martes, febrero 27, 2024

PERFILES POLÍTICOS: El presidente y su soledad

Francisco J. Siller

Las advertencias son variadas y muchas por la actitud del presidente en sus llamados a la población. Las contradicciones persisten entre lo que piensa el ejecutivo y los médicos especialistas y los números de infectados y fallecidos crecen día a día.

Andrés Manuel López Obrador vuelve a insistir en que la población debe salir, sin miedo, porque según él “ya aprendimos bastante y demostramos ser responsables”. Insiste en que “la curva” se aplanó y que es recomendación de los médicos, que la gente salga de casa.

Pero no dice que él es el primero al que le urge que la economía se vaya reactivando, porque la recaudación se está cayendo, porque el dinero ya es escaso para cumplir con los programas sociales y mantener sus caprichosas  obras faraónicas.

México está en estos momentos en el punto alto y creciente de la pandemia, por lo que no puede decirse y menos viviendo del presidente que debe ser ejemplo para la población, pero su óptica esta fija en las próximas elecciones y en su prisa porque se llegue a su denominada nueva normalidad.

Hoy piensa que él ya cumplió, que lo que viene es responsabilidad de las personas, de las familias y porque no, de los presidentes municipales y gobernadores, a los que como a los empresarios, les ha negado el apoyo económico para enfrentar la crisis.

Lo cierto es que al presidente y a su gobierno, la población, los empresarios y un gran número de gobernadores lo han rebasado. Cuando él se niega a aplicar políticas contracíclicas y escuchar a los organismos empresariales, la soluciones se han encontrado fuera del ámbito federal.

Desde Palacio Nacional se ha politizado el combate a la pandemia, ya no es cuestión solo de la opinión de los especialistas de la Secretaría de Salud, de las universidades o incluso de las recomendaciones a los gobiernos del mundo por parte de la OMS.

AMLO dijo durante su mañanera en Xalapa, Veracruz que debe haber un equilibrio en lo sanitario, médico, salud y al mismo tiempo, en la economía, bienestar y en el regresar a la convivencia, a la libertad, pero no entiende o no lo quiere hacer que  si nos descuidamos las consecuencias serán catastróficas.

Y no me refiero solo a los enfermos del Covid y a los que por desgracia mueran, sino a los efectos que sobre las familias mexicanas tendrá la crisis económica que nos golpeará y de la que no nos recuperaremos en los próximos años, sobre todo si se sigue enfrentando con palabrería y no con acciones asertivas.

Tenemos un presidente que no puede quedarse quieto, que le cuesta trabajo gobernar desde Palacio Nacional. Tiene que ir a actos públicos, a dar banderazo a obras que no son necesarias en estos momentos, a hacer presencia en las entidades del país. Aún cuando este sumido en su soledad.

Seguramente le hace falta la vitalidad de las multitudes para sentirse vivo, necesita de la gente para retroalimentarse, para recuperar ese valioso terreno perdido en el pensamiento de la opinión pública por sus inacciones, insensibilidades y errores acumulados desde el primer día de su gobierno.

La pandemia del Covid-19 vino a acentuar su soledad. Un informe triunfalista —y otro por venir— en el que no tuvo más espectadores que los camarógrafos y gentes de su círculo íntimo. Quiere gobernar con palabras, muchas veces sin sentido creyendo que puede convencer con base a la insistencia.

No entiende la realidad de México. Su visión de blanco y negro solo acentuará su soledad y aumentará la polarización de los mexicanos a los que no habla con la verdad, a la que le oculta información y a la que pretende convencer porque él tiene otros datos, aunque nunca los exponga y explique.

El presidente se está quedando solo, las voces se levantan desde la redes sociales, las criticas son el pan de cada día, los pejechairos que salían en su defensa, han disminuido considerablemente y se unen a la de sus adversarios que según él se esconden en la trinchera del periodismo conservador y corrupto.

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