientas, abstractas-concretas, tenemos una moneda fuerte, los migrantes mandan dólares en racimos, recaudamos más impuestos y construimos refinarías, corredores industriales, caminos rústicos y trenes que dan empleo a miles de personas. Sin abstracciones del Himalaya que marean: a veces lo concreto somete a lo abstracto. Creo que en las chinampas donde habita el togado señor Weller, debe considerarse su ascenso o ratificación de por vida al SNI nivel III y que desde ese pináculo, preserve la dignidad de la ciencia y sus profecías. Y continúe con sus etéreos (abstractos) análisis de la realidad, en su contemplación magistral. El impresentable patriarcal y ecologista de buró, Gabriel Quadri, concluye que con la 4T “ha muerto la inteligencia” (¡¡). Ya había muerto con él, cuando nos propuso como plan de desarrollo hacer a un lado a los atrasados sureños y dejarnos conducir por los férreos norteños hacia el paraíso del progreso en versión Cerro de la Silla (capitalismo salvaje).

⦁ El populismo de AMLO es maniqueo y religioso. Rubén Aguilar, el mediador e intérprete profesional de Vicente FOX, blande su navaja de Hume y nos señala que la racionalidad circula mejor en las universidades del norte global (¡¡) que en las universidades periféricas y públicas del sur (uuff). Al parecer la irracionalidad de AMLO es producto de la irracionalidad que aprendió en la “roja” Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, donde no circula bien la racionalidad. Ahí AMLO se hizo populista. Precisamente en las universidades del norte global, los intelectuales del primer mundo acuñan el término “populismo” para exorcizar a los que se oponen a los mantras neoliberales. Y se convierte en un término que ejerce una fascinación en los discursos de los comentaristas y académicos del habla única. El populismo es una vara epistémica para “cuerar” a los irracionales, pasionales e ilógicos planteamientos de un “analfabeta” como AMLO y para desacreditar el pensamiento plural, diverso que emana del pueblo. En su mala lectura del populismo el señor de los trascendidos, Raymundo Riva Palacio, descalifica: AMLO es un maniqueo que evangeliza a un pueblo convertido en manada sometida. En realidad, como lo dice el autor de “Ternuritas” el habla única a la que se adscribe Riva Palacio no entiende que producir sentido “con y para los otros” parte de distinciones bipolares, de las dicotomías clásicas del saber social: lo cercano se opone a lo lejano, lo público es opuesto a lo privado, los pobres se oponen a los ricos; los buenos no son malos; la inclusión se opone a la exclusión, etcétera. Pero la soberbia intelectual no revisa sus términos ni los matiza. El populismo existe, de derecha o de izquierda como un movimiento instituyente que anuncia o presagia nuevos ordenes, apunta a nuevos regímenes. Pero las voces del Directorio del habla única no escuchan: “el pueblo no es tonto, tonto es el que cree que el pueblo es tonto”. Finalmente tiene razón AMLO: a pesar de ser “iletrado”, el pueblo es sabio.

⦁ AMLO habla inventa palabras. Los miembros del Directorio del habla única critican las invenciones verbales de López Obrador pero luego hablan de la necesidad de renovar el lenguaje político. Se postulan como los únicos innovadores del habla y crean conceptos nuevos para bautizar viejos comportamientos sociales: “disrupción, resiliencia, auto-poeisis” que son términos de los lenguajes “de frontera” de la ciencia. Pero que en el caso de su némesis populista, López Obrador, no se le permiten; nada de “osadías populacheras” que por cierto no son novedosas pero sí novedosas en el lenguaje tumefacto de los políticos convencionales. Les hierve la sangre purista al oír “ternuritas”, “me canso ganso”; “fifí”; “aspiracionista”; “zopiloteada”; “pasquín inmundo”; “tengan para que aprendan”; “no somos lo mismo”; “te conozco bacalao”, etcétera. Invenciones ocurrentes impensables en un Jefe de Estado. El Directorio del habla única se escandaliza por la “pobreza” de esos términos; pero en cambio, este Directorio se otorga el monopolio para inventar términos y condenar las “novedades” lingüísticas del populismo en situación de calle. Hablan de “superchairos”, “bartlettear”, “discriminocracia”, ”marioaventuras”, “pejenomics”, “pejeseñales”, “monreleazo”, etcétera. Neologismos ajenos al habla común y que no tienen valor de uso, nadie las entiende ni las hace suyas; son mónadas abstractas hechas por mentes preclaras aisladas en sus cubículos buscando unos puntos para sostener los “estímulos” académicos. Incluso son ocurrencias para mostrar su ingenio en los periódicos o en los talk shows. Se trata de demostrar que son los productores legítimos y únicos del habla, que tienen la denominación de origen cuando es habla confiscada por una minoría ilustrada. La asertividad del habla de AMLO radica en que convoca a recordar sin “maquilar las palabras” en los escritorios de los redactores del telepromter. En las mañaneras, vox populi, se recurre a conceptos olvidados y se reviven “significados olvidados”: “mi corazón no es bodega” o “los mande al carajo”; y se propone una clasificación de los ladrones del pueblo: “corruptillo, corrupto y corruptazo” y preguntarles: “¿quién pompó?” una fiesta de las palabras diría Juan José Arreola. Que escandaliza a los ayatolas de la academia.

(Continuará)

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