OTRAS INQUISICIONES: La diplomacia como botín: radiografía de una casta intocable

Fecha:

Por Pablo Cabañas Díaz

Durante años, los consulados mexicanos en Estados Unidos,  funcionaron como pequeñas cortes virreinales, donde el contacto con la comunidad eran vistos como una molestia, no como una obligación. Hoy, obligados por la presión política, muchos de esos mismos funcionarios  consulares se disfrazan de cercanía, organizan audiencias, posan para la fotografía. Pero el gesto es impostado, casi ofensivo: no hay convicción, hay cálculo. No hay servicio, hay escenografía.

Y cuando aparece una amenaza real a ese orden —la digitalización, la simplificación de trámites, la llegada de perfiles con arraigo comunitario— la respuesta es inmediata: sabotaje. No abierto, no frontal, sino el más eficaz de todos, el burocrático. El que retrasa, el que bloquea, el que desgasta. Porque en el fondo saben que cada trámite simplificado, cada proceso transparente, cada migrante que accede sin intermediarios a un servicio, es un golpe directo a su pequeño reino de discrecionalidad.

Lo verdaderamente obsceno es que esta casta es que  opera desde una burbuja de privilegios difícil de justificar en un país desigual. Sueldos dolarizados, prestaciones de élite, condiciones de vida que contrastan violentamente con la precariedad de millones de mexicanos dentro y fuera del territorio nacional. Y aun así, se victimizan. Aun así, se quejan. Aun así, defienden sus espacios como si fueran conquistas históricas y no concesiones de un sistema que nunca les exigió rendir cuentas.

El resultado es una estructura cerrada, autorreferencial, donde la lealtad interna pesa más que la ley. Donde el escándalo se administra, no se resuelve. Donde el castigo se negocia, se diluye o se pospone hasta volverse irrelevante. Cambios de adscripción, amonestaciones menores, silencios cómplices: la coreografía de la impunidad está perfectamente ensayada. Y mientras tanto, las víctimas —migrantes extorsionados, empleados maltratados, denunciantes aislados— quedan atrapadas en un laberinto sin salida.

Esta no es una crisis administrativa. Es una crisis moral. Una degradación profunda de la idea misma de servicio público. Porque cuando la diplomacia —ese instrumento que debería encarnar la dignidad del Estado— se convierte en un espacio de abuso, lo que se erosiona no es sólo la institución, sino la confianza en el país que dice representar.

La pregunta, entonces, no es técnica, sino política y ética: ¿cuánto tiempo más se tolerará que una minoría capture una función esencial del Estado sin consecuencias reales? No se trata de reformar reglamentos ni de ajustar procedimientos. Se trata de romper un pacto de silencio, de desmontar una estructura de complicidades que ha sobrevivido sexenio tras sexenio, adaptándose a todos los gobiernos sin cambiar nunca su lógica de fondo.

Compartir

Popular

Artículos relacionados
Related

CONCATENACIONES: Autocracia, le llaman a México

Fernando Irala Finalmente llegó al Congreso la anunciada iniciativa de...

JUEGO DE OJOS: La visión del General

Miguel Ángel Sánchez de Armas Han pasado 88 años desde...

SIN LÍNEA

***Desfachatez del régimen morenista y desvergüenza de Pío López...

LA COLUMNA: SPUM y UMSNH logran acuerdo

Lo dije en una entrega anterior, la rectora de...