fbpx

ofunamCIUDAD DE MÉXICO, 7  de enero (Al Momento Noticias).-La Orquesta Filarmónica de la UNAM comienza con gran entusiasmo su Temporada de Conciertos de 2016 y con un programa de gran belleza musical y espectacularidad orquestal: una tradicional Gala de Año Nuevo que, como manda la tradición, estará basada en los valses, polcas y oberturas de Johann Strauss II, que en esta ocasión se complementa con valses mexicanos y con una verdadera sorpresa: la siempre esperada Obertura 1812 de Tchaikovsky.

Además, el concierto tendrá el atractivo del regreso del director mexicano Enrique Arturo Diemecke (quien también dirigirá el Primer Programa de la Temporada formal, 16 y 17 de enero).

En estos conciertos escucharemos varias obras características de la Dinastía Strauss, que en la segunda mitad del siglo XIX estableció los parámetros definitivos del vals vienés. Este género de baile probablemente había evolucionado de una danza folclórica de Austria y de parte de Alemania y Suiza, conocida como ländler, que se difundió ampliamente por la región desde fines del siglo XVIII. Tiempo después, se convertiría en un ritmo de baile favorito de las fiestas y salones del siglo XIX, llegando incluso a ser utilizada en la obra de los compositores clásicos (el propio Mahler, entre ellos). Por sus afinidades rítmicas se ha establecido que el ländler pudo ser un precursor del vals, tesis que ha sido motivo de polémica entre musicólogos.

En cualquier caso, las danzas originales fueron transformándose durante siglos, incluso desde la antigüedad medieval germana y pasando por diferentes tipos de bailes y ritmos; para el siglo XVIII en el ámbito germano algunos bailes ya eran denominados “Walzen” y durante el siglo XIX ya se había arraigado en Viena más que en otras ciudades y, sin proponérselo, adquirió cartas de naturalización y siendo denominado “vals vienés”, con aceptación de la corte y gran popularidad entre el pueblo. En la primera mitad del siglo, Joséf Lanner reconocido compositor de música bailable “popular”, ya hacía valses con títulos descriptivos y una estructura similar a la que adoptarían las obras de la familia Strauss, así como con el carácter de temas que habitualmente asociamos con el género. La diferencia con el futuro vals fue que, sus creaciones estaban concebidas, en su mayor parte, para ensambles de cámara.

Fue hasta el desarrollo que estableció Johann Strauss, el patriarca de la familia, que el vals adquirió una forma definitiva: después de una elaborada introducción, uno tema secundario –o varios- pero importantes, como complemento del vals principal, así como un amplio desarrollo para dicho tema adicional – además de la esperada reaparición del tema de vals y, por supuesto, una brillante conclusión. Ya eran obras concebidas para una orquesta de proporciones casi o totalmente sinfónicas. Vale mencionar que cuando se habla de “la obra” de los Strauss no sólo se consideran sus valses, sino otras piezas que gozaban de gran popularidad, como polcas, también bailables y marchas dignas de la sala de concierto.

Sus tres hijos, Johann, Josef y Eduard continuaron la tradición, aunque, sin duda, el primero de ellos, no sólo fue un continuador sino que llevó la composición de valses a su máxima expresión, en cantidad de obras, en inspiración melódica y en suntuosa orquestación. Su trascendencia en el género fue tal que opacó la figura de sus hermanos y la del propio padre; la popularidad que muy pronto alcanzó Johann hijo propició la rivalidad entre padre e hijo, la cual era alimentada por la prensa y por el público admirador de cada uno de ellos; no hay que olvidar que el vals causaba gran furor entre el público. Incluso, a veces llega a olvidarse que Johann padre fue el autor de una de las piezas más populares del género, la Marcha Radetzky, que no falta en cada concierto de Año Nuevo en Viena.

La obra y la figura de Johann Strauss II alcanzaron en su tiempo tal nivel de popularidad, tanto entre la población austriaca como entre la nobleza y la corte, que sólo puede compararse con la atracción que los cantantes “pop” contemporáneos ejercen sobre públicos masivos.

La OFUNAM, en esta alegre secuencia de obras de Johann Strauss II incluirá los famosos valses Emperador, Sangre vienesa y el refinado Sobre el bello Danubio azul, que no deja de ser por ello, el más emblemático de todos; también las polcas TrishTrash y Bajo truenos y relámpagos y una obertura perfecta, la de El murciélago, la más destacada de las operetas del compositor. Y sin salirse del contexto, la OFUNAM dirigida por Enrique Diemecke también tocará la obertura de otra popular opereta vienesa, Poeta y campesino, de uno de los grandes compositores del género, Franz Von Suppé, de origen croata, aunque plenamente vienés en su trayectoria musical.

(¿Sabías que nuestros característicos mariachis interpretan usualmente esta obertura en una adaptación más corta? Seguramente que sí lo sabías. Pero ¿sabías que cuando la interpretan en un restaurante o una fiesta cobran más caro por tocar Poeta y campesino?)

También podremos disfrutar, en esta Gala de Año Nuevo de la OFUNAM, dos de las piezas más notables entre los valses mexicanos: Alejandra de Enrique Mora y Sobre las olas de Juventino Rosas. Rosas creó varias docenas de piezas de salón que hoy están casi olvidadas, excepto por algunas grabaciones, como las de la pianista Nadia Stankovich y, como suele suceder con otros autores, este vals fue su única pieza que adquirió un gran reconocimiento, además de convertirse en la pieza mexicana más representativa del género. Su popularidad internacional hizo que la obra circulara por toda Europa, pero siendo considerada de la autoría de la Dinastía Strauss.

Y aunque aparentemente rompe con el estilo y contexto del mundo Strauss, este programa destaca por la inclusión de una obra que no necesita presentación, pues es una de más populares de su autor y de todo el repertorio sinfónico.

La Obertura 1812 que Piotr Ilich Tchaikovsky compuso al cumplirse 70 años de la derrota que el gran ejercito de Napoleón Bonaparte sufriera ante la férrea resistencia que le opusieron el ejército imperial y el pueblo ruso en el año que titula la obertura. Además de sus bellos temas, que incluyen citas del himno ruso y de La Marsellesa, la obra debe su gran popularidad a la intensa marcha final, que idealmente pide el uso de un gran refuerzo instrumental de metales, solemnes campanadas y la imitación de disparos de cañones.

Como ya se informó, esta Gala de Año Nuevo de la OFUNAM será dirigida por uno de los músicos mexicanos con más arraigo entre el público, Enrique Diemecke, por lo que podemos asegurar que será un concierto pleno de esa emotividad tan propia de este director y de sus conceptos musicales muy personales, aun tratándose de un repertorio tan popular. Los conciertos serán como de costumbre en la Sala Nezahualcóyotl, el sábado 9 de enero a las 20:00 horas y el domingo 10 a las 12:00.

AMN.MX/fm

Comentarios

comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *