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Pablo Cabañas Díaz
Con el retorno a Los Pinos del PRI se estimaba que se regresaría a la interpretación tradicional de la política exterior . En su toma de posesión, el 1 de diciembre de 2012, el presidente definió como objetivo de su política exterior la consolidación de la posición de México en el mundo. Meses más tarde, el 20 de mayo de 2013, se anunció el Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2013-2018 , en el cual estableció cinco ejes rectores para el gobierno. La quinta meta, denominada “México con responsabilidad global”, es dedicada al papel del país en las relaciones internacionales.
En el VI Informe se describen acciones para proyectar a México, en palabras del presidente, “como una Nación que defiende el derecho internacional, que promueve el libre comercio y es solidaria con los distintos pueblos del mundo”; se habla además, de consolidar al país como “una potencia emergente”. Es de notar que a diferencia de los gobiernos del PAN, ya no se utilizó en este sexenio la frase “liderazgo internacional”.
La relación con los Estados Unidos ha sido compleja y de incertidumbre.  Varios hechos ejemplifican la falta de certeza. Recordemos que el presidente tomó la decisión de cancelar su viaje a Washington el 31 de enero del 2017, luego de que el mandatario estadounidense  Donald Trump escribió , en su cuenta de Twitter, que si el gobernante mexicano no pagaba el muro en la frontera era mejor que  no fuera a la reunión que tenía programada en la Casa Blanca.  La cancelación de ese viaje fue la conclusión lógica de un nuevo descalabro de la diplomacia mexicana. En 24 horas asistimos al vértigo de un mensaje a la nación del mandatario mexicano en el que postergaba tomar una decisión seguido por la declaración del secretario de Relaciones Exteriores de que se mantenía  en la idea de realizar el viaje hasta que llegó el grosero desplante final de Trump: “Si no pagan, no vengan”.
En pocas semanas, un cúmulo de errores diplomáticos y políticos que  iniciaron en agosto de 2016,  cuando el inquilino de Los Pinos, aconsejado por Videgaray, invitó a México al entonces candidato republicano, con la intención de tranquilizar quien hoy es el presidente de los Estados Unidos. Nada concreto se supo de esa estrategia, destacándose por el contrario el supuesto mérito de Videgaray de ser “amigo” de Jared Kushner esposo de la hija mayor de Donald Trump y uno de principales asesores de la Casa Blanca.
Una vez cancelado el viaje de Peña Nieto a Washington durante una conversación telefónica que  tuvo lugar el 27 de enero, Trump, le habría dicho en tono amenazante a Peña Nieto, que su país no necesitaba de los mexicanos, y que si sus fuerzas armadas eran  incapaces de combatir el narcotráfico, “quizá” tendría que enviar tropas estadunidenses para asumir esa tarea. Así lo reveló la periodista Dolía Estévez, primero en el portal de noticias proyectopuente.com, y luego en entrevista para el programa de Aristegui Noticias. ¡Humillación!”, clamó la opinión pública mexicana cuando la agencia AP publicó la información basada en un supuesto extracto de la transcripción de esa charla. “¡Mentira!”, se defendió Relaciones Exteriores y Los Pinos, aunque horas después un portavoz no identificado de la Casa Blanca dijo luego a la misma agencia que sí, que era cierto, pero que era una “broma”. Esas no son bromas que se esperen de un  presidente.
La secretaría de Relaciones Exteriores a través de  Luis Videgary  negó la versión  de CBS News, que señaló que cuando visitó Washington,  Jared Kushner, le mostró al canciller mexicano el discurso que el mandatario iba a leer ese día ante el Departamento de Seguridad Nacional. Tras leer el discurso, Videgaray, reveló CBS, estaba horrorizado, y considero que el discurso no era un buen punto de partida por esa razón, Kushner sugirió que ambos reescribieran el discurso.
Trump, despreció las buenas maneras de la pseudo diplomacia  mexicana y firmó la orden ejecutiva para empezar la construcción del muro y otras medidas contra los inmigrantes. Las voces en contra de la conducción de la relación con la Casa Blanca son cada vez más explícitas. Ante estos descalabros el embajador emérito Andrés Rozental juzgó en su momento  que el gobierno mexicano recibió tal agresión con una “postura defensiva”: “el canciller tardó horas en rechazar las decisiones unilaterales que “un gobierno le quiera imponer” a México”.  Rozental declaró a la revista Proceso “Desde la llegada de Trump a la Casa Blanca el gobierno mexicano “no ha demostrado la firmeza que pudo demostrar, dada la importancia que México tiene para Estados Unidos en todos los órdenes”, sobre todo porque “Trump no respeta la debilidad, sólo la fuerza”.

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