Teresa Gil
laislaquebrillaba@yahoo.com.mx
Preocupante la información de que una quinta parte de los mexicanos tienen diabetes. De acuerdo a los datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut), esta enfermedad se vincula a la obesidad y la hipertensión, la primera con al menos 40 por ciento de esos adultos y la segunda de 30 por ciento a partir de los 18 años. Ante la situación, especialistas del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y del IMSS- Bienestar, han tomado el problema en sus manos, no solo para alertar a la población, sino para plantear soluciones. El que se haya agravado tanto esa situación, tiene mucho que ver con el abandono que se dio a esos problemas en el sexenio de Enrique Peña Nieto, cuando se advirtió de su aumento. Aquí, en una crónica de esa época, se destacó de la demanda permanente e inútil que hicieron ante Mikel Arrriola Peñalosa, muchas organizaciones de la sociedad civil- el Barzón entre ellas-, para exigirle el cese a la promoción de alimentos chatarra, pero el que fue director de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios ( Cofepris), director del IMSS y precandidato del PRI a la CDMX, permaneció sordo. Es importante recordarlo a continuación para saber como se fue aumentado el problema.
SE EXIGIERON CAMBIOS EN EL CONSUMO DE AZÚCAR, QUE NO SE ATENDIERON
Sobre el problema de la diabetes, las primeras demandas que exigían limitar el consumo de azúcar de los refrescos, se iniciaron en 2011 y siguieron durante los casi cinco años en los que el señor Arriola permaneció al frente de la mencionada Cofepris. Las encabezaban organismos como Salud Crítica, Alianza por la Salud Alimentaria y otras que se apoyaban en los reglamentos de la Organización Mundial de la Salud, para exigir cambios formales a la comisión sobre el uso de empresas mexicanas y transnacionales, respecto al etiquetado, los porcentajes de consumo de azúcar y grasa y la eliminación de la promoción a destajo de alimentos chatarra. Los datos fueron traídos a colación y publicados en medios de comunicación pero a la par se reprodujeron las cifras de diabetes y obesidad que agredían a México y que en esencia constituyen en el primer caso, una de las principales causas de muerte en el país. La propia OCDE, cercana al gobierno peñísta, hizo hincapié en México, uno de sus países aglutinados, como el primer lugar en obesidad, en tanto que INEGI destacó el aumento de las cifras de la diabetes 2, en un porcentaje que casi llegaba en ese entonces, al 10 por ciento.
DURANTE AÑOS EN COFEPRIS Y DESPUÉS EN EL IMSS, ARRIOLA NADA RESOLVIÓ
Todos esos márgenes de aumento en la salud de los mexicanos, se dieron cuando el señor Arriola estaba en la Cofepris, en la que duró del primero de marzo de 2011 al 8 de febrero de 2016 cuando arribó a la dirección del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). En este, impulsó medidas administrativas, la famosa Unifila entre ellas, para el desahogo de citas. En ese inter de 22 meses, Arrriola visitó varios estados, en los que sus premisas eran muy diferentes a las del IMSS, -ya se notaba su aspirar político-, e inició la búsqueda de mejorar la situación financiera de la institución que ya estaba encaminada por la anterior dirección. Hubo además una larga campaña, muy costosa, en los medios de comunicación, como precandidato, para anunciar mejorías que no siempre se evidenciaron. La revista Proceso publicó además, en torno ese personaje el 11 de diciembre de 2017, una información sobre la autorización de Arriola en su paso por la Cofepris, al uso de la vacuna del dengue, que había sido refutado por el Instituto Nacional de Salud ante la peligrosidad de aplicarlo a personas que no han sido infectadas, pero que el funcionario no tomó en cuenta. Se trataba según el medio, de darle cobertura a la venta masiva de la vacuna de origen transnacional, Dengvaxia.
HERBERT GEORGE WELLS Y EL HOMBRE INVISIBLE QUE NO ATENDIÓ ADVERTENCIAS
El dominio ineficaz de un conocimiento lleva a resultados desastrosos. Ese puede ser uno de los principales mensajes que envió Herbert George Wells al escribir su novela de ciencia ficción El hombre invisible (Editorial Anaya 2005, muchas editoriales). Publicada por entregas desde 1897, ha sido desde entonces un clásico de la teoría del científico que no logra concretar su experimento. Wells, escritor inglés, desaparecido en 1946, también incursionó en la política y usó la ciencia ficción para exponer lo que realmente era su posición sobre la ciencia y la técnica. En su biografía se destaca la confianza que tenía en el ser humano para que utilizara esos recursos en beneficio de los demás. Por desgracia, no todos piensan igual y lo estamos viendo en muchos que transitan en la política mexicana. Griffin, el joven científico que se aventuró a ser invisible sin dominar la fórmula que el propio Wells sintetiza en su novela, va por los pueblos ocultando su fracaso e intentando revertir los resultados. Solo lo consigue con su muerte. Impresiona contemplar -así solo sea en las letras de Wells-, al joven Griffin tirado en su defenestración, pálido, exangüe, con el pelo blanco de un albino. La lucha había terminado. Novela corta, un poco repetitiva, con pocas esperanzas para el personaje -pese a la conmiseración que causa-, Wells es determinante al juzgar a Griffin. La situación lo ha hecho egoísta, abusivo, insultante y ha perdido el respeto absoluto por la vida de los demás.




