OTRAS INQUISICIONES: PODER Y ESPIRITISMO

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Por Pablo Cabañas Díaz

(Primera PARTE)

La historia política mexicana se ha escrito casi siempre con el lenguaje solemne de los discursos oficiales y con la tinta sobria de los archivos públicos. Sin embargo, bajo esa superficie racional y ordenada corre otra corriente, menos visible y más inquietante: la del miedo, la superstición y las creencias ocultas que también acompañaron a los hombres del poder.

En ese México que aspiraba a la modernidad convive un territorio poco explorado por la historiografía: el de las prácticas esotéricas, las sesiones espiritistas y las búsquedas metafísicas de una clase dirigente que, mientras edificaba carreteras y universidades, también consultaba médiums y participaba en rituales de oscuridad.

No se trata de invenciones periodísticas ni de rumores de sobremesa. Existe un testimonio documental de primera magnitud: el libro “Una ventana al mundo invisible, protocolos del IMIS”, publicado en 1960 por Editorial Antorcha. Esa obra, extraña y fascinante, reúne actas notariales de sesiones espiritistas realizadas en México entre 1940 y 1952.

El responsable de esa recopilación fue Gutierre Tibón, figura fundamental de la cultura mexicana del siglo XX y hoy injustamente olvidada por muchos lectores jóvenes.

Conviene detenernos un momento en él para comprender el peso de la fuente. Tibón no fue un improvisado ni un charlatán. Nacido en Lombardía, Italia, en 1905, llegó a México en 1940 y se convirtió en uno de los más singulares intelectuales del país. Antropólogo autodidacta, lingüista, ensayista, estudioso de las tradiciones indígenas y de los símbolos universales, fue autor de libros imprescindibles como Historia del nombre y de la fundación de MéxicoAmérica: historia de su nombre y numerosos trabajos sobre toponimia y etnología.

Tibón fue, ante todo, un humanista obsesionado con las raíces profundas de la cultura. Su curiosidad lo llevó a explorar lo mismo el origen de las palabras que los ritos prehispánicos y, por supuesto, los fenómenos psíquicos. No era un crédulo ingenuo: era un investigador de mente abierta que creía que el conocimiento humano no debía limitarse a los estrechos márgenes del positivismo.

Por ello aceptó prologar y compilar las actas del Instituto Mexicano de Investigaciones Síquicas (IMIS), organismo fundado formalmente el 19 de agosto de 1944 y antecedido por el Círculo de Investigaciones Metasíquicas creado en 1939 por Rafael Álvarez y Álvarez. El IMIS contó incluso con la asesoría metodológica de la American Society for Psychical Research de Nueva York. Sus sesiones se levantaban ante notario público, con controles que pretendían dar seriedad científica a lo inexplicable.

 

En ese escenario —a medio camino entre el laboratorio y el ritual— aparece un nombre que sorprende por su peso histórico: Miguel Alemán Valdés.

La única sesión en la que figura el futuro presidente está fechada el 20 de agosto de 1942. El acta correspondiente, incluida por Tibón en la página 150 de su libro, señala como asistentes a personajes centrales de la vida pública: Plutarco Elías Calles, Fernando Ocaranza, Ezequiel Padilla y el propio Miguel Alemán, acompañado de su esposa Beatriz Velasco.

El relato es perturbador. Tras iniciarse la reunión en absoluta oscuridad, comenzaron a aparecer luces blanquecinas de forma globosa que se desplazaban por el salón. Se escucharon ruidos, campanas que se agitaban solas y objetos que parecían moverse sin intervención humana.

El documento —redactado por el doctor Fernando Ocaranza y validado notarialmente— consigna un episodio singular: “la mascada que llevaba el Lic. Miguel Alemán en el bolsillo de su americana fue extraída por una mano invisible y depositada en manos del Lic. Ezequiel Padilla”.

Más tarde, describe la aparición de una luminosidad intensa con forma humana, cubierta por una especie de manto, que se detuvo frente a varios de los presentes, entre ellos el propio Alemán. La sesión terminó pasada la medianoche, cuando el médium dio señales de fatiga. Se dejó constancia de que las puertas habían sido alambradas previamente y que al concluir la reunión los sellos permanecían intactos.

Ese testimonio no proviene de una novela gótica: forma parte de un protocolo oficial.

En 1942, Miguel Alemán Valdés era Secretario de Gobernación del presidente Manuel Ávila Camacho y uno de los políticos con mayor proyección del país. Cuatro años más tarde se convertiría en Presidente de la República e iniciaría el periodo conocido como “el México moderno”: industrialización, obras públicas, crecimiento urbano, turismo y consolidación del régimen civil.

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