Hace tres décadas y cuatro años, Lawrence Durrell exhaló el último suspiro. Ese 7 de noviembre de 1990 comenzó la canonización de quien en vida ocupó un nicho privilegiado en la literatura universal.
¿Cuántos libros, cuántas piezas sinfónicas, cuántos poemas, cuántas pinturas... en fin, cuántas obras de arte nos han arrebatado la cordura, la mesura, la sensatez, la pertinencia y lo políticamente correcto?
110 años de historia no se cuentan, se llevan en la muñeca. Esta colaboración exclusiva está forjada para aquellos aficionados que no debaten la grandeza de su equipo, sino que la asumen y la portan con orgullo: Grandes de Corazón.