Alejandra Munguía Cambrán
⦁ Todo sigue como si nada.
⦁ ¿Fue una admisión de complicidad?
⦁ CHISME DE SALÓN DE BELLEZA. Seguro los caballeros no saben de lo que uno se entera en los salones de belleza, pero vaya que luego se echa chisme sabroso. Mientras nos arreglábamos las uñas, salió a la plática la violencia que se desató el pasado fin de semana en Guadalajara (ya sé que fue en varios estados, pero en esta ocasión nos enfocamos nada más a esa entidad), donde una de las señoras presentes vive en Tonalá. Como era de suponer la bombardeamos con preguntas sobre lo que vivieron, pero cuál va siendo mi sorpresa que aunque dice que sí estuvo muy cañón, “no fue nada que no suceda todos los días”. Lo dijo con una naturalidad que me asustó ver cómo normalizan ese grado de violencia “ya nos acostumbramos, de lo que se trata es que si vemos que alguien es atacado, tomarlo tranquilamente, no pitar o tratar de huir, porque de otra manera nos disparan”. ¿De verdad?, ¿no les asustaron los desmanes del pasado fin de semana, ni los vehículos incendiados, las explosiones, el terror (aunque Sheinbaum diga que eso no es terrorismo), de no poder salir a las calles? Si y no, me contestó, solamente con encerrarnos en nuestras casas, lo que sí estuvo feo es que Tonalá parecía pueblo fantasma. Para mí, lo más perturbador fue la reacción, o más bien la ausencia de ella. Para el miércoles, la ciudad siguió; el tránsito volvió; las plazas abrieron, como si aquellas escenas de serie de televisión fueran parte del paisaje diario, y pues sí, así fue. Así como en Guadalajara, en varios estados de la República, la violencia es ya una rutina, solo se trata de sobrevivir. La realidad es que esta normalización ha sido paulatina; ya no existe el asombro, solo el instinto de no encontrarse en el lugar y momento inadecuados. Es más, desde las mañaneras nos han acostumbrado al mismo discurso desgastado: “fueron hechos aislado que no ponen en peligro a la población”. ¿Really?, es más, ya ni siquiera hay indignación, están tan acostumbrados a esas constantes disputas por el control, el territorio y el miedo, que todo se vuelve cotidiano, para seguir como si nada.
⦁ CUANDO TE DAS UN REVERENDO BALAZO EN EL PIE. ¿De verdad se fijarán lo que dicen o el subconsciente los traiciona grueso? El poder de las palabras es cañón y Sheinbaum no deja margen a interpretaciones, porque de que lo dijo lo dijo, aunque me queda claro que lo negará a pesar de que está grabado. Lo señaló con todas sus letras: “si ellos no quieren que estemos ayudando a que pasen drogas de México a Estados Unidos, también tienen que hacer su parte, dejar de mandar armas a México”. ¿Fue una admisión implícita o acciones toleradas? o ¿cómo? Lo que sí ha quedado claro y demostrado es que el gobierno federal está incapacitado para desmantelar completamente los cárteles. Diga lo que diga, con intención o no, con esa frase reconoce que están ayudando a los cárteles. ¿Fue una admisión de complicidad?
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