Ciudad de México.- A cien años del inicio de la Guerra Cristera, uno de los episodios más decisivos para entender la relación entre Iglesia y Estado en México, más de 45 mil jóvenes provenientes de diversos estados del país participaron el 31 de enero en la Marcha Nacional Juvenil al Cerro del Cubilete, uno de los santuarios más emblemáticos del catolicismo mexicano.
Miles de jóvenes ascienden al Cerro del Cubilete para celebrar su identidad espiritual
La peregrinación, que ha registrado un crecimiento sostenido en los últimos años, transformó las faldas del cerro en un escenario de identidad, comunidad y sentido para las nuevas generaciones. Desde las primeras horas del día, miles de jóvenes católicos iniciaron el ascenso entre oraciones y cantos, consolidando este santuario como un punto de reunión fundamental. El ambiente de fraternidad marcó una jornada donde la fe se vivió de manera colectiva, demostrando que este evento trasciende la simple tradición para convertirse en un motor de cohesión social.
Para los asistentes, esta experiencia representó un momento de júbilo y expresión sin restricciones. “Aquí podemos gritar y bailar por Cristo, vivir nuestra fe sin miedo, sin reservas”, expresaron Valeria y Rodrigo, jóvenes provenientes de Huixquilucan, Estado de México. Para ellos y miles de otros peregrinos, la marcha funciona como un espacio de libertad espiritual donde la amistad y la celebración religiosa se entrelazan con el anhelo personal de encontrarse consigo mismos en un entorno seguro y compartido.

La Iglesia promueve la paz y la reconciliación social a un siglo del conflicto
A pesar de la carga histórica que representa el centenario de la Guerra Cristera (1926-1929), el enfoque de este año se alejó de cualquier reivindicación del enfrentamiento armado. Los organizadores fueron enfáticos al señalar que la movilización busca proyectar un mensaje de reconciliación y paz para el México contemporáneo. En este contexto, elementos como la cruz, el Rosario y la oración fueron propuestos como los símbolos centrales para transitar hacia una sociedad menos dividida y fomentar la solidaridad entre los diversos sectores del país.
La culminación de la jornada tuvo lugar en la explanada del Monumento a Cristo Rey, donde se llevó a cabo una celebración eucarística de gran escala. El evento fue presidido por el Nuncio Apostólico en México, Mons. Joseph Spitieri, y concelebrado por el Arzobispo de León, Mons. Jaime Calderón Calderón. Esta ceremonia cerró con broche de oro una movilización que, más allá de recordar el pasado, se centró en la importancia de la fe como un recurso para enfrentar los retos actuales de la nación.
El Nuncio Apostólico llama a la juventud mexicana a ser puentes de diálogo y esperanza
Durante la homilía, el representante del Vaticano dirigió un mensaje directo a los asistentes, instándolos a asumir una responsabilidad activa dentro de sus entornos locales. El Nuncio invitó a los jóvenes a ser “puentes de diálogo y esperanza” en sus comunidades, subrayando que su energía y convicción son piezas clave para la reconstrucción del tejido social. Este llamado resuena con la intención de la marcha de transformar la memoria histórica en una plataforma de acción positiva para el futuro del país.
AM.MX/CV
