Ciudad de México.- La Ciudad de México enfrenta un desafío crítico de salud pública y ecología derivado de la acumulación masiva de desechos biológicos en sus calles. Ante este escenario, el legislador Royfid Torres González ha presentado una iniciativa para modificar la Ley de Residuos Sólidos local, buscando mitigar el impacto de las más de ocho toneladas de excremento canino que se producen diariamente. La propuesta legislativa enfatiza que la falta de un control adecuado no solo afecta la estética de la capital, sino que compromete la calidad del aire y el bienestar de millones de habitantes que conviven con estos contaminantes invisibles.
El Congreso capitalino analiza reforma integral para el manejo de residuos orgánicos de origen animal
La Mesa Directiva del Congreso de la Ciudad de México turnó formalmente esta iniciativa a la Comisión de Preservación del Medio Ambiente, Cambio Climático y Protección Ecológica. El legislador de Movimiento Ciudadano advirtió que la SEDEMA estima que el 30 por ciento del medio millón de perros capitalinos defeca en áreas comunes sin supervisión alguna. Esta situación es alarmante, ya que “al exponerse a la intemperie, las heces se deshidratan, se pulverizan y sus partículas se dispersan en el aire junto con otros contaminantes atmosféricos. Se estima que entre cinco y 50 toneladas de partículas fecales flotan diariamente en el aire de la ciudad, afectando la calidad del aire que respira la población”.
La problemática se agrava con los animales que habitan en azoteas o situación de calle, donde la recolección es prácticamente nula. Según el diputado, “un perro de talla media -aproximadamente 15 kilogramos- produce alrededor de 600 gramos de excremento y 500 mililitros de orina diarios, equivalentes a 18 kilos de materia fecal por mes. Proyectado sobre millones de animales, el volumen de residuos sin recolectar representa un pasivo ambiental y sanitario de enorme magnitud, ante el cual el país carece de un marco normativo federal específico y vinculante que obligue a su gestión adecuada”. La degradación de estos desechos al aire libre facilita la entrada de bacterias y parásitos al cuerpo humano.
Propuesta busca implementar nuevas tecnologías de biodigestión y campañas de corresponsabilidad ciudadana en las diversas alcaldías
Además de los riesgos sanitarios, la descomposición de estos residuos genera gas metano, un acelerador del calentamiento global. Torres González subraya que “la contaminación de suelos y cuerpos de agua por patógenos fecales afecta ecosistemas urbanos y periurbanos. Asimismo, la transmisión de enfermedades a la fauna silvestre pone en riesgo el equilibrio ecológico de la ciudad, con consecuencias para la biodiversidad urbana que el marco legislativo ambiental debe proteger”. Por ello, el proyecto legislativo no solo busca sancionar, sino crear un sistema de recolección diferenciada y aprovechamiento energético que transforme este pasivo en un recurso útil.
La reforma plantea la creación de un Programa Especial para el Manejo Integral de Residuos Orgánicos de Origen Animal, centrado en la separación en fuente y el uso de biodigestores. El plan busca recuperar el disfrute de parques y banquetas, reduciendo los conflictos vecinales provocados por la suciedad. A través de la coordinación con las alcaldías y estrategias de educación ambiental, se pretende establecer una ruta clara para el tratamiento de estas heces, garantizando que el derecho a un medio ambiente sano y a la salud deje de verse amenazado por la actual falta de infraestructura y normatividad específica.
AM.MX/CV
