Sajalín, la isla rusa del Sol Naciente

Fecha:

Luis Alberto García / Yuzhno-Sajalinsk, Rusia

* Es baluarte natural en la cuenca del Océano Pacífico.

* Mil kilómetros de Sur a Norte y medio millón de habitantes.

* Frontera marítima con Jabárosk, Kamchatka y Hokkaido.

* Las etnias nivjis y ainus fueron sus primeros pobladores.

* Tuvo campos de concentración para los disidentes políticos.

* Forma parte del país euroasiático junto con las islas Kuriles.

El escritor Sergei Krasnoukhov la describió como la isla en la que nace el Sol: “Sajalín es un sitio maravilloso sin parecido a nada en el mundo, un territorio ubicado en el Lejano Oriente de la Federación de Rusia que sirve como puerta oriental al país que, gracias a su localización, es nuestro hermoso baluarte natural en la cuenca del Pacífico”.

Administrativa y geográficamente, la isla de casi mil kilómetros de largo forma parte de la región homónima que, además, incluye al archipiélago de las Kuriles, en disputa con Japón desde hace más de un siglo, con una superficie de 76 mil 600 kilómetros cuadrados y una población de casi medio millón de habitantes.

La región de Sajalín es bañada por las aguas del mar de Ojotsk, el mar de Japón y el de Bering –en la zona Norte del Océano Pacífico-, de ahí que tenga fronteras marítimas con las regiones rusas de Jabárovsk y Kamchatka, así como con la isla nipona de Hokkaido.

Sajalín tiene una historia única, tierra que habitaron pueblos diferentes habitada por dos grupos étnicos: los nivjis en el Norte y los ainus en el Sur, a quienes el novelista e historiador estadounidense James A. Michener se refiere en “Alaska”, libro en el que cuenta sus remotísimos orígenes.

Los rusos visitaron la isla por primera vez en 1742; sin embargo, hasta el siglo XIX la dinastía Qing la consideraba parte de su territorio; pero en ningún momento trató de establecer su presencia permanente.

Para mediados de siglo XIX Rusia empezó a establecer su control: se crearon establecimientos administrativos, escuelas, iglesias, hospitales, minas, y especialmente campos de concentración para presos políticos y cárceles para delincuentes.

Para aquel entonces, Japón también había tenido pretensiones sobre estos territorios, por lo que los imperios ruso y japonés firmaron en 1855 un acuerdo de fronteras, documento que proclamó que la isla sería un dominio conjunto ruso-nipón, situación que duró veinte años hasta que San Petersburgo y Tokio acordaran en 1875 que Sajalín pasaría a formar parte de Rusia.

Entretanto las Kuriles —divididas para aquel entonces entre los dos países— serían controladas en su totalidad por el imperio de Japón, y así fue hasta que estalló en 1905 la guerra ruso-japonesa que Rusia perdió y se vio obligada a ceder la parte Sur de la isla.

Esto, como era de esperarse, resultó en nuevos cambios territoriales: el Estado ruso se quedó sin la mitad de Sajalín, que pasó a llamarse gobernación de Karafuto, no obstante que en la etapa final del imperio zarista, éste retuvo las tres quintas partes, a la altura del paralelo 50 Norte.

Tokio fue más allá y hasta llegó a ocupar en su totalidad la parte Norte de Sajalín en 1920, al aprovechar la convulsión provocada por la guerra civil rusa, aunque después de cinco años se replegó y la devolvió a la Unión Soviética.

Japón se alió con Alemania e Italia durante la Segunda Guerra Mundial, de ahí que la Unión Soviética se comprometiera ante los aliados a enfrentar a Tokio una vez los nazis estuvieran derrotados en Europa.

A cambio, la Unión Soviética obtuvo Sajalín entera y todo el archipiélago de las Kuriles tras salir victoriosa en una ofensiva contra las tropas de Japón en esos territorios, poco antes de los bombardeos atómicos estadounidenses sobre Hiroshima y Nagasaki.

Detrás de sí los japoneses dejaron infraestructuras importantes en el Sur de la isla, incluidas en una lista de objetivos más que sorprendentes, entre los que se encontraba el Puente del Diablo, construcción compleja desde el punto de vista de la ingeniería.

Se trata de un tren que entra en un túnel, hace una curva, llega a la cumbre de una colina y luego de salir del túnel, pasa por un puente que está encima del mismo ferrocarril, recuperado por los rusos, que los reconstruyeron y continúa funcionando.

Hoy, Sajalín y las Kuriles son parte de la Federación de Rusia, si bien Japón reclama la soberanía sobre un grupo de islas en el sur del archipiélago de las Kuriles, en un diferendo estratégico y geopolítico que parece no tener fin.

 

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