Miguel Tirado Rasso
México no es piñata de nadie, absolutamente
de acuerdo. Pero, no estaría por demás, cuidar
que no la vayan a romper. Por aquello del dale, dale, dale.
La relación entre México y los EUA ha sido siempre compleja. No es fácil tener de vecino al país más poderoso del planeta. Históricamente, nunca lo ha sido, y, en la actualidad, el grado de dificultad se ha elevado, con un mandatario impredecible y autoritario. Obsesionado en hacer realidad su lema de campaña: “vamos a hacer a América (EUA) grande otra vez”. Para lograrlo, no ha parado en mientes, y, en pocos meses, ha alterado el orden, la economía y la paz mundial.
Este es el personaje con el que hay que convivir y negociar. Para México es importante mantener una buena relación con el vecino del norte.
Seguridad y narcotráfico, han sido, quizás, los temas más sensibles en la relación entre ambos países. Otra vez, esa sensibilidad se ha agudizado, durante la administración del Presidente Donald Trump. El 20 de enero de 2025, el mismo día de su toma de posesión, Trump firmó una orden ejecutiva que calificaba como organizaciones terroristas extranjeras a varios cárteles latinoamericanos. Esta orden incluía organizaciones criminales mexicanas, los cárteles de Sinaloa y de Jalisco Nueva Generación, entre otros.
En el combate a las drogas, ha habido colaboración entre los dos países. Sin embargo, para la Casa Blanca, el esfuerzo de México no ha sido suficiente.
No son pocas las veces que el mandatario norteamericano ha declarado que los cárteles de la droga gobiernan y controlan nuestro país. Que el gobierno está petrificado por ellos. Que la Presidenta Claudia Sheinbaum tiene miedo a los cárteles del narcotráfico, y no acepta el envío de tropas norteamericanas que le ha ofrecido, reiteradamente, como ayuda para combatirlos.
Para despresurizar el ambiente, solo en este año México envió a los EUA, 92 narcotraficantes, sin mediar solicitud de Washington ni aportación de pruebas. EUA agradeció el envío, pero quedó insatisfecho. No atendía su interés en personajes que, desde el poder político o del gobierno, estuvieran asociados y/o protegieran las actividades de los cárteles de la droga. Los narcopolíticos, pues.
El reclamo subió de tono, cuando EUA solicitó, en base al acuerdo de extradición firmado por ambos países, la detención provisional con fines de extradición de 10 funcionarios y políticos del gobierno de Sinaloa, entre ellos el gobernador en funciones, el presidente municipal de Culiacán y un senador de la República. Entonces ardió Troya.
La Presidenta Sheinbaum, evadió la solicitud del gobierno norteamericano, bajo el alegato de no haber recibido pruebas que justificaran el procedimiento de extradición y le dio vuelta a la hoja. De manera sorprendente, aunque no tanto, por tratarse de personajes de Morena, la Mandataria buscó, con el argumento de defensa de la soberanía, desatender la solicitud norteamericana. Y, para fortalecer esa posición, decidió aprovechar el informe de su segundo año de gobierno, un acto multitudinario replicado a nivel nacional, para politizar la petición estadounidense y convertirla en un acto injerencista.
La protección presidencial de los presuntos acusados, puede resultar muy costosa para el país. Pero pareciera que la Mandataria, tomó la decisión de enfrentar a los EUA, sin medir consecuencias. Alega defender la soberanía del país. Una postura legítima, salvo por el detalle que está usando el blindaje de la soberanía para proteger, no los intereses del país, sino los de presuntos culpables de narco tráfico. Y es que, a partir de la solicitud de detención para extraditar, la Presidenta acusa al Departamento de Justicia de EUA de intentar convertirse en gran elector en México, “…vienen por unos, luego por otros hasta que, el Departamento de Justicia se convierta en el principal elector de México…”, señaló en su informe.
La Mandataria convirtió su asamblea informativa, en un acto político de apoyo público, inconcebible, inadecuado e improcedente, a quienes EUA busca para juzgarlos como presuntos narcotraficantes. Esta solicitud de detención con fines de extradición, sirvió de pretexto a la Mandataria para curarse en salud y enviar el mensaje de que su gobierno no aceptará otros reclamos de la justicia norteamericana en contra de personajes de la 4T.
Si en el curso de la Cuarta Transformación fue la temporada de abrazos no balazos, en el segundo piso, se eleva la apuesta y toca, ahora, la temporada del rechazo absoluto a cualquier acusación, proveniente del extranjero, en contra de morenistas. La justificación, por considerarlas injerencistas, porque “cuando del extranjero se dicta quién es culpable o se presiona, es injerencia” afirmó. Además de calificarlas como campañas contra el gobierno, ataques de sectores de la derecha conservadora que quieren destruir al movimiento transformador.
Como control de daños, que difícilmente funcionará, la Presidenta afirmó que los ataques viene de algunos sectores de la derecha del gobierno norteamericano, pero no de Donald Trump, quien probablemente no está enterado, dice la Mandataria, eximiéndolo de toda responsabilidad de las “ofensivas campañas multimillonarias en redes.” A ver que opina Mr. Trump.
México no es piñata de nadie, absolutamente de acuerdo. Pero, no estaría por demás, cuidar que no la vayan a romper. Por aquello del dale, dale, dale.




