fbpx

trabajo 02INDONESIA, 16 de enero (Al Momento Noticias).- Hay gente para la que su trabajo es un infierno y otra que, literalmente, trabaja en el infierno. Es el caso de los 400 mineros que se ganan la vida sacando azufre del volcán Kawah Ijen, al este de la isla indonesia de Java.

Para ello, tiene que bajar cada día hasta el fondo de su cráter, donde el gas sulfuroso que emana de las entrañas de la Tierra se solidifica al entrar en contacto con el aire. Tras arrancar grandes rocas de azufre, que en total llegan a pesar unos 70 kilos, las acarrea en dos cestas de bambú que carga sobre sus hombros a través de escarpados senderos de piedra.

Son sólo 250 metros hasta la cima del volcán, que se eleva a 2.386 metros de altitud, pero los exhaustos porteadores tardan más de 40 minutos en ascender a paso de tortuga, guardando el equilibrio y midiendo con tiento sus pasos para no resbalarse y caer por el precipicio. Saben que cualquier traspié podría costarles la vida, como le ocurrió a una turista francesa que se despeñó hace años por los riscos del Kawah Ijen.

Una vez arriba, se abren paso entre los turistas que los fotografían como si fueran monos de circo y, cargando fatigosamente las pesadas canastas, caminan tres kilómetros hasta la balanza que una compañía minera ha situado un poco más abajo, a 1.850 metros de altura.

Se trata de PT Candi Ngrimbi, una empresa que explota desde 1960 el volcán y, nunca mejor dicho, a sus trabajadores, a los que paga 662 rupias indonesias (5 céntimos de dólar) por cada kilo de azufre. Luego lo vende por 10.000 rupias (83 céntimos de dólar) a la industria petroquímica, ya que este mineral está generalizado en la vida cotidiana y se usa para fabricar cerillas, fuegos artificiales, cosméticos, dinamita y hasta para blanquear el azúcar.

“Como lo normal es cargar 70 kilos, sacamos unas 46.000 rupias (3,8 dólares) en cada viaje”, explica un minero, quien suele efectuar tres portes diarios. Tarda tres horas en cada uno y acaba molido, pero le permiten juntar 138.000 rupias (11,5 dólares) al final del día. Aunque parece una miseria para tan inhumano esfuerzo, es el triple de lo que ganaría en el campo. “El jornal de los mineros es muy alto aquí, donde la recolección del café se paga a 15.000 rupias (1,2 dólares) el día y el salario medio mensual es de dos millones de rupias (167 euros)”, aclara el porteador, que antes trabajaba como albañil en la turística isla de Bali. Allí, su sueldo era de 75.000 rupias (6,2 dólares) al día y el tajo no era tan duro, pero se ha vuelto con su familia a Banyuwangi, un pueblo cercano al volcán, por una razón de peso que, en Indonesia, resulta tan contundente como el azufre: “Me casé con una joven de Bali, donde son hinduistas, y la he traído a Java para que se convierta al Islam”.

La mina de Ijen es un sitio único en el mundo en el que se extrae el azufre de forma tradicional, sin la ayuda de ningún tipo de maquinaria. Los mineros tienen canalizadas las fumarolas sulfúricas del volcán a través de tuberías de cerámica. En ellas se condensa parte del dióxido de azufre que, tras convertirse en un líquido de color rojo intenso, desciende hasta el suelo. Al enfriarse, se solidifica convirtiéndose en el mineral amarillo que todos conocemos.

trabajo 01Los mineros caminan dos horas ladera arriba para llegar al cráter, a 2.836 metros de altura. Cargan agua, arroz frito, tabaco y un mechero. Desde antes del alba atraviesan un bosque que desaparece al llegar al cráter, en pocos metros, como si alguien hubiera arrancado los árboles, reventado la tierra: un rayo, una bomba, tres erupciones volcánicas que hace 3.500 años crearon una caldera de casi 25 kilómetros de diámetro formada por seis picos volcánicos de entre 1.200 y 3.050 metros. El paraje es paradójico, vivo y eterno, rocas gigantescas y afiladas buscan las nubes alrededor de un lago inconmovible.

Cuenta la leyenda que el volcán siempre saluda a sus visitantes y que el forastero debe interpretar las andanadas de humo como bienvenida, advertencia o prohibición. Para la ciencia, más aséptica, todo depende las condiciones meteorológicas. Si hay viento, sus ráfagas esparcirán el humo por el cráter asfixiándolo todo. Si no, ascenderá en una columna monolítica. Pero los humanos vivimos más de creencias que de verdades…

Donde hay hambre no hay pan duro, ni piedras irrompibles, ni humo asfixiante. Hay desgaste, cicatrices, llagas en los hombros, cortes en las manos, artrosis, escoliosis… La consecuencia visible de picar y cargar piedra cada día. Dolor cotidiano, como el humo, el agua o el azufre. “El cuerpo duele por falta de hábito al principio, las primeras semanas. Pero los músculos y los huesos son como el bambú, aguantan más de lo que parece, mucho más”, desdramatiza uno de los mineros miestras se fuma un cigarro.

Aunque el azufre quema la garganta y escuece los ojos cuando el viento cambia de improviso y atrapa a los mineros en las espesas columnas que salen del volcán, son tan duros que ninguno se queja de sufrir enfermedades graves… más allá, claro está, de sus habituales problemas respiratorios, artrosis, dolores en las rodillas y llagas en los hombros, que se han malformado por el peso de las cestas.

Impacto medioambiental

Sus filtraciones a ríos cercanos contaminan más de 35 kilómetros cuadrados de cultivos, reduce su producción agrícola y, por tanto, los salarios de la zona, y además provoca un descenso de la biodiversidad y un aumento de enfermedades graves como la fluorosis. El consumo de agua contaminada podría causar trastornos en el crecimiento y reducir la esperanza de vida de sus habitantes. Y donde no lo empapa todo, lo riega con lluvia ácida, tan cotidiana como contaminante.

Reducir los daños de las filtraciones sería tan sencillo como construir un túnel para llevar el agua ácida hasta el mar, pero ni el gobierno de Java ni la empresa explotadora se plantean hacerlo. Mientras tanto, la empresa energética Medco plantea aprovechar el potencial geotérmico del volcán, que podría generar hasta 110 megavatios.

Además de quebrantar huesos y derechos, el método extractivo utilizado en Ijen es poco eficaz: sólo se extrae el 20% de su potencial. Este método de extracción manual, habitual en volcanes de Chile, Italia o Nueva Zelanda, desapareció a finales del s. XIX. Existen algunas minas volcánicas en los Andes, pero todas fueron modernizadas.

Preguntados por la mecanización, la respuesta es tajante: “el día que eso llegue, la mayoría perderemos el trabajo. Eso afectará a nuestras familias, al futuro de nuestros hijos. A los turistas eso parece horrible porque miran con sus ojos, piensan que somos esclavos. No se equivoquen, sabemos lo que hacemos, elegimos trabajar aquí y aquí seguiremos mientras la mina continúe, el cuerpo aguante y el volcán quiera”.

AMN.MX/fm

Comentarios

comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *