Rajak B. Kadjieff / Moscú, Rusia
*Adorarlo, odiarlo y conocerlo.
*Veneno y lodo durante un siglo.
*Prensa y consorcios mediáticos al ataque.
*Confusión entre “revolución”, “progreso” y “libertades”
*Carta con tótems”, único escrito leninista nunca descifrado.
Oleg Yasinsky, analista de la trayectoria de grandes personajes de la historia de la Unión Soviética cree que no ha existido otro personaje en contra quien los gobiernos del ‘mundo civilizado’, las colonias que lo sostienen y sus medios de comunicación, le hayan vertido tanto veneno y lodo.
“La prensa y en general los consorcios mediáticos en manos de los poderes capitalistas, tan variada y tan parecida en todas partes, ha cumplido y ha superado con creces la tarea encomendada”, se anima a decir el politólogo radicado en Inglaterra desde 1992.
Asegura que a principios del siglo XX, Vladímir Ilich Uliánov -Lenin- supo instalar para el quehacer político una vara tan alta, que todavía no ha sido superada por nadie: “Obviamente, si entendemos como ‘política’ la lucha cotidiana por el bienestar de la gente común, y cuando no confundimos la idea de ‘bienestar’ con la del nivel de consumo de cosas.
“En los cien años pasados desde su muerte -dice Yasinsky-, nos han estado confundiendo tanto con los conceptos de ‘revolución’, ‘progreso’ y ‘libertades’, que ahora más que nunca cuesta devolvernos al sentido inicial de esas palabras, tan necesarias y tan abusadas”.
Antes de adorar u odiar a Lenin, primero deberíamos tratar de conocerloy para ello es importante prescindir de las ‘wikipedias’, ‘history channels’ y otros pozos de ignorancia colectiva, además de que también es imprescindible aprender, eso que tanto nos pedía hacer él: ‘¡estudiar, estudiar y una vez más, estudiar!’.
El primer escrito conocido de Lenin es el único que nunca fue descifrado. De hecho, tampoco es un escrito, más bien es un dibujo. Lo hizo el estudiante provinciano ruso Vladímir Uliánov cuando tenía doce años de edad.
Lo tituló “Carta con tótems” e imitando el famoso pictograma, conocido como “Solicitud de las tribus indígenas al Congreso de Estados Unidos”, una carta para otro niño, su compañero Borís Farmakovski, que de grande se convertiría en un destacado arqueólogo.
Esa escritura pictogáfica hecha por el adolescente Uliánov, en marzo de 1882, se conserva en el Museo Estatal de Historia de Moscú, y en ella están dibujados un samovar, un cangrejo de río, una cigüeña, una serpiente, una rana, un cerdo y abajo una imitación de la pintura rupestre, al lado de un paisaje bucólico ruso.
En los cuerpos de todos los seres y hasta en el samovar están pintados unos corazones, y en vez de papel, el niño usó el material más antiguo de las escrituras rusas: berestá, una corteza blanca de abedul.
¿A qué tiempos y desde dónde se dirigiría este mensaje hecho por la mano de quien unas cuatro décadas después cambiaría la historia?
Hay quienes elogian su recuerdo, que solo por sí mismo, es una amenaza mortal del futuro para el pasado, y de la arcilla de la historia, la que siempre es una mezcla de sangre, barro y semillas, Vladímir Lenin comenzó a moldear una figura, difícilmente comprensible para muchos por su enorme tamaño, grandiosa en su imperfección.
Manifiestan que es el primer esbozo de una sociedad libre del egoísmo, de la ordinariez y la tiranía de los bienes materiales. Una dictadura de la conciencia. El primer ensayo de nuestro sueño antiguo con una Humanidad que aprende a caminar cayendo muchas veces y levantándose siempre.
Obras como las de Lenin pueden ser apreciadas solo desde el cosmos o desde el pasar de los siglos, por eso muchos contemporáneos de él no supieron ver nada, aparte de sus zapatos enlodados en el andar de un paisaje sin caminos de la época.
Sus seguidores aseguran que sin Lenin, ni Ernesto Guevara, ni Fidel Castro, ni Salvador Allende, ni Ho Chi Min, ni ninguno de los que hoy el sistema trata tan insistentemente de separar de su gran sombra, hubiera sido posible.
“Todos los hombres y mujeres de hoy, nos guste eso o no, somos también en muchos sentidos el resultado de un cataclismo político mundial con epicentro en Rusia, nacido de la fuerza telúrica de su genio”, señala el escritor ruso Lev Danilkin.
Autor de una de sus biografías, escribió: “Lenin, el Pantocrátor de partículas de polvo del Sol”, y en una de sus entrevistas dijo: “Creo que es muy importante que fuera extrañamente risueño. Es un rasgo de su carácter.