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Pablo Cabañas

En octubre de este año el entonces director de Petróleos Mexicanos (Pemex), José Antonio González Anaya, aseguró que la refinación de hidrocarburos no era un negocio redituable para la empresa paraestatal. Al comparecer ante la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados, González Anaya expuso que “nuestra meta ya no es, y no debe ser, procesar petróleo, porque eso implicaba que Pemex perdiera dinero. Ahora no tenemos que hacer eso, y no estamos haciendo eso”. Con estas palabras se daba el banderazo de salida a las grandes petroleras que ven en la crisis de las obsoletas refinerías de Pemex combinada con la reforma energética una oportunidad histórica.

Un dato no menor es el hecho de que el 74% de las ventas de gasolina y diésel de octubre provienen de importaciones. Esta información hace contrapunto con el pobre desempeño que han tenido las refinería de Pemex, las cuales han operado a su capacidad más baja en 27 años debido a interrupciones no planeadas y mantenimientos.

Estamos entrando los consumidores mexicanos en un mercado energético caracterizado por la invasión de “gasolineros” extranjeros. Hasta ahora hay 26 marcas instaladas en el país y siguen aumentando. Las empresas Exxon Mobil y Chevron son las dominantes. Exxon envió dos cargas por un total de 120 mil barriles de diésel y gasolina. La compañía está moviendo cargas utilizando la red perteneciente a la empresa Southern Railway y además planea utilizar la terminar de San José Iturbide de Guanajuato. La idea de Exxon es mover el producto desde todas sus refinerías hasta la Costa del Golfo.

Exxon Mobil anunció el miércoles pasado que abrirá cincuenta estaciones de servicio para el fin del primer trimestre en 2018 e invertirá más de 300 millones de dólares en el sector energético. De hecho, Exxon podría utilizar las tuberías de Pemex u otras instalaciones y considerará agregar un nuevo oleoducto y más terminales de las que ya ha anunciado.

La semana pasada, Chevron anunció por su parte que traerá productos de su sistema de refinamiento de California a México para proveer sus estaciones de gas una vez que la infraestructura esté disponible. Chevron utiliza a la empresa Koch Supply y Trading México para trasportar diésel a través de buques de carga desde los Estados Unidos hasta el puerto de Veracruz en México. En cuanto al trasporte ferroviario, Kansas City Southern, quién maneja el trasporte de diésel y gasolina de Exxon Mobil, declaró en noviembre que estaba buscando establecer un acuerdo con la empresa comercial de Pemex, PMI, para importar combustibles vía tren a la terminal de San Luis Potosi. Luego, la idea sería que Pemex trasporte el combustible utilizando tuberías para provisionar el área de la Ciudad de México.

Sin duda alguna la reforma energética es una de las reformas más controvertidas de los últimos años. Previo a la reforma energética, todas las áreas del sector energético eran controladas por las empresas paraestatales Pemex y CFE. Salvo servicios terciados en el caso de PEMEX, y los regímenes de pequeño productor y autoabasto en el caso de la CFE, la participación de los privados era inexistente.

Falta mucho por hacer. Por el lado del regulador le quedan demasiadas disposiciones por aprobar para poder generar un marco regulatorio que le dé certidumbre a las inversiones que están llegando; y no solo eso, falta la profesionalización de la maquinaria del estado en materia energética, esto es, que los juzgados conozcan la reforma, los ministerios públicos, la policía federal, estatal y el ejército. No son pocos los casos que la falta de coordinación y/o desconocimientos entre los diversos actores de gobierno lleva a emitir juicios erróneos sobre la materia. Pero no todo es parte del estado, también como sociedad nos hace falta profundizar en el debate y estudio de lo que irónicamente ha sido la reforma más censurada por la población.

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