Alejandra Munguía Cambrán
- Clara Brugada convirtió a la Ciudad de México en una berenjena gigante.
- NO IMPORTA SI HABLAN BIEN O MAL DE TI, EL CHISTE ES QUE LO HAGAN. Tal parece que Clara Brugada aplica la máxima de no importa si hablan bien o mal de ti, el chiste es que lo hagan, nada más que en su caso si está del nabo, porque esas críticas han inundado las redes, que no la bajan de una reverenda naca de pésimo gusto (la neta es que también tiene un gusto para vestirse del nabo) que convirtió a la Ciudad de México en algo grotesco, que daña la imagen que se tiene de ella, que seamos honesto no es nada buena. Aunque diga ¡qué tiene pintar de morado!, es realmente un atentado al buen gusto, del que ella carece, me queda más que claro. Mientras tanto, la CdMx está repleta de baches, puentes peatonales desmoronándose, atascada de vendedores ambulantes, con cero movilidad ¡ah sí claro! hagan home office, estaciones del Metro en pésimo estado y sucia, pero la solución que encontró para hacerla presentable ante los ojos del mundo fue pintarla de morado, como si con ello, se acabarán los problemas que aquejan a la urbe y son más que evidentes. Brugada justificó la decisión argumentando que ese color “representa la lucha e identidad de las mujeres”, no pus si, seguramente se van a sentir muy reconocidas todas aquellas que lo han hecho, se lo van a agradecer mil. Pero no vayan a pasar a creer que abuso del morado ¡no!, seguro lo que no se encuentra pintado es porque logró salvarse, porque fachadas, bardas, puentes peatonales, patrullas, vagones del metro, estaciones y espacios públicos (con baños públicos ¡qué asco), lucen hoy con ese color y ¡lo olvidaba!, con murales de ajolotes, que la neta es un anfibio bastante feo y casi extinto, pero ello no importa, porque fue elegido como el nuevo rostro de la CDMX y si desaparece de la faz de la tierra, quedará plasmado en los corazones y mentes de millones de capitalinos, pues si hay algo que transmite modernidad, eficiencia y visión de futuro, es un animal que lleva 25 millones de años sin evolucionar. Pero Clarita, dijo “no oigo, no oigo soy de palo” y le valió ella siguió gastando millones de pesos en su caprichito. Obvio, para no variar y perder la costumbre, ante las críticas de miles de personas salió con el típico argumento chairo “lo hacen desde la ignorancia, el prejuicio o el clasismo, ¿por qué a quiénes les gusta que la ciudad siga gris? A nadie”, claro, según ella. Pero tampoco a nadie le preguntaron, si le gustaría vivir dentro de una berenjena gigante.
- AHÍ NO PARÓ SU PÉSIMO GUSTO. Cuando creíamos que lo habíamos visto todo ¡tómala!, en la estación del Metro Hidalgo mandó a colocar candelabros, que seguramente no tardan en desaparecer porque aunque son bastante chundos, (ya sé, soy clasista y fifí) siempre habrá un roto para un descocido. ¿Por qué no mejor hacer más eficiente el servicio, con instalaciones dignas para los usuarios, y no con luminarias de latón con cristales, molduras estilo vintage y versallescas? Lo que hay que reconocerle a la mujer es que la aplicó, lo que mata no es que hablen mal de ti, sino el silencio, porque en semanas las redes no han dejado de criticarla, y no conforme con ello, también utiliza el morado en su vestir. Si está cañona.
- Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no representan necesariamente el pensamiento de la plataforma informativa”. Derechos reservados©.




