Desde inscripciones escolares, servicios de salud, apertura de cuentas bancarias y hasta procesos judiciales, este código de 18 caracteres se ha vuelto parte de la vida cotidiana de millones de personas.
Advierten que la creación de una base nacional con datos biométricos podría ser usada con fines distintos a los originalmente planteados, afectando la privacidad y abriendo la puerta a abusos si no hay mecanismos sólidos de control y transparencia.