Por Pedro Camacho
Uno de los muchísimos factores que llaman la atención a quienes hablan el mismo idioma que nosotros, pero no son mexicanos, es la proclividad que tenemos para hacer pequeño casi todo vocablo. Eso, que para nosotros es común y hasta llega a ser indispensable, causa risa en otras latitudes, especialmente en España. Hay que ser mexicano para entender lo que se quiere dar a entender cuando alguien dice ahorita, un momentito, al ratito, tantito, enseguidita, etcétera. A juicio de algunos estudiosos de los diferentes modos de hablar castellano, esa mexicanísima costumbre hace más dulce el idioma.
