fbpx “Netflix es el segundo asesino de Lev Davidovich Trotski” | Almomento | Noticias, información nacional e internacional

Luis Alberto García / Moscú

*Rechazo a la serie biográfica del revolucionario bolchevique.

*Historiadores e intelectuales se unen en contra del programa.

*Ha sido considerada, juzgada y calificada de propagandística.

*La Revolución de 1917 en una versión diferente de los hechos.

*Diversos personajes estilo mexicano, de sombrero y huaraches.

*La insólita aventura del piolet asesino de Jacques Mornard.

Sigmund Freud, médico austriaco considerado el padre del psicoanálisis, posa el brazo sobre el hombro de Lev Davidovich Trotski: el revolucionario ruso asesinado por órdenes de Iósif Stalin en la capital de México el 20 de agosto de 1940, acaba de ponerlo en evidencia durante una de sus conferencias en la Viena de principios de siglo XX.

Ahora, alejados los dos de la vista del público, es Freud quien lo critica a él. “Durante nuestro enfrentamiento noté que se le dilataban las pupilas. Solo he visto esa reacción en dos tipos de hombres: los asesinos en serie o los fanáticos religiosos”, le dice.

Esta conversación nunca tuvo lugar, pero la han visto millones de personas, y es una de las escenas de “Trotski”, la serie distribuida por Netflix; pero producida por el principal canal estatal ruso, controlado por el Kremlin, y es así como refleja a su protagonista: como un sádico, un completo traidor, como una marioneta.

Trotski, revolucionario íntegro, de cuya biografía fílmica hay varias versiones, demonizado después como “enemigo del pueblo” y asesinado por un encubierto agente estalinista en agosto de 1940 en su casa del barrio del Coyoacán, al Sur de la Ciudad de México, es el malo de su propia película.

Aparece bajo un prisma tan negativo que ha unido a historiadores, entendidos y a la familia del revolucionario en acusar a los autores de la superproducción no solo de falsear la historia, sino también de utilizar la figura del bolchevique para enviar un mensaje: que la disidencia y las revoluciones son malas.

“Es un ejemplo de cómo no tratar la historia, en particular la del movimiento revolucionario ruso”, explica Alexander Reznik, profesor de la Escuela Nacional de Economía rusa, quien ha investigado a fondo la vida de Trotski.

“La serie es falsa, tergiversa constantemente los hechos conocidos para construir un ‘tipo ideal de revolucionario’ -palabras de uno de los productores-: una imagen simplista de un fanático hambriento de poder, ciego a los sufrimientos de su familia”.

La producción, de ocho capítulos, se estrenó en Rusia en 2017, coincidiendo con el centenario de la Revolución, y luego dio el salto mundial con Netflix, donde la pueden ver más de 139 millones de suscriptores.

Uno de ellos ha sido Esteban Volkov Bronstein, nieto de Trotski y guardián de su memoria. “El personaje que han fabricado es una falsificación histórica. Está a años luz del revolucionario marxista que de niño conocí, de inteligencia extraordinaria, incansable, proclive a educar a los jóvenes y que generaba un ambiente cálido a su alrededor”, explica desde el jardín de la casa de Ciudad de México donde su abuelo fue asesinado y que ahora es un museo.

Los responsables, del director hacia abajo, se escudan en que no es una serie histórica, solo basada en hechos reales. “No podemos saber todo lo que sucedió en ese momento, pero pasamos muchas horas con consultores, y una conclusión es que Netflix es el segundo asesino de Trotski”.

Añade: “Y sobre la base de este conocimiento e inspirados en varias historias y hechos, los autores tejieron una historia sólida que mantiene al espectador”, argumenta Alexandra Remizova, una de las responsables de Sreda, la productora.

Los herederos de Trotski han organizado una campaña de repudio, apoyada por decenas de intelectuales y figuras públicas como Slavoj Zizek, Frederic Jameson o la filósofa Isabelle Garo.

Ya antes, la familia del bolchevique, exiliado errante antes de recabar en México, se había negado tras leer el guion a que se rodasen escenas en la casa museo como pretendía la productora, y entre las muchas falsedades que se encontraron en aquel libreto: que Ramón Mercader –el asesino que usó como nombre Jacques Mornard– fue amante de Frida Kahlo, se hizo pasar por su biógrafo y que el asesinato fue en defensa propia, algo que enfadó especialmente a Volkov Bronstein.

“Es además un delito contra México, que investigó y dictó sentencia sobre el crimen”, señala Volkov, quien explica que Mercader se fue ganando poco a poco la confianza de la gente cercana a la familia: “Solo visitó dos veces el despacho de mi abuelo y lo mató a traición. La versión de la serie se parece mucho a la que durante años difundió el estalinismo, que afirmó que había sido una riña con un partidario decepcionado”.

A diferencia de otros mensajes propagandísticos estalinistas, esta serie —plagada de sexo, violencia y efectos especiales— ha costado cuatro millones de dólares, tardó cuatro meses en rodarse y contó con un gran elenco de celebridades rusas, como Konstantin Khabenski.

Se emitió en horario de máxima audiencia en el principal canal estatal, y ha cosechado importantes premios nacionales, aunque también hay duras reprobaciones de quienes ven tras la serie una iniciativa más de la propaganda del gobierno ruso.

Otra forma de asesinar a Trotski, esta vez no con un piolet, como hizo Mercader, sino con la revisión de su memoria: “El mensaje del Kremlin es que todas las revoluciones son malas, y especialmente las financiadas desde el extranjero”, dice la organización de derechos humanos Memorial.

Y es que otra de las tesis que desliza el polémico guión es el supuesto apoyo financiero de la inteligencia alemana a los bolcheviques: “Trotski sigue siendo una de las figuras más demonizadas de la historia rusa, por eso es más seguro hacer una película sobre él que sobre Lenin o Stalin”, comenta el experto Reznik.

Trotski desempeñó un papel determinante en la revolución bolchevique de 1917; pero el nombre y la historia de este brillante orador y teórico marxista, que tuvo que exiliarse en 1929 por sus choques con Stalin, fue tabú durante toda la época soviética, mientras se convertía en ídolo de la izquierda radical occidental.

Fue rehabilitado solo tras la caída de la Unión Soviética; pero el Trotski de la serie es un hombre obsesionado con el poder, de una astucia maquiavélica, dispuesto a matar a un militar leal por celos, acabar con la vida de campesinos o soldados no regulares que se oponían a sus directrices. Incluso de usar como escudo humano a su propio hijo.

“Las vidas son ladrillos en el edificio de la revolución, en el curso imparable de la historia”, dice en otra de las escenas de la serie, que también ha sido calificada de antisemita: Lev Davidovich Bronstein era judío y Trotski su nombre de revolucionario.

Proscrito, el creador, fundador y jefe del Ejército Rojo, tuvo además una vida excepcional; pero los creadores de la serie explotan motivos “exóticos” como su romance con la pintora Frida Kahlo, señala Reznik.

“Es una verdadera estrella de rock. Durante toda su vida, no solo durante la Revolución de Octubre”, comentó durante el estreno en Rusia Konstantin Ernst, director del Canal 1, uno de los más vistos en el país, y un hombre cercano al Kremlin. “Cuando miras las gafas, las claquetas de cuero especialmente diseñadas y el tren blindado que se ha usado en la producción es casi una historia ciberpunk. Pensamos que es un personaje que puede ser comprensible para el público más joven”, afirmó Ernst.

Y ese es el gancho que han usado, y hay que decir que los herederos de Trotski, discretos y poco afectos al escándalo mediático, no tienen planes de demandar a la productora o los guionistas de la serie, sino tomar esta polémica como una oportunidad para que se conozca su verdadera historia.

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