A principios del siglo XVIII un fuerte sismo causó graves daños y el lugar fue demolido y reconstruido con un proyecto del arquitecto José Miguel de Rivera Saravia, quien también construyó el Colegio de las Vizcaínas.
Su más encarnizado perseguidor fue el regente Ernesto P. Uruchurtu, llamado el «regente de hierro», quien lo envió seis veces a prisión y 10 veces le clausuró el teatro