Por José Luis Camacho López
Para satisfacción del proconsulado de Ronald Johnson, el Senado de la República aprobó a ciegas la presencia en territorio mexicano de fuerzas especiales estadunidenses para llevar a cabo tareas hasta el 17 de julio de este año de adiestramientos de marinos y militares de nuestras fuerzas especiales que pueden resumirse en contraterrorismo y otras funciones.
Ronald Johnson es un mensajero de Trump muy atento al acontecer mexicano tratándose de hechos que vinculas a las urgió alas organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico, al comentar el caso de una menor intoxicada con fentanilo en Puebla.
Esta lista ilustra esas urgentes tareas para el Senado mexicano: Adiestramiento en patrullaje táctico; Liderazgo de tropas; Medicina táctica; Sistemas de comunicación; Combate urbano y rural; Combate cercano; Puntería avanzada; Operaciones de francotirador; Neutralización de artefactos explosivos improvisados; Uso de drones; buceo de combate y de infiltración marítima. Todo un curso de anti terrorismo.
La senadora Alejandra Barrales Magdaleno, de Movimiento Ciudadano(MC) fue una de las legisladoras en cuestionar la falta información sobre este presencia bélica estadunidense en territorio mexicano, en una corta sesión del Senado de la República, para aprobar el ingreso de otros 12 militares estadunidenses en una segunda etapa de llegada al país de fuerzas extranjeras, con la misión de entrenar tropas mexicanas
Durante la sesión senatorial del 11 de febrero pasado para aprobar el ingreso de otros 19 militares estadunidenses de sus fuerzas especiales fue recurrente entre algunas senadoras, la demanda de información sobre estos acuerdos entre el gobierno mexicano y el de Estados Unidos para estas presencias militares extranjeras.
Esta petición a la presidenta Claudia Sheinbaum la hicieron desde curules Lucía Trasviña Waldenrath y Manuel Huerta Ladrón de Guevara, de MORENA, integrantes de la Comisión de Marina.
Esta solicitud de información, según el comunicado del Senado que dictaminó sobre este asunto, la aprobó incluirla en la solicitud a la titular del Ejecutivo Federal para que se informe al Senado sobre el ejercicio de adiestramiento y cooperación entre fuerzas norteamericanas y fuerzas mexicanas.
El hecho que estas dos aprobaciones de presencias militares estadunidenses se han efectuado en el Senado sin información completa y pertinente de estas fuerzas especiales del Comando Norte para un ejercicio de adiestramiento especializado a miembros de la Unidad Naval de Operaciones Especiales de la Secretaría de Marina, cuando el presidente Donald Trump no cede en su obstinada terquedad de enviar sus fuerzas a combatir a los narcos mexicanos.
En la primera aprobación de los 19 elementos estadunidenses Integrantes del Equipo SEAL 2 de la Marina estadounidense participan del 15 de febrero al 16 de abril de 2026 en un ejercicio denominado “Mejorar la capacidad de las Fuerzas de Operaciones Especiales”.
Un ejercicio que se realiza en el Centro de Capacitación y Adiestramiento Especializado de Infantería de Marina en San Luis Carpizo, Campeche y en la jurisdicción del Sector Naval Carmen, en Ciudad del Carmen.
En el segundo caso los 12 elementos del 7/o. Grupo de Operaciones Especiales del Comando de Operaciones Especiales Norte de Estados Unidos participan en el evento en el Centro de Adiestramiento de Fuerzas Especiales (Temamatla, Estado de México); el Centro de Adiestramiento Regional de la I Región Militar (San Miguel de los Jagüeyes, Estado de México), y en la Base Aérea Militar No. 4 (Cozumel, Quintana Roo).
En la primera autorización la presencia de esos 19 elementos de fuerzas extranjeras en Senado de la República, la aprobación fue casi unánime con los votos de 105 senadoras y senadores para el ingreso a territorio nacional de 19 elementos de la Marina de los Estados Unidos. Según el boletín del misma colegisladora, participar se trata de “un ejercicio de adiestramiento especializado, en colaboración con la Unidad Naval de Operaciones Especiales de la Secretaría de Marina”.
La senadora Barrales insistió en su solicitud de información dados los sobrevuelos de drones en territorio mexicano, pero sobre todo “para entablar un diálogo republicano con el titular de la Secretaría de Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, a fin de conocer la estrategia y la ruta, ya que es importante que el apoyo a las solicitudes de este tipo no se confunda con un consentimiento”.
El comunicado del Senado de la República del 11 de febrero aduce sin más información que al fundamentar el dictamen de la autorización, la secretaria de la Comisión de Marina, Raquel Bonilla Herrera, del MORENA, que “ la entrada de militares extranjeros es una de las facultades exclusivas del Senado de la República, que constituye uno de los mecanismos más claros de control democrático en materia de defensa y seguridad nacional”.
En efecto, el Artículo 76 de la Constitución autoriza al Ejecutivo “el paso de tropas extranjeras por el territorio nacional y la estación de escuadras de otra potencia, por más de un mes, en aguas mexicanas”, pero sin detalles concretos para justificar esta presencia militar extranjera.
Para rematar la senadora Bonilla se confunde más al afirmar que “México es una nación soberana que ejerce plenamente su autodeterminación, mientras que su política exterior se rige por principios claros de no intervención, solución pacífica de controversias, cooperación internacional para el desarrollo y el respeto al derecho internacional”. Pero ahí está Cuba donde no lo ejerce con la venta de petróleo a la isla socialista porque Trump lo impide.
Según esta ilustre senadora Bonilla que pasará a la historia de los intríngulis, esta cooperación “no implica subordinación ni cesión de competencias; por el contrario, constituyen un ejercicio de coordinación regulada que fortalece las capacidades nacionales, bajo conducción civil y con pleno control del Estado mexicano”.
Y según la senadora Ruth González Silva, del PVEM, “el intercambio de conocimientos entre México y Estados Unidos ayuda a proteger a la ciudadanía y a la soberanía, además de que la cooperación internacional en seguridad es una herramienta legítima y esencial para el desarrollo de nuestro país”.
Así está el Senado, con un nudo gordiano de expresiones intríngulis, ni con anteojeras, va cumpliendo la agenda del procónsul Ronald Johnson.
