Luis Alberto García* / Cdmx / II
“Capacidad de la publicidad para generar un gran símbolo cultural”.
*No solo ayudó a consolidar la marca cervecera que representaba.
*Omnipresente en la prensa, medios electrónicos y promociones.
*Los grandes héroes tricolores del versátil “Bora” Milutinovic.
*La fiesta del alarido a la que tan dados somos los mexicanos.
Y a todo esto, ¿quién fue Mar Castro?: originaria de Monterrey, Nuevo León, era una joven estudiante y modelo quien, sin proponérselo, se convirtió en referente de la cultura pop de los años ochenta en México, cuya fama surgió gracias al anuncio comercial cervecero protagonizado por ella, celebrado en el país al que fascina el desmadre y el relajo, aplaudida por prietos, güeros, blancos, mestizos, afros y asiáticos.
El anuncio, producido para la marca perteneciente antes a la Cervecería Cuahutémoc y hoy a la transnacional Heineken, presentaba a la Castro en un ambiente festivo cantando la celebérrima y pegajosa porra “Chiquitibum a la bim bom ba” junto a un grupo de aficionados ruidosos, armados de tambores y cornetas, sin cansarse de los elogios de los felices consumidores.
Con una camiseta cortísima, ajustadísima, Mar Castro proyectó una imagen fresca, sensual y enérgica, que rápidamente capturó la atención del público no solamente en el llamado Coloso de Santa Úrsula.
¿Por qué?, porque poseía dos poderosas razones por delante y una combinación de carisma apoyada por la inmediatez de los medios masivos, encargados de hacer que la palabra jocosa “Chiquitibum”se convirtiera en una expresión popular que trascendió los terrenos futbolísticos.
“La fenomenal ´Chiquitibum´ no sólo ayudó a consolidar la marca de cerveza que representaba, sino que como estudiante de dramaturgia, también reflejó la capacidad de la publicidad para generar un gran símbolo cultural desde el Estadio Azteca”, afirma Leticia Claudia Frías, escritora apreciada, culta e inteligente especialista en la materia egresada de la Universidad Iberoamericana (UIA), quien añade:
“Durante el Mundial de 1986, la figura de Mar Castro fue omnipresente en televisión, prensa y eventos promocionales, convirtiéndose en un símbolo de alegría, apoyo a la selección mexicana y celebración nacional”, destacando que “más allá de su rol en la publicidad, Castro también abrió camino para una nueva era en la industria del modelaje y el entretenimiento en México”.
Deja en claro que su éxito como figura mediática inspiró a otras mujeres jóvenes a incursionar en el mundo de la publicidad y la televisión, marcando un hito en la forma en que se representaba la figura femenina en los medios de comunicación del país.
A pesar de que Mar Castro decidió alejarse de los reflectores poco tiempo después de alcanzar la fama, su impacto perdura, pues su participación en aquel comercial no sólo se recuerda como un momento icónico del Mundial de 1986, sino como un ejemplo del poder de la publicidad para definir momentos históricos y culturales.
En la actualidad, su historia es recordada con nostalgia, especialmente entre quienes vivimos esa época de gloria futbolística en México que, en sus botines, medias y calzoncillos, representaron y defendieron los colores de la nación tan urgida de victorias.
Los tricolores conducidos por el versátil y poliédrico “Bora” Milutinovic fueron Pablo Larios, Ignacio Rodríguez, Fernando Quirarte, Javier Aguirre, Hugo Sánchez, Tomás Boy, Armando Manzo, Carlos Muñoz, Carlos de los Cobos, Cristóbal Ortega, Javier Hernández –el “Chícharo I- y Alejandro Domínguez.
Además, como detalle mayor, también hay que añadir los nombres de seis pumas del equipo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): Rafael Amador, Miguel España, Manuel Negrete, Luis Flores, Mario Trejo y Raúl Servín, integrantes de un grupo excepcional de futbolistas dirigido por Milutinovic, único director técnico a cargo de cinco selecciones nacionales a lo largo de su vida.
Lejos estaba el serbio de imaginarse -comiendo una tarde en el Chalet Suizo de la calle de Génova 35 en la Zona Rosa capitalina en compañía de Rafael Serrano, sabio comunicólogo unamita-, que con los años no solamente dirigiría a jugadores mexicanos en 1986, sino a costarricenses en 1990, a estadounidenses en 1994, a nigerianos en 1998 y a chinos en 2002, rompiendo así un récord nunca igualado.
Aunque su aparición fue breve, la “Chiquitibum” se mantiene como un símbolo de entusiasmo, y unión nacional, una figura que encapsula la pasión por el deporte y la cultura festiva mexicana, a la fiesta del alarido a la que tan dados somos los mexicanos -en definición plus cuanperfecta de don Manuel Seyde, nuestros maestro y guía desde antes de esos tiempos de las patadas.
*Premio Nacional de Periodismo:
“Historinhas do futebol brasileiro”(2014). (Por 123 crónicas).
“Nalifka, aroma de Rusia” (2018). (Como enviado especial).
