fbpx ¡México fuera del mundial! ¡No hay consuelo que valga! | Almomento | Noticias, información nacional e internacional

Juan Carlos Aguilar

La certeza de la derrota
La certeza de la derrota.

 CIUDAD DE MÉXICO, 29 de junio (Al Momento Noticias).- Minuto 47 del segundo tiempo. México y Holanda se mantienen 1-1 en un juego cerrado, ríspido. Nada para nadie. Sin embargo, ahora, en tiempos de compensación, el destino de la selección mexicana está al borde del precipicio. El árbitro marca un penalti a favor de Holanda… y entonces surge la sensación de que se comete una infamia, más cuando se ha jugado espléndidamente. Pero en el fútbol, como en la vida, no existe la justicia: Holanda anota y México queda eliminado del mundial.

Sí, la selección nacional jugó de maravilla. Tomó el control del encuentro y dominó. En dos palabras: fue mejor. Pero nada de eso importa. No ahora que el marcador final quedó 2-1 a favor de Holanda, con el cual quedaron canceladas las aspiraciones de todo un país de que la selección nacional pasara a la siguiente ronda y jugara un quinto partido en un mundial.

Ya ni llorar es bueno
De la sierra morena cielito lindo…

La esperanza que se dibujó en los rostros de los más de 25 mil aficionados que se reunieron en el Zócalo luego del gol de Giovani Dos Santos, se borró de un plumazo en el peor minuto: el 47. “¡No es posible chingao, ya teníamos la victoria!”, grita, al borde de las lágrimas, un joven aficionado que no quiere aceptar lo que ven sus ojos.

De nuevo apareció el fantasma del “ya merito”, el “ya casi”. De nuevo la frustración, las inseguridades. “Jugaron como nunca y perdieron como siempre”, ironiza otro aficionado con esa frase que se ha convertido en un vaticinio, tan pesado como un pedazo de concreto.

Tristeza y lágrimas

¿Y ahora, qué? ¿Dónde está ese 78 por ciento de encuestados que sí creía que venceríamos a Holanda? ¿Dónde los gritos eufóricos que hace apenas una semana inundaron Reforma? ¿Dónde los gallitos que retaban a cualquier potencia del mundo a enfrentarse a los once grandes, “a los chingones”?

Ahora hay llantos abiertos, lágrimas… No sólo perdió la selección, perdió cada aficionado que depositó en ellos toda su confianza. Hay tristeza y dolor, confusión y coraje. Hay un malestar emocional y físico, como cuando alguien despierta tras haber sido sometido a una cirugía…. y no hay consuelo que valga.

Los tristes aficionados, con sus sombreros gigantes -tan grandes como sus complejos- deambulan por el Zócalo. No bailan ni gritan. Quieren irse lo más pronto de ahí. El penalti maldito los regresó de nuevo a una realidad de la que se habían olvidado las últimas semanas. ¿Y con qué se encuentran? No sólo con que México está fuera del mundial, sino con una montaña de agravios legislativos que los pondrán contra la pared.

Algunos, no obstante, están dispuestos a festejar. “¡Gracias Giovani!, ¡Gracias Chicharito!”, gritan, a la vez que hacen sonar sus cornetas. Pero no es suficiente. El llanto y la decepción son mayores, inundan el centro del país y desde ahí se extiende a todo el territorio. “La verdad es que jugaron bien, pero nos robaron, como siempre”, aseguran en tono revanchista.

Y luego, la desolación
Y luego, la desolación.

Son festejos de frustración. Festejan para no echarse a llorar ahí mismo, para convencerse de que México es mejor, casi casi una de las nuevas potencias del mundo, pero que todos conspiraron en contra.

Triste postal

La de hoy en el Zócalo es la tristísima postal de un país que siempre se queda en la orilla, en el último escalón, pero que nunca lograr dar el gran paso a las grandes ligas, a codearse con los mejores. La imagen de un país derrotado, pisoteado.

Díganme si no: sobre la calle de Madero, en el suelo, está sentado un aficionado con la cabeza clavada entre sus piernas. En la espalda, la bandera de México. Es la imagen de la derrota y la resignación; esa es parte de nuestra cultura. Requerimos tiempo para el gimoteo y un hombro para descargar ahí nuestra tristeza.

Poco a poco, los aficionados comienzan a dispersarse. Caminan por las calles del Centro Histórico y se mezclan con aquellos otros aficionados que hace poco se comían las uñas en algún restaurante. Ahora todos caminan con pasos lentos, cabizbajos. Son pregoneros que van anunciando la mala noticia.

Por ahora, el Zócalo está a salvo. Los dos mil policías que el gobierno capitalino desplegó para resguardar la seguridad y el orden no fueron necesarios. Se dieron el tiempo de chacotear y de bajar la guardia.  La tristeza colectiva no representa ningún peligro para nadie.

En Brasil 2014  fue todo. Ahora deben trascurrir cuatro largos años para que se realice el Mundial 2018 en Rusia. Tal vez entonces haya mejores noticias, tal vez ahí sí se rompa la maldición del cuarto partido.

 

AMN.MX/jca/trv

 

 

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