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Por Francisco J. Siller

El presidente Andrés Manuel López Obrador descartó que la economía mexicana se encuentre en “recesión técnica”. Defiende su postura aduciendo que hay una diferencia entre crecimiento y distribución de riqueza y acusa que las calificadoras e incluso el FMI, la prensa financiera, nacional e internacional que “fueron alcahuetes de la política de saqueo de los últimos años”.

Grave que el mandatario no escuche y no tenga una visión de futuro sobre lo que puede afectar la buena marcha del país. No basta con asegurar que él tiene sus números y la voluntad de crecer este año al 2 por ciento, sobre todo cuando instituciones tan serias como JP Morgan, Merry Linch, Bank of América y el Fondo Monetario Internacional, han recortado la perspectiva de crecimiento para este 2019, podrá ser cercana al .02 por ciento.

Pero aún no ha llegado la sangre al río. López Obrador está a tiempo de corregir el rumbo, y en ello Arturo Herrera, el nuevo secretario de Hacienda juega un importante papel. Deben liberarse los recursos e incrementar la inversión pública. El gasto del gobierno se ha contraído en el primer semestre de este año y entender que los programas sociales emprendidos por el presidente, no están impactando —como el lo afirma— en la creación de empleos. Ni en el desarrollo económico de México.

Además deben corregirse numerosos errores cometidos desde el 1 de diciembre, día en que López Obrador ascendió al poder presidencial y que lo han llevado a cancelar el Aeropuerto internacional —porque era muy caro— de la Ciudad de México y el desmantelamiento de numerosas instituciones del gobierno federal, acusando despilfarro y corrupción, sin tener en cuenta lo bueno y funcional.

Pareciera que la acción de gobierno se basa en caprichos y no en proyectos bien pensados y preparados. Ahí esta la construcción del Aeropuerto en Santa Lucía —sin reparar en el daño ecológico—, la refinería de Dos Bocas, el estancamiento en contratos firmados por el gobierno federal para los gasoductos de la CFE y la interrupción de las rondas petroleras en PEMEX, entre muchos otros aspectos.

Y es que las señales que esta enviando el gobierno de López Obrador, tanto al interior como al exterior están causando desconfianza entre los inversionistas. Esas señales equivocadas pueden tener un altísimo costo, pues el daño a la calificación costo-país, será difícil de recuperar en el corto plazo. Dice el presidente que sus críticos no hablan de lo bueno que esta ocurriendo y que debe ser tenido en cuenta..

Con frecuencia aduce sus compromisos de campaña con los 30.11 millones que votaron por el el 1 de julio de 2018, pero debe tomar en cuenta que el padrón electoral para ese año contempló 89.1 millones de electores. Quizá olvida a esos 58.99 millones de mexicanos que no lo respaldaron. Eso debería hacerle pensar en tomar las decisiones correctas y corregir el rumbo de desastre que se avisora para la economía del país.

Y cuando me refiero a las decisiones correctas, estas deben tomarse pensando en el bien general y no solo en sus votantes, porque la situación puede revertirse en las elecciones intermedias y en las próximas presidenciales de 2024, cuando la utopía Lopez Obradorista, quede en eso, en una simple utopía.

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