El papa se pronunció así en su segundo día de visita a Argelia, durante una parada en un pequeño centro para ancianos en Annaba, una localidad del noroeste del país de donde fue obispo San Agustín, que inspiró la orden a la que pertenece.
Sin embargo, lo que nadie imaginó es que el verdadero secreto no estaba en las figuras visibles, sino enterrado físicamente bajo las capas de pigmento, esperando una tecnología que aún no existía para ser escuchado.