fbpx

Pablo Cabañas Díaz.

Con la presidencia de Manuel Ávila Camacho (1940-1946), es posible advertir como los postulados de la Revolución Mexicana (1910-1917), se fueron alineando a los intereses de  Estados Unidos, privilegiando la unidad nacional por encima de la transformación de la sociedad. La figura central de ese cambio fue Vicente Lombardo Toledano (1894-1968).  Durante el sexenio de Cárdenas, la alianza entre amplios sectores de la izquierda y el Estado cosechó grandes frutos, pero estuvo sujeta a la división entre las distintas vertientes de las izquierdas: el llamado “lombardismo”, el Partido Comunista Mexicano y los grupos trotskistas, entre otros. Las izquierdas no pudieron sustraerse a la creciente importancia del surgimiento del PRI con Ávila Camacho, ese partido era desde la lógica de esos años el representante de todas las clases y movimientos sociales. El llamado “reformismo revolucionario” abandonó la postura anti- imperialista y de confrontación con Estados Unidos y apostó por una “alianza de clases”.

Entre los años de 1930 a 1980, el nacionalismo revolucionario, fue la ideología oficial, y  opacó a las distintas corrientes ideológicas que confluyeron en él, en este caso, a la llamada izquierda lombardista. Lejos de ser un discurso monolítico, el nacionalismo revolucionario mostró una capacidad notable para incorporar demandas provenientes tanto de la derecha como de la izquierda.

El nacionalismo revolucionario se instaló en espacios de alta maleabilidad ideológica como la invocación constante de la Revolución Mexicana, como justificación tanto de proyectos políticos como de decisiones de Estado que algunos casos eran cuestionables y en otras polémicas. La alianza entre Estado e izquierda durante la década de los años treinta del siglo XX,  fue una consecuencia del diseño institucional del México post- revolucionario. En la Constitución de 1917, se designó al Estado como árbitro de los conflictos entre empresarios y obreros, y quedó cimentado el carácter que tendrían las relaciones laborales en México. De ahí que lograr la “conquista del Estado”, era inclinar la balanza a su favor, para los sindicatos, al precio de incrementar su dependencia.

La pérdida de influencia de Lombardo en la política mexicana se hizo más aguda con la llegada de Miguel Alemán a la presidencia (1946-1952). El nuevo gobierno tomó distancia de lo que quedaba del cardenismo, eliminando resistencias tanto dentro de la izquierda como de los sindicatos independientes. Si Ávila Camacho había dado un viraje conservador al programa de la Revolución Mexicana, Alemán llevó a cabo una auténtica contrarrevolución. Durante ese sexenio, se redujeron drásticamente los subsidios para la Universidad Obrera, contribuyendo a la marginación de Lombardo y sus seguidores. Pero los recursos económicos a Lombardo no cesan por completo lo que muestra que, en el sistema creado por el PRI, “los apoyos del gobierno” servían para mantener alineados a los actores políticos. Lombardo en menos de dos décadas, pasó de ser una figura crucial a una marginal, pero  era considerado un hombre del “sistema”  de la clase  política del siglo XX.

Comentarios

comentarios