OTRAS INQUISICIONES: Una vida de decadencia

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Pablo Cabañas Díaz

“Tres Bambús” es el nombre de la lujosa casa en la que vivió en Cuernavaca, la pintora Tamara de Lempicka, sobre ella Laura Claridge escribió en 1999, el libro: “Una Vida De Deco y Decadencia.” Conocemos con detalle la vida de Lempicka, gracias a Claridge, que le dedicó quinientas páginas a su vida y obra pictórica. El libro incluso aclara que Lempicka decía que había nacido en Varsovia, pero en realidad era moscovita. Su madre era polaca y su padre un acomodado judío ruso que desapareció de su vida de forma extraña. También vivió en Moscú, San Petersburgo y París.

 

La llegada de los bolcheviques al poder hace que su marido sea detenido, y consigue que sea puesto en libertad gracias a los oficios del cónsul de Suecia, que, caritativo, la forzó a acostarse con él a cambio de sus gestiones. Tras su salida de la Rusia revolucionaria, Tamara, con apenas veintitrés años, vive en Copenhague, y empieza entonces una activa vida sexual con múltiples compañeros de ocasión, aceptada con resignación por su marido. A partir de 1927, Tamara empieza a disponer de recursos propios, y la cotización de su obra, aumenta tras la celebración de la exposición de París, en 1925, que muestra una nueva, y efímera, tendencia que después, se conocería como art déco. A partir de entonces, Tamara reside en París, la difícil convivencia con su marido termina con el divorcio, en 1928, y, poco después, se convierte en amante del barón Kuffner, que, en esos años, compra muchas de sus obras, y con quien se casará, en Zúrich, después de que, en 1933, muera la mujer del barón. Tamara consigue así lo que siempre había perseguido: aún es joven, y tiene dinero, mucho dinero, y un título nobiliario.

 

Empieza entonces su nueva vida. Son sus años de gloria. Conoce a muchas celebridades, desde André Gide a Greta Garbo, y empieza a conseguir verdaderas fortunas por la venta de sus cuadros, como la que cobra por el encargo que le hace el millonario norteamericano Rufus Bush, gracias al cual visitará Estados Unidos, en 1929, durante cinco meses.

El resto de su vida tiene poco interés. Poseía una sexualidad desbordante que le llevó a frecuentar sexualmente a hombres y mujeres, y a probar las drogas, a organizar fiestas y orgías, en las que obligaba a sus sirvientes a estar desnudos. Fue una mujer que se retrataba a sí misma en automóvil, con reflejos del futurismo, como vemos en el famoso Autorretrato en el Bugatti, que se ha convertido en su más célebre cuadro. Tamara estuvo por largas temporadas en Cuernavaca en donde tenía una estrecha amistad con Víctor Manuel Contreras.

 

En 1972, Lempicka adquirió la casa que nombró “Los Tres bambús” en ella recibía a la princesa Beatriz de Saboya y su madre la ex reina de Italia María José, personajes impregnados de logros históricos, y también trágicos, vividos en las dos guerras mundiales.  Esa fue la Cuernavaca de las celebridades, el lujo y la decadencia de los aristócratas que vivían del mundo que habían perdido. El 18 de marzo de 1980, Tamara de Lempicka murió en su casa en Cuernavaca, todavía queda la duda si fue asesinada.

Su hija Kizette cumplió el sueño de su madre y acompañada del escultor mexicano Víctor Manuel Contreras, arrojó desde un helicóptero las cenizas de Tamara en el cráter del volcán

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