Que medio siglo después la ciencia forense confirme lo que supimos desde que Pablo Neruda murió, no da satisfacción ni disminuye el dolor por la manera en que fue asesinado.
El daño a México está hecho, sólo necesitamos cuantificar los costos y tratar de disminuir su magnitud. Los sucesos ocurrieron en ámbitos distintos, pero ambos lesionaron el proyecto de nación.