El evento también generó preocupación en redes sociales ante la posibilidad de que su actividad tenga alguna relación con la falla de San Andrés y la sismicidad de México.
“Ver a mi abuela y a todas estas personas afectadas me hizo sentir que tenía que hacer algo, aunque fuera desde Estados Unidos”, dijo la joven de 18 años, que ha pasado las últimas semanas preparando comida para voluntarios en la sede de la organización sin fines de lucro Global Empowerment Mission en Doral, Florida .