Por José Luis Camacho López
El expresidente Andrés Manuel López Obrador ha salido de su retiro de la vida pública para defender a Cuba, pero sin el arrojo ni el carácter ni la determinación que tuvo el expresidente Lázaro Cárdenas al salir al Zócalo de la Ciudad de México en 1961 a condenar la invasión de Bahía de Cochinos, organizada por los órganos de espionaje del gobierno del presidente John F. Kennedy.
El general Cárdenas, ya sin cargo alguno en el gobierno, pretendió acudir a La Habana a defender la Revolución cubana. Era un expresidente sin dobleces ni temores de su posición política ante la Doctrina Monroe y levantar en alto la política exterior de México.
Cárdenas alzó la voz en el Zócalo de la capital contra el bloqueo que se tenía “por mar y tierra contra la isla a la que tratan de ahogar” como ahora al negarle el petróleo a Cuba el gobierno de la 4T, al someter al Estado mexicano a la prohibición del presidente Trump y unirse al bloqueo económico de hace más de seis décadas.
La prensa de ese momento, Fernando Benítez la llamó mercenaria, acusó al general Cárdenas de “comunista”, de “estar vendido y recibir el oro de Moscú”, de “traidor contra los intereses de México” y otras sandeces bárbaras; tal y como también ha sido duramente atacado López Obrador, ahora por la mayoría de los medios de información del país en manos de empresarios, porque simplemente pide apoyo económico a través de una cuenta bancaria, sin salir a la calle como lo hizo Cárdenas.
En Cárdenas por Cárdenas, narra el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas: en su gobierno de 1934 a 1940 “para Lázaro Cárdenas política exterior y política interior fueron partes inseparables de un mismo proyecto de nación. Rescate, respeto y ejercicio de la soberanía nacional, autodeterminación, paz, equidad, cooperación, solidaridad entre las naciones y los pueblos”.
Hoy en el gobierno de la IV Transformación de la República esa política exterior de autodeterminación y no intervención flaquea, se atropella. Al canciller Juan Ramón de la Fuente le debe ser muy difícil enarbolar esos principios que ondeaba el general Cárdenas con un Marcelo Ebrard y los empresarios mexicanos, que colocan la economía del incierto T-MEC sobre esos principios.
El expresidente López Obrador retoma algunas de las palabras pronunciada por el general Cárdenas al encabezar en el zócalo de la capital mexicana un mitin de condena a la intervención estadunidense armada en Cuba, utilizando mercenarios cubanos y de otras nacionalidades centroamericanas.
De acuerdo con el texto de López Obrador difundido en redes sociales y su cuenta de X, el expresidente escribió: “a quienes piensan que se trata de un pleito ajeno, les recuerdo lo que dijo el general Cárdenas cuando fue la invasión de playa Girón (en 1961): ‘no es lícito preconizar nuestra indiferencia ante su heroica lucha, porque su suerte es la nuestra’”.
López Obrador salió de su retiro para solicitar apoyos económicos en una cuenta de banco, a quien decida hacerlo, bajo el argumento de: “Estoy en retiro, pero me hiere que busquen exterminar, por sus ideales de libertad y defensa de la soberanía, al hermano pueblo de Cuba”.
Sin embargo, el expresidente no toca el fondo del conflicto de las relaciones entre México y Cuba con el gobierno del presidente Ronald Trump relacionado con la frustrada política exterior mexicana con el tema petrolero hacia Cuba.
El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, al hacerlos a un lado, permitió se vulneren los principios de autodeterminación de nuestro país y de no permitir intervención en nuestros asuntos a ninguna potencia extranjera.
La presidenta mexicana ha limitado su solidaridad con Cuba con ayuda humanitaria y reconoce como lo hizo en Nayarit que “recientemente hicieron otro cerco para que no llegue petróleo. Están sufriendo y es un pueblo hermano, cercano”. Pero, dijo la mañana del lunes, que lo hará “sin arriesgar a México”. ¿Para que no se enoje Trump?
Nuestra política exterior constitucional de México sustentada en esos principios de política exterior ha sido condicionada por el presidente Donald Trump, al prohibir al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum cualquier contrato petrolero con la República socialista de Cuba.
Trump ha prohibido que el Estado Mexicano ejerza, como lo ha hecho en otros momentos del país que esa historia esté viva, no sea solamente memoria, una política exterior clara y determinante, sin subterfugios ni ambigüedades.
La ayuda humanitaria enviada por la presidenta Sheinbaum es insuficiente, cuando lo que requiere es petróleo para resolver la grave crisis energética en la isla que motiva algunos incidentes por las protestas en zonas del interior del país y es provechada por las campañas de desinformación organizadas desde Miami.
La lección histórica del general Lázaro Cárdenas, quien llegó a enfrentar hasta una denuncia penal por manifestar públicamente su solidaridad con Cuba, crece en estos momentos en que en la suerte de Cuba está también la de México. Una situación que obliga al gobierno de la 4T a llevar a cabo esfuerzos políticos con el gobierno de Trump para evitar una escalada de costosas dimensiones para el pueblo cubano y su soberanía.
Cárdenas nunca dudó en solicitar asilo político a los jóvenes encabezados por el doctor Fidel Castro al gobierno del presidente Adolfo Ruíz Cortines para estar en México. Tampoco dudó en evitar, con la aprobación del presidente Manuel Ávila Camacho, que durante la Segunda Guerra Mundial, con ese pretexto, el gobierno estadunidense colocara una base militar en la Baja California.
Cárdenas era un expresidente que jamás renunció públicamente a su condición de ciudadano mexicano activo ni aceptó retiro alguno. Es uno de los mayores mitos que los expresidentes guarden retiro. López Obrador cae en esa trampa, de callarlo. A ver qué dicen de Zedillo que anda como chivo en cristalería desde Estados Unidos donde goza de cómoda estancia. Tampoco lo hace Salinas, ni Fox o Calderón, todos ellos maquinan sus redes políticas.
Esa fábula de que los expresidentes deben guardar silencio al culminar sus periodos sexenales, es uno de los mayores engaños políticos mexicanos.
Está muy claro el objetivo del gobierno del empresario Trump es silenciar al Estado Mexicano en su relación con la República de Cuba, sumarlo a un bloqueo mayor, de una intervención flagrante y violenta. Pretende Trump que el gobierno de la 4T acepte silencioso el futuro que le depara a la isla socialista cuando su procónsul en México lanza en su cuenta de X que la “mejor forma de ayudar al pueblo de la isla es “empoderándolo” contra el régimen cubano “que los ha oprimido durante décadas”. Es esa es la ayuda que Trump espera que la presidenta Sheinbaum destine para Cuba.
