Por José Luis Camacho López
Escudo de las Américas”, es el título que el presidente Donald Trump decidió para recibir en su hotel Doral de Miami a 12 mandatarios con el objetivo de anunciar una nueva guerra en América Latina y el Caribe con el uso del narcotráfico, como su instrumento político y militar de expansión intervencionista en la región.
Al grito de “Chile está de vuelta”, el presidente electo de Chile, José Antonio Kast Rist, fue el primero de los doce siervos de Trump en agasajar este vipéreo anuncio. De origen alemán, abogado egresado de la Universidad Pontificia Católica de su país, triunfó en diciembre pasado en la segunda vuelta sobre la candidatura de Jeannette Alejandra Jara Román, de la malograda coalición de izquierda chilena.
Kast Rist, a horas de tomar posesión del palacio de la Moneda, fue de los primeros en llegar a Miami al llamado de Trump. Estrechamente vinculado a la familia de Pinochet por un bufete Kast/Pinochet, en 1988 apoyó el Sí en el plebiscito nacional para la continuidad de la dictadura de Pinochet.
Defendió a los militares acusados de asesinatos y violaciones a derechos humanos durante la dictadura y llegó a decir que “si Augusto Pinochet siguiera con vida”, votaría por el general que derribó el gobierno de Salvador Allende en septiembre de 1973, en un sangriento golpe militar con el apoyo del gobierno del presidente Richard Nixon.
Completamente inclinado a censurar el derecho al aborto y los matrimonios homosexuales, Kast Rist era el más ardiente anticomunista de los doce vasallos presidenciales que le pidió a Trump “hacer lo posible” para que Cuba “recupere su libertad”. Antes de regresar a Chile, Kast compartió una fotografía donde estrecha entusiasmado la mano y casi besa al emperador republicano.
Cuba y México son los principales blancos de la recuperación que ha hecho Trump de las Doctrina Monroe y del Destino Manifiesto para sostener acciones militares de sus ejércitos ahora con misiles, a partir del Río Bravo hasta Cabo de Hornos.
De Cuba, Trump dijo que “está al final del camino” al referirse a la mayor crisis de la economía cubana provocada por el bloqueo de petróleo que decretó el maniático mandatario republicano, que el gobierno mexicano de la 4T siguió al pie de la letra al negar el energético a la república socialista.
A México lo califica como el “epicentro de la violencia criminal del hemisferio occidental” al advertir que nuestro país es una amenaza para la seguridad nacional de su país al estar, según el maniático emperador, controlado por los cárteles de la droga.
Para Trump no basta que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum cumpla con esa instrucción totalitaria de participar de su política de infringir a Cuba un daño mayor al sumarse al bloqueo imperial de hace más de 60 años, con esa negativa de enviarle petróleo.
Tampoco le basta al emperador de Washington que el gobierno de la 4T se coordine y colabore con sus políticas de freno a la inmigración, acepte la asistencia de la inteligencia de la CIA en la persecución de los cárteles mexicanos que tienen en la población estadunidense adicta a las drogas, su principal mercado de consumo y es el hipocentro del narcotráfico.
La presidenta recomienda cabeza fría en una situación de muy alta vulnerabilidad del país cuando están en juego la reanudación formal de los tratos comerciales con los Estados Unidos, en un callejón sin salida de las relaciones con la Casa Blanca que se achica cada vez más. Una coordinación y cooperación que será mayor con la vigilancia de su procónsul Ronald Jonhson.
De los 33 países de la región latinoamericana y del Caribe, esos doce decidieron aceptar en la Cumbre “Escudo de las Américas”, la política que Trump está decidido a desarrollar en todo el territorio de la región para perseguir como su pretexto de una mejor acabada colonización, a los cárteles del narcotráfico.
En una reunión tipo de un club de Toby, Trump hizo a un lado a la Organización de Estados Americanos (OEA), el organismo regional y órgano de consulta y diálogo político de los gobiernos del continente, que bajo su amparo se efectuaron las Cumbres de las Américas desde 1994, también bajo la tutela de los gobiernos demócratas.
Después de ocupar Venezuela, de poseer una influencia determinante en el rumbo de ese país, contar con la presidenta interina Delcy Rodríguez para un cogobierno y sacar “montos enormes de petróleo” y de la extracción del oro, de lo que se jactó con sus doce dóciles plebeyos latinoamericanos y del Caribe, para Trump sigue Cuba. “Cuba está al final del camino”, advirtió.
De sus doce y sumisos plebeyos, destacaron además del chileno José Antonio Kast Rist, el argentino Javier Milei, el salvadoreño Nayib Bukele, el ecuatoriano Daniel Noboa, hermanados por su completa abyección al mandatario republicano.
La ausencia de la presidenta Claudia Sheinbaum, del presidente Lula Da Silva y de Gustavo Petro en tal encuentro, es más que obvia, en un escenario donde Trump simplemente eligió a sus más completos allegados a rendirles tributo en el campo de golf de su hotel en Miami, como lo hizo Kast Rist.
Un ultraderechista llegó al poder presidencial en Chile por la ruptura de los consensos de las fuerzas de centro y de izquierda, como ocurre, adelantada ahora en México por las traiciones desertoras de los partidos Verde y Partido del Trabajo a la 4T, por los dineros y posiciones de élites en el Congreso.
México no está a salvo, según Joaquín López Dóriga, en el Departamento de Estado de Marco Rubio, se estudia las implicaciones legales de una intervención militar directa en México. Usarían herramientas de grandes simulaciones que la justifiquen.
Navegamos en la era de la incertidumbre.
