Por José Luis Camacho López
Vía rápida el Senado de la República aprobó la presencia en México de 31 marines de las fuerzas especiales estadunidenses que tienen el objetivo de entrenar a militares mexicanos en momentos en que la presidenta Claudia Sheinbaum definió ya sin ambigüedades ni circunloquios suspender los contratos petroleros con la República Socialista de Cuba y justificarlos con ayudas humanitarias.
Trump ha logrado su objetivo de minar la política exterior mexicana, vulnerar su capacidad de autodeterminación y no intervención en nuestros asuntos internos, como es fijar las relaciones del Estado Mexicano con sus vecinos del Caribe o del sur del continente o de otra parte del orbe.
La presidenta ha optado por los intereses mexicanos representados por el tratado de libre comercio con el norte, vinculados estrechamente a la inversión extranjera; de los grandes empresarios mexicanos; con una débil condición de una economía que no crece; la violencia desatada de los grupos organizados de la delincuencia que atacan distintos flancos en el país, Sinaloa, Guanajuato, los preferentes. En un panorama creciente de ahondadas y complejas debilidades de nuestro país ante las amenazas del poderío militar tecnológico estadunidense.
Una pésima señal para la inversión extranjera es el secuestro y asesinato de trabajadores mineros mexicanos que laboraban para una empresa canadiense en Sinaloa, se supone el estado más vigilado..
Entre dos secretarios de su gobierno se ha determinado la cuestión cubana: la secretaria de Economía de Marcelo Ebrard y de la cancillería a cargo de Juan Ramón de la Fuente. Gana la economía, como arguyó un sabio redentor.
Trump quebrantó arteramente la soberanía mexicana en el gobierno de nuestra presidenta. Ni en las presidencias del partido de Estado de José López Portillo o de la alternancia con Vicente Fox ocurrió en tan descarnada y vil forma. Ambos mandatarios por exigencias de los presidentes Ronald Reagan y George Bush aceptaron de forma tan humillante para el país, retirar invitaciones a Fidel Castro para la Reunión Norte-Sur en 1981 y en Monterrey sobre financiamiento al desarrollo convocada por las Naciones Unidas en 2002.
El ingeniero Gonzalo Martínez Corbalá, como diplomático, le tocó ir a justificar el retiro de la invitación a Castro para la reunión de Cancún, donde llegó el presidente socialista Francois Meterrand, contra quien no hubo un pero de Washington, solamente contra Castro. Cenas y te vas, le dijo Fox a Castro en una llamada telefónica que reveló el propio Castro y difundió Radio Educación, una histórica estación radiofónica ahora amenazada por la extinción en la 4T.
El vicecanciller cubano, en una entrevista con Luis Hernández Navarro, describe con precisión, sin aludir al caso mexicano, las condiciones de vulnerabilidad de la soberanía mexicana al suspender los tratos petroleros a su país y alinearse a los propósitos de Trump de cambiar el régimen político de Cuba por una democracia capitalista.
Carlos R. Fernández de Cossío, viceministro del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, lo dice: “La determinación de Washington de decirle al resto del mundo si pueden o no vender petróleo a Cuba significa que está acotando la soberanía de esas naciones”.
México la acotó por decir lo menos. Este es el caso del gobierno de la 4T que se ha doblado al emperador Trump y cancelado sus contratos petroleros con el gobierno de Cuba.
Trump ha violado nuestra capacidad de autodeterminación y ha intervenido en un asunto que compete al pueblo mexicano sobre sus relaciones con el pueblo y la nación de ese país con el que existen vínculos históricos.
Lazos que provienen desde la estancia en México de José Martí, símbolo de la independencia cubana; las gestiones del embajador cubano Manuel Márquez Sterling para salvar la vida de Francisco I. Madero y Pino Suárez; aceptar recibir guerrilleros mexicanos durante la guerra sucia y ser un motivo esencial para la defensa de la política exterior mexicana.
Cuba está más allá de las miopías de una derecha y ultraderecha mexicana silvestre y rapaz; y lo peor, entreguista con el emperador.
Toda esa memoria histórica entre dos pueblos, dos naciones, se han borrado dada la precaria situación del país ante el poderío político y militar de los Estados Unidos que ya lo probó en este siglo en Venezuela, al hacerla rehén de sus políticas expansionistas y dominación de la revivida y añeja Doctrina Monroe ahora conocida como Doctrina Trump.
La llegada de ese grupo de marines a México para entrenar a militares mexicanos, como dice el boletín del Senado de la República lo evidencia todo: “en patrullaje, procedimientos de liderazgo de tropas, medicina táctica, métodos de comunicación, combate urbano y rural, combate cercano, puntería avanzada, operaciones de francotirador, contra artefactos explosivos improvisados y drones, buceo de combate e infiltración marítima”.
El gobierno de la presidenta está en un verdadero embrollo para justificar la suspensión de los contratos petroleros con Cuba después de que ha enarbolado la defensa de la soberanía mexicana y su capacidad de autodeterminarse hecha en el evento en el teatro de la República, con motivo del aniversario de la Constitución.
El discurso humanitario de la presidenta para proporcionar alimentos a Cuba en lugar de asegurar los contratos petroleros es insuficientemente claro para nuestra soberanía y autodeterminación. Una reversa que festejan enloquecidos los sectores de la ultraderecha y derecha política y mediática mexicana, que hasta dar alimentos a la población cubana condenada al hambre por Trump en la siguiente fase de su intervención, los hace aullar.
La abstención en la votación del Senado para aceptar la solicitud de la presidenta Sheinbaum para aceptar el ingreso de los marines de Gerardo Fernández Noroña, al afirmar que en este momento la entrada de marinos estadunidenses no debería aceptarse “ni para plantar arbolitos” lo dice todo sobre nuestra soberanía y autodeterminación acotadas y ultrajadas.
La piedra de Sísifo: La ultrajada soberanía mexicana
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