OTRAS INQUISICIONES: Universidad Autónoma de Campeche: El Circo de la Persecución

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Por Pablo Cabañas Díaz

La escena parece extraída de una novela negra de segunda categoría, pero en el Campeche de hoy, la realidad ha decidido imitar al esperpento. La detención de José Alberto Abud Flores, rector de la Universidad Autónoma de Campeche, no es un acto de justicia, sino un teatro de sombras donde el polvo blanco —ese recurso tan socorrido para manchar reputaciones— sirve como telón de fondo para un golpe de Estado académico. Bajo el cielo de San Francisco de Campeche, la avenida López Mateos fue testigo de lo que muchos ya vaticinaban: el choque frontal entre el pensamiento crítico y la bota del poder estatal. Argumentar una “denuncia ciudadana” y “posesión simple” para descabezar una institución autónoma es un insulto a la inteligencia del ciudadano. No estamos ante un operativo policial fortuito; estamos ante una maniobra de asfixia política de diseño.

Resulta sospechoso que el hallazgo de las sustancias coincida milimétricamente con la fractura política entre la rectoría y el Palacio de Gobierno. La sombra de la gobernadora se proyecta larga sobre la autonomía universitaria; cuando la política no puede convencer con argumentos ni someter con el presupuesto, recurre al expediente, a la patrulla y al estigma. El mensaje que se envía desde la fiscalía de Jackson Villacís es meridiano: en este feudo, la autonomía es una concesión graciosa, no un derecho inalienable. La comunidad universitaria, sin embargo, no se deja engañar por el brillo de las esposas. Lo que se intentó arrestar ayer no fue a un hombre, sino a la libertad de cátedra y la independencia de una casa de estudios que se niega a ser un apéndice de la voluntad estatal.

¿Es este el destino de nuestras instituciones? ¿Ser el botín de gobernantes que confunden la gestión pública con la vendetta personal? El arresto de Abud Flores tiene todos los tintes de un ajuste de cuentas de corte absolutista. Se busca la humillación pública para allanar el camino a relevos más dóciles, como el de Fanny Maldonado, que no cuestionen ni disientan. La autonomía es el último refugio del pensamiento frente al autoritarismo, y hoy, en Campeche, ese refugio ha sido profanado bajo el pretexto de un retén. La pregunta que flota en el aire no es qué contenían esos envoltorios, sino quién escribió el guion de este atropello que deja a la universidad en la antesala de un ajuste de cuentas.

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