OTRAS INQUISICIONES: Luis Spota y su libelo sobre el 68

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Pablo Cabañas Díaz

 

El año de 1972  volvió a consagrar a Luis Spota como escritor, pero esta vez, al contrario de lo que había sucedido hacía más de quince años con la publicación de su novela “Casi el paraíso”, la  crítica fue negativa. Si hasta entonces muchos intelctuales negaban la calidad de su escritura, a partir de la publicación de la novela “La Plaza” el fondo se convirtió en lucha ideológica y en posición política, pues Spota era el primer escritor —y quizá el único— que exculpó al gobierno de los sucesos ocurridos en Tlatelolco en 1968 y además denigraba al movimiento estudiantil.  La primera edición del libro, que incluía fragmentos de otros autores (Carlos Monsiváis Luis González de Alba, Elena Poniatowska) utilizados a modo de collage fue retirada de la circulación  cuando estos protestaron por el uso de sus materiales.

 

A partir de entonces, Spota quedaría en la lista negra de los escritores mexicanos. Al iniciarse la década de los setentas, Spota en plena madurez de oficio, con un estilo propio y bien definido, vendía millares de ejemplares y tenía lectores fieles, pero su calidad literaria estaba en duda  y su posición política  no eran bien recibida por la élite intelectual.

 

En “La plaza”, imaginó al padre de una víctima de Tlatelolco, y lo transformó en un secuestrador, líder de una célula justiciera y torturadora de funcionarios gubernamentales. La trama argumental tenía las fijaciones de la versión oficial. Coincidía en que la masacre sólo se explicaba con el enigma de los disparos que incitaban al ejército y pedía a sus lectores: “repasemos cuáles son los hechos comprobables” del 2 de octubre. Cuando el mitin está disolviéndose, hay un balazo que abate al jefe de la tropa”.

 

 

El libro de Spota es una continuidad de ¡ El móndrigo! .  Buscaba vincular la desesperación de las víctimas del 2 de octubre con la decisión de tomar las armas. Su personaje secuestra y tortura a un funcionario gubernamental como alternativa para expresar su malestar contra el grupo en el poder, y de este modo el relato presenta el escenario de la clandestinidad, que se combina con interrogatorios y vejaciones en una improvisada cárcel en una casa de un barrio de la ciudad. Hay mucho que analizar en este proceso de representación que unirá la masacre de Tlatelolco con la presencia en el ámbito político de unos nuevos enemigos de la sociedad según la ideas en boga en esos años.

 

A Luis Spota le interesó novelar a México desde todos sus ángulos, en todos sus momentos históricos y grupos sociales Pero su punto de vista, su obsesión y lo que determinó su forma de mirar a este país, a su historia y a su gente, fue el poder. Casi treinta novelas sobre el poder: poder para hacer triunfar a un torero o a una estrella de cine; poder para encerrar a una familia y asediar a un exconvicto; poder para terminar una huelga y asesinar homosexuales. Poder para comprarlo todo y a todos, poder del general, del Presidente, del empresario, del funcionario, del policía y poder sobre todo y ante todo del dinero. Pero poder también del narrador. Detrás de este modo de ejercer el poder al escribirlo y describirlo, está por supuesto un modo de pensar, que es lo que convierte a esta narrativa en un discurso tan polémico. La cercanía de Luis Spota con los hombres del poder fue bastante conocida. Fue cercano a varios presidentes, trabajó con Luis Echeverría y Televisa.

 

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