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Pablo Cabañas Díaz
Andres Manuel López Obrador y Ricardo Anaya  tendrán una ventaja sobre José Antonio Meade  si  vienen tiempos de fuertes presiones económicas. El PRI podrá aducir que México  requiere de un Presidente que sepa cómo manejar la economía y que no hay que exagerar . Pero la  campaña de Meade  será muy  complicada, porque  como reconocía José López Portillo en plena debacle política y económica de su cierre sexenal, Presidente que devalúa, se devalúa. Concluida la quinta ronda de negociación (México D.F., 17-21 de noviembre), se llegó a fin de año y no han cumplido el plazo establecido para finalizar la negociación.
En los próximos días, los equipos negociadores se reunirán en Washington, y continuarán sus trabajos con el objetivo de avanzar y poder poner encima de la mesa acuerdos concretos durante la sexta ronda (Montreal, 23-28 de enero 2018). La posibilidad de un fracaso en las negociaciones es real. Hasta el punto de que el subsecretario de Agricultura estadounidense, Ted McKinney, está pidiendo al sector que haga planes de contingencia para protegerse ante tal eventualidad. La agrícola será, según la agencia de calificación de riesgos Standard & Poor’s, la industria que sienta el primer impacto directo. También una de la que más está presionando en Washington para evitar la salida de Estados Unidos. Este es un escenario en el que coinciden todas las proyecciones serias. El peso tendría una perdida  en este caso un impacto negativo del 20% y ajustes de precios en cascada. Uno de los más importantes sería el alza en el precio de la gasolina y el gas para uso doméstico .
Si las negociaciones siguen su curso, la economía mexicana ha recibido  buenas proyecciones de crecimiento para 2017 de las instituciones internacionales. Cepal, proyecta que crecerá un 2,2%, el doble del promedio de los países de América Latina y el Caribe, el cual llegará al 1,1% (Estudio Económico para América Latina y el Caribe, agosto 2017). El FMI, elevó su expectativa de crecimiento desde el 1,7 al 2,1%. A medio plazo prevé que, la implementación integral de las reformas estructurales empujará el crecimiento hasta el 2,7% (Perspectivas de la economía mundial, octubre 2017). El Banco Mundial, también revisó al alza su previsión para 2017, el crecimiento se situará desde 1,8 hasta 2,2%. (Perspectivas para América Latina 2018, octubre 2017).
Un problema más es que México no tiene margen fiscal para enfrentar los efectos de la reforma tributaria de Estados Unidos y bajar, como fue aprobado en aquel país, la tasa del impuesto sobre la renta (ISR) del nivel actual de 30 a 20 por ciento, pues ello representaría perder alrededor de 2 por ciento del producto interno bruto (PIB) en recaudación e incrementaría la deuda en la misma proporción. Esto requiere un nuevo pacto fiscal entre los estados y la Federación y una reforma hacendaria para darle un nuevo perfil a las finanzas públicas para ser más atractivos a la inversión productiva y sobre todo detonar la nacional, que es tres veces y media más grande que la inversión extranjera directa. Con la reforma aprobada por el Senado estadunidense, si el impuesto baja a 20 por ciento en Estados Unidos la empresa estadounidense seguiría pagando en México 30 por ciento, pero sólo podría acreditar en aquel país la tasa de 20 por ciento, con lo que habría un mayor incentivo para llevar la compañía a territorio estadunidense. Así las cosas, la campaña del PRI se desarrolla en un escenario de riesgos  crecientes.

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