Por Pedro Camacho
Muchos de los errores más frecuentes en el empleo del idioma español obedecen a la falta de interés de la gente por atender a la lógica antes de escribir una palabra. Por ejemplo, en varios restaurantes, incluidos algunos con cierto renombre, se lee en el menú “quezadillas”, con zeta, en vez de quesadillas, con ese, que es lo correcto. Ello obedece a que quien escribe erróneamente la palabra no se ha detenido a pensar en que el término es un derivado de queso. Nadie escribe “quezo”, así que, si se pensara con lógica, se evitaría el error.



