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Juan Vives Rocabert/

 

el-hambre-3En estos días sólo se habla del campeonato mundial de futbol. Esto provoca que todo México -y el mundo- atienda únicamente a lo que ocurre en los estadios brasileños. En nuestro país, ya no importan las narcofosas recién descubiertas con docenas de cadáveres ni la cantidad de asesinatos que mes con mes abultan nuestras tanáticas estadísticas; tampoco importa el problema de los niños que cruzan solos la frontera para internarse en territorio norteamericano y su destino por demás siniestro; no es relevante establecer o no la muerte de “El azul” y establecer la identidad de sus posibles continuadores. Tampoco hay que fijarse en la grave declinación de la economía mexicana ni en la falta de previsión de nuestras autoridades ante la inminencia de un par de docenas de ciclones que ya han comenzado a asolar los campos y poblados a lo largo y ancho del territorio nacional. Obviamente, de la reforma energética ya ni hablamos no sea que los legisladores se pierdan algún partido.

Hoy tenemos nuevos héroes que nos dan patria, gigantes que sostienen el orgullo nacional y la pureza de los colores de nuestra bandera. Una iniciativa adecuada tendría que proponer sustituir los nombre de algunas calles, como las de Juan de la Barrera, Agustín Melgar, etc. por los nombre de Rafael Márquez, “El chicharito” Hernández, nuestro “Principito” Andrés Guardado, Guillermo Ochoa y demás esforzados adalides de los otrora denostados ratoncitos verdes.

Hoy, de lo único que vale la pena hacer comentarios es del vergonzoso episodio estelarizado por el futbolista uruguayo Luis Suárez que nos hace rememorar aquel famoso título del escritor y periodista Luis Spota a propósito del toreo. La discusión de si la FIFA fue magnánima o severa varía en virtud de quienes piensan que una conducta tan flagrantemente antideportiva ameritaría la expulsión definitiva y para siempre del trastornado jugador o de quienes piensan que el episodio forma parte de los avatares de un juego en el que la agresión se libera y puede dispararse de maneras no del todo adecuadas.

Llama la atención, sin embargo, que no se haya mencionado -en los ámbitos directivos de los que manejan dicho negocio- la posibilidad de que al jugador se le concediera el beneficio de algún tipo de tratamiento psicológico con el fin de remontar esa “infancia sufrida” que algunos han esgrimido como justificación de la tan poco delicada agresión del delantero uruguayo. Infancia sufrida también la tuvieron Hitler, Stalin, Franco y Mussolini, pero eso no justifica ni perdona los crímenes cometidos por este cuarteto de la muerte.

Lo que resulta insostenible es el intento de flagrante negación de los jerarcas de la selección uruguaya, al pretender hacer pasar como un simple choque ocurrido en el fragor del juego, lo que fue una conducta gravemente antideportiva que pudieron constatar cientos de millones de espectadores del juego en contra de la selección de Italia. Negar lo sucedido es cerrarle la puerta al propio Luis Suárez para poder acceder a un tratamiento en que podría enfrentar -y eventualmente vencer- dicho problema.

wwww.almomentonoticias.mx

AMN.MX/jvr

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