fbpx La voz del nuevo beato sigue resonando: Papa Francisco | Almomento | Noticias, información nacional e internacional

monseñor 04SAN SALVADOR, EL SALVADOR, 23 de mayo (Al Momento Noticias).-Tal como estaba previsto, a las 10:00 de la mañana en punto inició la ceremonia de beatificación de Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Mil 400 religiosos, distintas delegaciones internacionales y miles de feligreses son testigos del nacimiento de un nuevo beato, el primero para El Salvador.

Cerca de mil 400 sacerdotes formaron parte de los rituales especiales por la beatificación. Los religiosos se reunieron a tempranas horas en el seminario San José de la Montaña para llegar hasta el epicentro del acto.

Ahí se encontraban reunidos también el presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén y su esposa Margarita de Cerén, ministros de gobierno, representantes de delegaciones internacionales, presidentes de países de Latinoamérica, algunos diputados y alcaldes.

Las campanadas en la plaza indicaron el inicio de la ceremonia litúrgica, la cual llamó a los miles de seguidores, tanto nacionales como internacionales, a incorporarse al acto.

El cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos, ingresó con un séquito de religiosos y varios escoltas al escenario desde el cual se celebrará la misa.

Luego de que el cardenal Amato diera la bienvenida e inicio del acto, Vincenzo Paglia, postulador de la causa, se encargó de leer una breve biografía de la vida y martirio del próximo beato.

“Romero sintió el amor del pueblo. Fue para su país e iglesia entera un pastor que defendió a los pobres”, leyó el postulador.

Luego, Amato leyó una carta enviada por el papa Francisco para la ceremonia. Esta estaba escrita en latín por tratarse de un acto oficial de la iglesia. En resumen, esta facultaba a Óscar Arnulfo Romero  ser un beato.

El papa Francisco envió el sábado una carta al arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar Alas, en ocasión de la beatificación de monseñor Oscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980.

“La beatificación de monseñor Oscar Arnulfo Romero Galdámez, que fue Pastor de esa querida Arquidiócesis, es motivo de gran alegría para los salvadoreños y para cuantos gozamos con el ejemplo de los mejores hijos de la Iglesia. Monseñor Romero, que construyó la paz con la fuerza del amor, dio testimonio de la fe con su vida entregada hasta el extremo.

El Señor nunca abandona a su pueblo en las dificultades, y se muestra siempre solícito con sus necesidades. Él ve la opresión, oye los gritos de dolor de sus hijos, y acude en su ayuda para librarlos de la opresión y llevarlos a una nueva tierra, fértil y espaciosa, que emana leche y miel œ (cf. Ex 3, 7-8). Igual que un día eligió a Moisés para que, en su nombre, guiara a su pueblo, sigue suscitando pastores según su corazón. apacienten con ciencia y prudencia su rebaño (cf. Jer 3, 15).

En ese hermoso país centroamericano, bañado por el Océano Pacífico, el Señor concedió a su Iglesia un Obispo celoso que, amando a Dios y sirviendo a los hermanos, se convirtió en imagen de Cristo Buen Pastor. En tiempos de difícil convivencia, Monseñor Romero supo guiar, defender y proteger a su rebaño, permaneciendo fiel al Evangelio y en comunión con toda la Iglesia. Su ministerio se distinguió por una particular atención a los más pobres y marginados. Y en el momento de su muerte, mientras celebraba el Santo Sacrificio del amor y de la reconciliación, recibió la gracia de identificarse plenamente con Aquel que dio la vida por sus ovejas.

En este día de fiesta para la Nación salvadoreña, y también para los países hermanos latinoamericanos, damos gracias a Dios porque concedió al Obispo mártir la capacidad de ver y oír el sufrimiento de su pueblo, y fue moldeando su corazón para que, en su nombre, lo orientara e iluminara, hasta hacer de su obra un ejercicio pleno de caridad cristiana.

La voz del nuevo Beato sigue resonando hoy para recordarnos que la Iglesia, convocación de hermanos entorno a su Señor, es familia de Dios, en la que no puede haber ninguna división. La fe en Jesucristo, cuando se entiende bien y se asume hasta sus últimas consecuencias genera comunidades artífices de paz y de solidaridad. A esto es a lo que está llamada hoy la Iglesia en El Salvador, en América y en el mundo entero: a ser rica en misericordia, a convertirse en levadura de reconciliación para la sociedad.

Monseñor Romero nos invita a la cordura y a la reflexión, al respeto a la vida y a la concordia. Es necesario renunciar a “la violencia de la espada, la del odio, y vivir la violencia del amor, la que dejo a Cristo clavado en una cruz, la que se hace cada uno para vencer sus egoísmos y para que no haya desigualdades tan crueles entre nosotros”. Él supo ver y experimentó en su propia carne el egoísmo que se esconde en quienes no quieren ceder de lo suyo para que alcance a los demás”. Y, con corazón de padre, se preocupó de las mayorías pobres”, pidiendo a los poderosos que convirtiesen “las armas en hoces para el trabajo”.

Quienes tengan a Monseñor Romero como amigo en la fe, quienes lo invoquen como protector e intercesor, quienes admiren su figura, encuentren en él fuerza y ánimo para construir el Reino de Dios, para comprometerse por un orden social más equitativo y digno.

Es momento favorable para una verdadera y propia reconciliación nacional ante los desafíos que hoy se afrontan. El Papa participa de sus esperanzas, se une a sus oraciones para que florezca la semilla del martirio y se afiancen por los verdaderos senderos a los hijos e hijas de esa Nación, que se precia de llevar el nombre del divino Salvador del mundo.

Querido hermano, te pido, por favor, que reces y hagas rezar por mí, a la vez que imparto la Bendición Apostólica a todos los que se unen de diversas maneras a la celebración del nuevo Beato”.

AMN.MX/fm

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