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Jorge Meléndez Preciado
Nada le sale bien a Enrique Peña Nieto; su asesor principal, Luis Videgaray, y al impuesto por éste como abanderado a la presidencia de la República, José Antonio Meade.
El accidente del secretario de Gobernación en Oaxaca, Alfonso Navarrete Prida, debido a su premura en ir luego del terremoto. El izamiento de la bandera de cabeza, lo que muestra que ni siquiera en el círculo más importante de la Defensa las cosas se hacen correctamente. Y el intentar señalar (en el caso de Peña Nieto) que nuestro símbolo patrio es lo importante como se presente, demuestran claramente que por todos lados hay fallos que no pueden corregir, por más que los medios oficiales traten de ocultar errores o poner el acento en los yerros de la oposición para desquitar los miles de millones de pesos que se embolsan de los gobiernos priistas.
Que Luis Videgaray haya cabildeado durante semanas, presentado fotos con una decena de importantes funcionarios estadounidenses para intentar que se encontraran nuevamente (¿para qué?) Donald Trump y Enrique Peña Nieto y que todo resultara un fiasco, es un ejemplo de que ya nada le funciona a quien señalan como “el cerebro” de la presente administración federal.
Luis no sólo hizo un esfuerzo infructuoso, sino además su jefe máximo, Peña, fue regañado nuevamente por Trump y hasta logró lo increíble: que Jared Kushner, el yerno de Donald, sea retirado de muchas tareas y se le destine únicamente a tratar los asuntos entre Israel y Palestina, y ocasionalmente los de México. O sea, que el aprendiz de secretario demostró claramente que no ha llevado a cabo las labores más urgentes que le encomiendan en Los Pinos. Lo grave es que Trump va adelante con su muro, ya no desea hablar con los mexicanos y seguramente hará mayores esfuerzos para que el TLCAN no se renueve; tanto que en esta ronda de negociaciones llamó a Estados Unidos a uno de sus negociadores principales: Jason Berstein.
Por otro lado, José Antonio Meade, el impuesto, presentó a su equipo de trabajo para los siguientes meses. Entre quienes están hay cartuchos más que quemados; en realidad achicharrados en las labores más oscuras del priismo. Lo mismo Eruviel Ávila, que ganó la elección más sucia que se tenga memoria en los últimos años, quedó de subcoordinador. Augusto Gómez Villanueva, una auténtica reliquia en la política y alguien que ya no sabe lo que ocurre en el campo, excepto el de golf que suele fascinar a los atlacomulcas. Humberto Roque Villanueva, famoso por su señal de ya no los abrochamos con el IVA en la época de Zedillo. Y Heriberto Galindo, perdedor en Sinaloa de la candidatura gubernamental, pero suegro de Mikel Arreola, ese dechado de actitudes conservadoras que hace la delicia de Claudia Sheinbaum y Alejandra Barrales. También está en el grupo Raúl Cervantes, a quien debemos preguntarle por los expedientes de Odebrecht y las investigaciones de los 43 normalistas desaparecidos; el primer asunto dijo que ya estaba planchado desde el 16 de octubre de 2017 (sic que se desespera). La lista es más larga y sinuosa.
Si en un momento, Meade había exigido a los priistas que lo hiciera suyo, ahora ya lo tienen en la bolsa y de la misma no se saldrá aunque haga todas las concesiones que se le piden. Así pues, eso de “candidato ciudadano” es más jocoso que una película de El Gordo y el flaco.
Pero si algo faltara, Aurelio Nuño sigue como cabeza de Peña Nieto haciendo de las suyas, aunque ya no diga “ler”. Pero además, están los panistas Alejandra Sota y Javier Lozano como voceros, sobre todo para el reparto del dinero a los medios capitalinos y de los estados. Y asimismo, ya se le preguntó a Pepe, aquella frase espectacular lanzada en campaña, si ya había “volvido” de donde andaba ausente, en lugar de “vuelto” como debe frasearse, y la respuesta fue el silencio.
Los peñistas desesperados se imaginaron que Ricardo Anaya era un flan que podían comerse al primer bocado, con el objeto de que José Antonio subiera rápidamente al segundo lugar y pudiera competir con Manuelovich. El motejado “Cerillo”, empero, ha resultado más resistente al fuego vecino de lo que esperaban. Y ahora, ya contraatacó y ha puesto en aprietos al candidato oficial que ya no sabe cómo salir del embrollo.
La PGR de Elías Beltrán, un encargado que continúa al frente porque está dispuesto a todo, localizó de inmediato en Canadá a Manuel Barreiro, un socio de Anaya, y puede traerlo cuando guste para intentar señalar al Frentista de lavado de dinero y mil transas más. Algo inexplicable si todavía no intenta que en los Estados Unidos se capture a César Duarte, quien cada día es exhibido en sus innumerables riquezas y sus derroches monumentales. Lo que muestra, claramente, que esa oficina está a las órdenes del PRI y la Presidencia de la República y no de la justicia.
Anaya lejos de amilanarse, contragolpeó y señaló, correctamente, que Meade olvidó los desvíos en Sedesol que vienen de la época de Rosario Robles, ante los cuales no hizo nada, más bien acató las órdenes de su jefe, Peña Nieto, cuando le dijo a ella: “No te preocupes, Rosario”.
Meade y Anaya están en una batalla donde saldrán chispas y muchos trapos al sol. En tanto The New York Times dice: “No hay otra mejor opción en México que AMLO. Los demás partidos han demostrado que trabajan para su bolsillo y no para el pueblo”. Luego hace un elogio de la gestión del Peje en el gobierno capitalino y dice que no tiene ninguna similitud con Maduro y se asemeja más a Lula da Silva y José Mujica.
En tanto la directora de Amnistía Internacional, Tania Reneaum, afirmó: “De norte a sur, México es un cementerio”.
Y sabemos que cada año, la secretaría de Hacienda, reparte 63 mil millones de pesos de manera discrecional a las administraciones de los estados que se portan bien con el gobierno federal y castiga a los opositores.
El cambo va a pesar de disparates morenistas.
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@jamelendez44

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