CIUDAD DE MÉXICO.- La frescura, la velocidad de entrega y la integridad del empaque son factores críticos para el desempeño en anaquel. Las cadenas de suministro de productos agrícolas de alta rotación enfrentan el reto constante de reducir mermas y daños asociados a manejo, transporte y devoluciones.
De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), cada año se desperdician más de mil millones de toneladas de alimentos, lo que representa cerca del 19% de los alimentos disponibles para consumo. A esto se suma que, aproximadamente, 13% de los alimentos se pierde en el transcurso de la cosecha y su llegada al mercado. En términos de dónde ocurre el desperdicio.
En términos de dónde ocurre el desperdicio, los hogares concentran la mayor proporción (60%) y son también el espacio donde cada día terminan en la basura más de mil millones de porciones de comida; les siguen restaurantes y servicios de alimentos (28%), así como el comercio minorista (23%)1.
Además de su impacto económico y social, la pérdida y el desperdicio de alimentos son responsables de entre 8% y 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, una magnitud casi cinco veces superior a la asociada a la industria de la aviación. En particular, el desperdicio de alimentos por sí solo contribuye hasta con el 14% de las emisiones globales de metano, un gas cuyo impacto climático es 84 veces mayor que el del CO₂ en un periodo de 20 años2.
En México, un ejercicio piloto de medición del indicador ODS 12.3.1.a (Índice de Pérdida de Alimentos) realizado por INEGI en colaboración con FAO estimó una tasa aproximada de pérdida de alimentos de 9.31% con base en datos de la Encuesta Nacional Agropecuaria 2019 para una canasta de 11 alimentos esenciales. Este tipo de medición ayuda a identificar brechas y puntos críticos por etapa (cosecha, manejo, transporte y mayoreo), y refuerza la importancia de soluciones circulares que mejoren la consistencia del manejo y la disponibilidad de plataformas en redes de alta rotación3.
Es por ello por lo que existen aliados como CHEP, que impulsa soluciones circulares basadas en el modelo de pooling, es decir, plataformas logísticas estandarizadas que se comparten, recuperan, inspeccionan, reparan y reutilizan de forma continua para mejorar la eficiencia operativa y la resiliencia de la red.
A través de su red de recuperación y control de calidad, CHEP ofrece a productores, empacadores, distribuidores y retailers una alternativa eficiente al uso de tarimas de un solo uso o a la gestión fragmentada de activos.
La estandarización y el mantenimiento continuo de plataformas ayudan a disminuir incidencias por astillado, humedad, clavos expuestos o variabilidad de dimensiones, factores que pueden traducirse en daños a la carga, re-trabajos en centros de distribución y pérdidas de producto.
Además, al operar bajo un enfoque circular, el modelo permite coordinar flujos de retorno, optimizar ciclos de uso y fortalecer la visibilidad operativa para acelerar la rotación de activos. Esto contribuye a estabilizar el abastecimiento de plataformas en temporadas pico, reducir tiempos de espera en carga/descarga y favorecer una distribución más consistente para productos perecederos que requieren continuidad y rapidez.
“Reducir mermas en productos agrícolas de alta rotación exige soluciones que combinen velocidad, estandarización y colaboración entre actores. Con nuestro modelo circular de pooling, ayudamos a que las plataformas logísticas se mantengan en condiciones consistentes y regresen más rápido al ciclo, para que nuestros clientes puedan enfocarse en proteger la frescura del producto y mejorar su eficiencia operativa”, señaló Samantha Rodríguez, Sustainability Senior Manager LatAm de CHEP.
AM.MX/fm



