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(Tomada de www.noticias24.com)

 

 

CIUDAD DE MÉXICO, 26 de marzo (Al Momento Noticias) .- Jaime no puede ocultar su felicidad. Juega con su hija Alejandra de tres años y por un momento se olvida de la entrevista. No deja de abrazarla y de darle besos en las mejillas. A dos metros de Jaime se encuentra Felipe, su pareja gay y también padre de la menor.

Los tres forman una familia; los tres, también, representan un punto de quiebre en la sociedad mexicana, una pequeña gran victoria en esta intensa batalla que se vive en nuestro país por el respeto a los derechos humanos y la no discriminación. Felipe y Jaime se convirtieron en marzo de 2012 en la primera pareja homosexual mexicana a la que una institución pública le otorgó en adopción a una niña.

Años antes, en diciembre de 2009, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) avaló el matrimonio entre personas del mismo sexo y, en consecuencia, su derecho a la adopción —como lo tiene cualquier otra familia—, luego de aprobar reformas al Código Civil y de Procedimientos Civiles del Distrito Federal, lo que provocó la molestia de grupos conservadores y representantes de la Iglesia católica.

Felipe Nájera, actor y director de escena en Televisa, y Jaime Morales, productor de teatro, decidieron cumplir su sueño de convertirse en padres y adoptar a una menor. Acudieron al Centro de Estancia Transitoria para Niños y Niñas de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) y comenzaron con el trámite.

Tras un largo proceso de evaluación —que contempla estudios psicológicos, psicométricos, de salud y socioeconómicos—, llegaron a casa con Alejandra, de sólo cuatro meses. El acontecimiento fue noticia en todo el país y desde entonces ambos padres aprovechan los reflectores para concientizar a la población sobre el hecho de que el matrimonio y la adopción no son derechos exclusivos de los matrimonios heterosexuales. 

 

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“Salió del closet un anhelo que siempre había estado ahí”, reconoce Felipe, quien, inmerso en una sociedad que lo discriminó por su orientación sexual, aprendió a sobrevivir en el prejuicio. “Piensas que nunca te vas a casar o que nunca vas a ser papá, no porque no lo desees, sino porque vas entendiendo que en un contexto lleno de prejuicios no te van a permitir desarrollarte de la misma manera que los demás”.

Para su fortuna, acepta, en los últimos años se han roto muchos paradigmas. “Pensé, por ejemplo, que después de adoptar no volvería a actuar en la empresa donde trabajo. Sin embargo, no fue así. Al año ya estaba dirigiendo y actuando de nuevo. Incluso recibí un premio. Sí ha habido una apertura”.

En el mismo sentido se expresa Jaime, quien considera que México ya es otro. “Esta ciudad es una ínsula de libertad y de criterios más amplios. Incluso en otras partes del país, el recibimiento de la gente que nos conoce es de mucha admiración y de apoyo”.

Reconoce, sin embargo, que ellos han podido escoger un entorno amable para su hija que les ha permitido tener una vida cotidiana muy sencilla –como inscribir a Alejandra en un colegio privado donde trabajan con familias no tradicionales- mientras que la mayoría de las familias no tienen esta oportunidad. “Se enfrentan a otra realidad para la cual nosotros queremos trabajar”, dice Jaime, quien junto con Felipe participa intensamente en las organizaciones Familias Diversas AC y Todos somos familias.

Y aclara: “Nuestra visibilización en medios no es para protagonizar nada. Al contrario, es justo para dejar de vernos. Nos estamos haciendo visibles para lograr hacernos invisibles. Nadie dice en una escuela: ‘Somos una familia conformada por un papá y una mamá. ¿Hay algún inconveniente?’ Nosotros sí llegamos y decimos: ‘Somos dos papás con una niña. ¿Están preparados?, ¿quieren hacerlo?’ Ese es el reto”.

Para Jaime, no sólo la dinámica en casa ha cambiado -entre llevar a Alejandra a la escuela, darle de comer y acompañarla a sus clases de natación- también el modo de enfrentar la vida. “Es algo mágico aunque da mucho susto cuando piensas que es para toda la vida. ¡Ya no me puedo morir! ¿Qué pasará con Alejandra si Felipe o yo no estamos? Es la primera vez que le pido a la vida que, al menos, me regale veinte años más”.

 

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Desde luego la batalla con los grupos más conservadores del país no ha sido sencilla. No cuando muchos de ellos son políticos que legislan a partir del prejuicio y el desconocimiento.

La afrenta más reciente contra las familias no tradicionales fue en junio pasado, durante la instalación en el Senado de la Comisión Ordinaria de la Familia y Desarrollo Humano, cuando el panista José María Martínez Martínez dijo que el reto fundamental sería “defender, fortalecer y trabajar por la familia, desde ese concepto de los lazos naturales que han predominando a lo largo de la historia”.

Y dirigió su dardo a la ciudad de México: “En términos de familia, algunos estados y en concreto el Distrito Federal, ha ido más allá, ha ido incluso a través de modas, tendencias, tratando de adoptar este modelo de familias, sin que ello nos signifique a la mayoría de los mexicanos”.

Al respecto, dice Felipe: “Sí estamos de moda, pero justo porque la gente se está transformando en el sentido de respetar los derechos humanos y la diversidad. Aquí lo preocupante es que representantes de la voluntad popular traten de hacer conceptos legislativos de acuerdo a su criterio personal y sus prejuicios”.

Secunda Jaime: “Lo que les exigimos es que no nos obliguen a pensar como ellos. Si su familia es esa, está padrísimo, pero no me obligues a que esa sea mi imagen. Vive tu vida como quieras y respeta la de los otros. Eso es lo que le exigimos al presidente de la Comisión de la Familia en el Senado”.

Para María Elena Martínez Guerrero, directora del Centro de Estancia Transitoria para Niños y Niñas de la PJGDF, el del funcionario panista es un “pensamiento arcaico” que estigmatiza a las familias no convencionales.

“La familia es aquella que se une a través de un lazo de amor y de respeto, es el apoyo mutuo sin importar estigmas ni las personas de quien se trate. Ahora el esquema de familia es muy amplio. Se tiene que romper con ese esquema de mamá, papá, hijo, mascota. La familia va mucho más allá. Lamentablemente, los prejuicios de los funcionarios se trasladan muchas veces a las políticas que determinan las instituciones”, expresó la funcionaria.

En la diversidad familiar de la que habla Martínez Guerrero, caben lo mismo parejas homoparentales, padres o madres solteros, familias mixtas (con hijos biológicos y adoptados), extendidas (con tíos y abuelos), así como la posibilidad de convertirse en padre o madre por la vía biológica, por la adopción o mediante un vientre subrogado, práctica que en el Distrito Federal está permitida desde finales de 2010, con la aprobación en la ALDF de la Ley de Gestación Subrogada.

Martínez Guerrero aclara que el problema no es que estos otros modelos de familia sean aceptados o no, sino que al no hacerlo, se violan los derechos humanos de los padres que forman una familia no tradicional, y en particular de los infantes, que, sin excepción, tienen el derecho a tener una familia.

“En la Estancia Transitoria asignamos a los niños y niñas a una familia de acuerdo a las sus características y necesidades de los infantes. Se busca una familia adecuada que pueda cubrir todo lo que los niños necesitan y no al revés”. En otras palabras, no existe el derecho de los padres a serlo por adopción, pero sí el derecho del niño a ser adoptado.

Alma Meneses Bernal, responsable del área de Legislación y Políticas Públicas de la Red por los Derechos de la Infancia en México, es clara: “Tener una visión tradicional y pensar que una familia sólo se compone de una mamá, un papá, y un hijo, es negar la realidad en la que viven muchas niñas y niños. Lo que hace es criminalizar la diversidad familiar que existe en nuestro país.                                                   

“Es importante que esta diversidad sea reconocida tanto por la legislación y por las prácticas institucionales, así como por los planes y programas que emite el Estado. Si no se genera este reconocimiento es imposible garantizar los derechos de todas las niñas y niños. Sólo estaremos garantizando el derecho de los niños que forman parte de una familia tradicional, pero estamos invisibilizando aquella infancia que crece en las familias diversas”.

En opinión de Meneses, las negativas para aceptar a las familias no tradicionales están fundadas en la ignorancia. Y es que, visto bien, ese ha sido el único combustible de quienes han protagonizado un conflicto incendiario atizado con argumentos discriminatorios y poco serios.

Por eso puntualiza: “La estructura familiar tradicional no garantiza los derechos de los infantes. Lo que importa son otras herramientas como las pauta­­s de crianza, la condición económica, la posibilidad de que el infante pueda acceder a todos sus derechos desde el núcleo familiar. Por otro lado, los estudios psicológicos que se han hecho sobre los grupos familiares diversos, no mencionan que puedan tener un efecto contrario a los derechos humanos de niñas y niños”.

 

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adopcióntres

Prueba de lo anterior es Mía, de tres años, que luego de haber sido adoptada en octubre de 2012 en la Estancia Transitoria de la PGJDF vive ahora en una familia mixta: con su mamá, que es soltera, y su hermano de ocho años.

Elizabeth ya era madre biológica de Bruno; sin embargo, dice, siempre tuvo la necesidad de tener otro hijo. “Me pareció que una familia que constara sólo de mi hijo y yo era demasiado intenso para él; quería romper esa dualidad. Además, tenía muchas ganas de una hija y Bruno de un hermanito o una hermanita. De algún modo todo se conjugó”.

Aunque se planteó la posibilidad de ser madre por inseminación artificial –ya había incluso seleccionado a un donador- al final eligió el camino de la adopción. En febrero de 2012 metió su solicitud y en octubre de ese mismo año le asignaron a Mía, de dos meses de edad.

Desde entonces, la dinámica en casa fue otra. Elizabeth aún recuerda esa primera noche que compartió la cama con su hija. Temía que el cambio de ambiente fuera demasiado fuerte para ella. Incluso le pidió a la nana que la cuidaba en el Centro de Estancia Transitoria que las acompañara a casa por si la necesitaban.

“Le pedí que durmiera en otro cuarto y le dije que la llamaría si la requería. Los tres nos dormimos juntos: Bruno y yo en las orillas y Mía en medio. En la madrugada se despertó y le di su mamila. A los pocos minutos volvió a despertar y esta vez preferí apapacharla. En un instante se durmió y así, dormida, nos tomó a mí y a Bruno con sus manitas. Esa primera noche dije: ‘aquí nos hicimos familia’”, recuerda Elizabeth, rodeada de libros infantiles.

-¿Cómo has resuelto el asunto de la figura paterna?

-No lo resuelvo, no hay manera. No puedo ser papá porque soy mamá, aunque desde luego soy una mamá distinta. No puedo ser aquella que sólo da apapachitos y pastelitos porque alguien tiene que poner los hasta aquí.

Ahora, yo también tengo una historia. Yo me quedé huérfana de madre siendo muy chiquita y la extraño. Mi hijo extraña a su papá, y ahora Mía, que ya conoce su historia, me pregunta por su otra mamá; ella también la extraña. Somos seres que tenemos nuestra historia y tenemos nuestras carencias. Esta familia es así, así nos apoyamos y así vamos juntos por la vida.

-¿Entiendes tu vida sin Mía?

-Le preguntas a una sobreviviente. Fui huérfana y mi padre también lo fue, así que entiendo la vida casi sin nada de lo que tengo. Lo que te puedo decir es que cada uno de mis hijos es lo mejor que he hecho en la vida. Si tuviera dinero, adoptaría otros cinco y tendría otros tres embarazos.

 

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Debido a que en México cada entidad cuenta con una legislación diferente en torno a las adopciones –aunque se ha insistido en ello, no existe una normatividad federal al respecto- es muy difícil tener una cifra única sobre este tema.

No obstante, estimaciones del DIF y del Consejo Nacional de Población indicaban en 2012 que en México alrededor de 29 mil niños vivían en un albergue o casa hogar en espera de ser adoptados, y se estimaba que para el 2050 esta cifra aumentara a 33 mil.

Y lo peor. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía, al menos 70 por ciento de ese total muy difícilmente son adoptados. Una causa es su edad: los futuros padres prefieren bebés a aquellos niños que tienen entre 7 y 18 años de edad. La otra es su salud: los niños con enfermedades congénitas están condenados a vivir su infancia en una institución.

 

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adopción

Sin embargo, como en todo, siempre hay excepciones. Es el caso de Mónica, ahora de diez años.

 

A los cinco días de nacida, llegó a un DIF estatal. Sufría una profunda lesión neurológica. No caminaba, no hablaba y ni siquiera seguía los objetos con la mirada. Nunca había estado en las listas de adopción. Por fortuna su destino cambió cuando, de manera fortuita y sin pensar en adopción, Alejandra la conoció en el cunero del albergue.

 

“Mi esposo y yo la vimos ahí parada, sonriéndonos, con unos hoyitos preciosos en los cachetes. En ese momento, sin pensarlo más, dijimos: ‘¡Ahí está!’ Ese día nos enamoramos de ella y decidimos hacer todos los trámites para adoptarla”. Dos meses después, en julio de 2006, Mónica llegó a su nuevo hogar.

 

Se trata de una familia mixta conformada por Alejandra, su esposo y su hijo Carlos, a quien tuvo de manera biológica tras someterse a un tratamiento de fertilidad. Años después Alejandra intentó volver a ser madre por la misma vía, pero no lo logró. Cuenta que ya se había resignado a ser mamá de un hijo único hasta que vino aquel fortuito encuentro.

 

-¿Cómo ha sido tu experiencia como madre biológica y adoptiva?

 

-Pensé que mis 14 años de mamá biológica iban a ser suficientes para enfrentar este desafío pero no fue así. Son historias diferentes. Un hijo biológico, desde el primer momento fue amado, acariciado, sostenido. Mientras que tras una adopción siempre hay una pérdida. Ninguna adopción viene de una historia feliz. En el mejor de los casos, son niños huérfanos; en el peor, son niños maltratados o abandonados en la calle.

 

Los niños adoptivos cargan en una mochila todas las vivencias que tuvieron antes de llegar a nuestras vidas. El neurólogo y psiquiatra chileno Jorge Barudy habla no sólo de los malos tratos, sino de la ausencia de los buenos tratos.

 

Puede que nadie lo haya maltratado, pero un niño que está institucionalizado, que está en su cuna, y nadie se ocupa de abrazarlo, de acariciarlo, queda con unas secuelas enormes aunque no haya violencia. Los niños institucionalizados aprenden que nadie va a venir. La mochila de Mónica no es pesada en violencia, sino en ausencia de buenos tratos. Dos años los pasó en el limbo, en los que no hubo ningún referente de amor y de cuidados.

 

Cuando llegó a casa, cuenta Alejandra, quien es investigadora en la organización Mejores familias, Mónica tenía en sus ojos terror. “Ese primer día sólo dejó de llorar cuando me acosté y la puse sobre mi pecho. Así tuvimos que dormir varias semanas, hasta que se sintió lo suficientemente segura como para dormir a mi lado dándonos la mano. Hasta la fecha, soy una figura muy importante en su vida. Tiene terror a perderme. Muy difícilmente se queda en otra casa. Quiere asegurarse que su mamá no va a desaparecer”.

 

Debido a que Mónica padecía una lesión neurológica, al principio fue necesario asistir a terapias cuatro días a la semana para atender la parte emocional, motriz, sensorial, auditiva y del lenguaje. Fue un reto médico del que salieron bien librados. Debido a su notable recuperación, actualmente Mónica asiste únicamente a una terapia de una hora cada dos semanas.

 

-¿Eres feliz?

-Completamente feliz. La adopción es lo mejor que me ha pasado en la vida. Trae consigo una magia y una intensidad, que sólo si lo has vivido puedes entenderlo. Un niño que es completamente extraño para ti, en un segundo forma parte de tu familia. Si la maternidad biológica es de 24 horas al día, la maternidad adoptiva es de 48. Es estar atenta hasta al más mínimo detalle. Mis dos maternidades son lo mejor que me ha pasado en la vida.

 

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Actualmente, además del Distrito Federal, Coahuila y Quintana Roo permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo. Mientras que en Baja California Sur, Nayarit y Oaxaca se han realizado uniones homoparentales vía el amparo, lo cual ha sentado un precedente en estas entidades.

 

En lo que respecta a la adopción de parejas homosexuales, el Centro de Estancia Transitoria de la PGJDF ha entregado hasta la fecha tres infantes a estas familias; dos más permanecen en la lista de espera.

 

Aunque despacio, por primera vez en nuestra historia la ley comienza a reconocer los diferentes modelos de familia que siempre han existido en nuestro país. Las historias aquí narradas son pequeños grandes triunfos en esta cruzada por aceptar la diversidad y desterrar la discriminación. El cambio social ha comenzado.

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