OTRAS INQUISICIONES: Historias del PRIAN

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Pablo Cabañas Díaz
Según el periodista Álvaro Delgado en su libro ‘El amasiato’, en 2006, poco antes de la celebración de los comicios presidenciales, tuvo lugar una “minicumbre” en la Ciudad de México; ahí, el entonces gobernador Enrique Peña Nieto le garantizó una considerable cantidad de votos al candidato presidencial panista, Felipe Calderón, el mismo porcentaje con el que fue declarado oficialmente ganador. Seis años después, cuando Peña Nieto fue el candidato presidencial priista, Calderón le pago el favor y, desde el gobierno federal, saboteó la campaña de la abanderada de su partido, Josefina Vázquez Mota, a quien él mismo le confesaría su traición: “Te abandoné”. El diario Reforma publicó el pasado 2 de noviembre del 2016 una fotografía en la que aparece el empresario Alberto Bailleres flanqueado por Enrique Peña Nieto y Aurelio Nuño, y cerca de ellos Miguel Ángel Mancera. Según la información del diario, que recogió testimonios de asistentes –porque la ceremonia se realizó de manera privada–, cuando Peña entregó a Calderón el reconocimiento en propia mano, “el auditorio respondió con una ovación. Ambos lucieron sonrientes, así como los integrantes del presídium”.
Esta fue  la primera vez que un presidente de la República entregaba su antecesor de otro partido un reconocimiento del ITAM, galardón que también fue entregado al entonces gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, primer secretario de Hacienda de Calderón. Bailleres, dueño del Grupo Ball y uno de los hombres más ricos de México, recibió en el año 2015 la medalla Belisario Domínguez en un proceso deslucido de principio a fin: Por primera vez desde que el Senado creó la presea, hace seis décadas, se rompió la unanimidad; sólo un voto –el de un perredista– evitó el rechazo, y la ceremonia de la entrega fue desairada por la mitad de los legisladores.
Desde el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado (MMH, 1982-1988) y en un contexto nacional e internacional que favorecía la transformación del modelo de capitalismo centrado en el Estado, varios equipos de trabajo estrechamente interconectados empezaron a construir un modelo de desarrollo centrado en el mercado, especialmente en el mercado internacional. En la administración de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) estos equipos extendieron su presencia e influencia a las áreas del aparato estatal con mayor poder de decisión y construyeron un campo de poder y reflexión que, si bien experimentó algunos ajustes en su composición a lo largo de los sexenios, logró mantener e inclusive ahondar el contenido neoliberal del nuevo proyecto. Según la investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, Alejandra Salas-Porras además de trayectorias políticas similares en el aparato estatal, hay un grupo de 22 funcionarios clave que comparten antecedentes académicos, variable muy importante para entender el papel que jugaron en el proceso de transformación del modelo económico. Señala la académica de la UNAM, que desde este punto de vista, se advierte un cambio notable con respecto a las trayectorias seguidas previamente por los funcionarios de más alto nivel. Hasta los años setenta la gran mayoría de éstos funcionarios se reclutaban de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la universidad pública más importante de México, de los 22 funcionarios clave mencionados previamente, 16 concluyeron sus primeros estudios universitarios en instituciones privadas, sólo 8 estudiaron en la UNAM y el 60% estudiaron en el ITAM, una institución académica en la que predomina el enfoque neoliberal más abstracto de la disciplina y, como asegura la investigadora de la Universidad de Princeton, Sarah Babb con “el programa de economía más americanizado fuera de Estados Unidos”. A partir del sexenio de Zedillo la circulación de las élites entre espacios públicos y privados, nacionales e internacionales, se vuelve una práctica cada vez más frecuente. En la mayoría de los casos, esos funcionarios se movían del sector público al privado.
Algunos ejemplos, son: el ex presidente Ernesto Zedillo, quien después de dejar la Presidencia de la República en el año 2000, ha sido invitado a participar en por lo menos diez consejos de grandes corporaciones transnacionales; Pedro Aspe, que ha detentado asientos en los consejos de corporaciones mexicanas (Volaris y Televisa); Jaime Serra Puche, Herminio Blanco y Francisco Gil Díaz, quienes han ocupado asientos en los consejos de grandes firmas nacionales e internacionales. Ninguno de estos ex funcionarios regresó a la Administración Pública después de que se reciclaran al sector privado. Se auspició lo que Salas- Porras denomina la “puerta giratoria” (revolving door), esto es, un tránsito cada vez más frecuente de los espacios de decisión públicos a los privados y viceversa. ¿Estaremos entrando en un pacto de alternancia política entre la élite empresarial y sus operadores políticos? A la luz de lo sucedido en esa supuesta reunión secreta de 2006, las preguntas son válidas: ¿Peña y Calderón decidieron ahí la alternancia partidista en el poder?, ¿realizaron todos los amarres para la elección presidencial de 2018?

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