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CIUDAD DE MÉXICO, 13 de febrero (AlmomentoMX).-La Arquidiócesis de México señaló que detener el aumento a la gasolina sería una bomba de tiempo, que en tiempos electorales podría estallar en las manos.

En su editorial Desde la Fe, señaló que la Secretaría de Hacienda pospondrá hasta el 17 de febrero el nuevo aumento a los combustibles, e hizo un reclamó a las medidas de austeridad del Gobierno Federal que se ven opacadas con los recursos que invierte en festejos y premios.

Destacó que en 2016 de acuerdo a cifras oficiales se destinaron 30 mil millones de pesos en festejos y premiaciones a servidores públicos, asimismo destacó que en el último trimestre del año pasado de contabilizó una deuda de 9 billones de pesos, equivalente al 47.9 por ciento del PIB.

Señaló que es una bomba de tiempo que se encuentra activa ante la idea de hipotecar el futuro de los ciudadanos, pero al mismo tiempo señaló que “tampoco sería justo distraer la atención pública dilatando gasolinazos ante las elecciones próximas” en especial en el Estado de México, “poniendo en riesgo la victoria del partido dominante”.

A principios de febrero, un escueto comunicado de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público informó sobre la determinación de las autoridades para mantener sin cambios, del 4 al 17 de este mes, el precio máximo de las gasolinas, con respecto a los niveles observados en enero para cada uno de los tres combustibles; es decir, postergar otro gasolinazo y sus consecuencias.

No sobra recordar que la liberación del precio de los combustibles provocó una inestabilidad que rebasó los límites del orden. La sociedad civil se organizó pacíficamente para protestar contra las impopulares medidas, pero también hubo disturbios y sicosis, afectando principalmente a la propiedad privada; sin embargo, a pesar de las explicaciones y de las retóricas desafiantes como aquella del “ustedes, ¿qué hubieran hecho?”, los mexicanos supimos de los altos costos tributarios en los precios de los energéticos y de la ignorancia de las autoridades por no conocer exactamente el pulso de una sociedad que no está preparada para tales medidas.

Un eventual gasolinazo no sería aceptado. Lejos de haberse diluido, algunos sectores de la sociedad mantienen una resistencia activa para revertir la medida. En enero pasado, los obispos de México, ante los riesgos a la paz, exponían el cansancio de la gente “por la imposibilidad de acceder al desarrollo humano, integral y solidario; de aspirar a que México sea un país cuya meta esté en función de que cada persona tenga acceso a un techo, a una tierra y a un trabajo”.

Y el cansancio también está referido a lo que debemos soportar los mexicanos sobre un gobierno y su burocracia que dice estar tomando medidas de austeridad para estabilizar la situación, pero que se ha quedado demasiado corto. Basta con conocer la fortuna que nuestras autoridades invierten en festividades y premios, para darnos cuenta que hay muchos rubros por recortar antes de castigar aún más al empobrecido pueblo mexicano. Y es que, de acuerdo con información de la Secretaría de Haciendo y Crédito Público, el gobierno federal derrochó en el 2016, con cargo al erario, casi 30 mil millones de pesos en festejos y premios a servidores públicos.

Preocupa también que el último trimestre del año pasado contabilizó una estratosférica deuda del sector público, de más de nueve billones de pesos, es decir, el 47.9 por ciento del Producto Interno Bruto, que generó el pago de intereses que, según los resultados del 2016, representa el presupuesto asignado a 17 dependencias de la administración pública federal, y mayor al presupuesto asignado a la secretarías de Salud y de Educación Pública para el presente ejercicio fiscal 2017. Es una bomba de tiempo que se encuentra activa al hipotecar el futuro de cada mexicano.

Las autoridades afirman que las medidas de austeridad, la evolución del tipo de cambio y del precio internacional de las gasolinas han creado las condiciones para mantener sin cambios los precios máximos, pero en pocos días, México no tiene refinerías como por arte de magia ni ha dejado de importar gasolinas del exterior. Tampoco sería justo distraer la atención pública dilatando gasolinazos ante las elecciones próximas, particularmente en el Estado de México, poniendo en riesgo la victoria del partido dominante.

Ante esta inestabilidad económica y social, se debe apelar a la sensibilidad a fin de crear mejores condiciones de vida para nuestro pueblo. Necesitamos ser menos dependientes del exterior, pero sobre todo, reducir las drásticas brechas entre riqueza y pobreza, y hacer, verdaderamente, un gobierno austero sin privilegios para unos pocos, recortar los salarios millonarios y evitar lo superfluo. Como afirmarían los obispos de México, “el desarrollo social no es dar ayudas intermitentes…” Y suspender gasolinazos por motivos electorales, sería otra bomba a estallar en las manos.

AM.MX/fm

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