La piedra de Sísifo / Ken Salazar, el FBI, otro caso para la araña

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Por José Luis Camacho López

Pasada la euforia futbolística, el sueño efímero mexicano truncado por la selección de uno de los más arrogantes imperios,  de ser el país instrumento de la FIFA por el contrato en 2018  del último presidente priista   Enrique Peña Nieto,  que ató al país para servir de servilleta de un campeonato mundial, México vuelve a la cruda realidad de ser el país más intervenido y vigilado por los gobiernos de los Estados Unidos.

Pasado este episodio líquido y espumoso de una dependencia atroz con la economía neoliberal que domina los imperios del fútbol y sus marcas del libre mercado y todo su aparato mediático privado. De una suave patria mancillada por tres goles, de un romántico nacionalismo deportivo y su cielito lindo despertado en las millones de voces de las verdes camisetas, de una parodia de llantos al perder la selección mexicana en El Ángel, a lo largo del Paseo de la Reforma y en el mismísimo Zócalo,  de silenciar la protesta social para no molestar a la FIFA y los miles de fanáticos del Estadio antes Azteca, Banorte o México, amanecimos con la cruda realidad este lunes pasado como la describe un cartón de Magú.

 

Esa cruda realidad es la historia de esa compleja y dura dependencia, no interdependencia, entre las dos naciones. Proviene desde que estuvieron en el México de la colonia,  sin las carteras formales de diplomáticos, John H. Robinson en 1814 y  James Wilkinson, entre 1816 y 1825, y luego Joel R. Poinsett hasta 1829, un formal espía disfrazado de agente y después embajador  cuando estaba en marcha el Plan de la Doctrina Monroe en toda la América.

De todos los embajadores del imperio, entre los más peores, no solamente los del periodo de la guerra injusta de 1846 a 1848, David Conner y Nathan Clifford, figura quien encabezó el golpe de Estado contra el presidente Madero en 1913, Henry Lane Wilson.

De ahí para el real, México ha padecido como embajadores de distinto tipo y origen, empresarios venidos a menos, militares, actores, espías, amigos de los mandamás en turno de la Casa Blanca. Pero siempre representantes de Washington de la mano de la CIA, el FBI y la DEA.  De ellos John Gavin, el actor más virulento; y John Negroponte, de los más oscuros, de los más astutos o gentiles como Josephus Daniels, quien durante el periodo de Cárdenas y en la víspera de la Segunda Guerra Mundial, operó con sabiduría cuando el régimen nazi volteaba hacia México. El último, Ronald Douglas Johnson, probablemente el más acabado en la escuela de la inteligencia militar y entrenado en cumplir sus misiones.

Tenemos una historia de diversas conductas  diplomáticas de intervenciones o vigilancias del imperio, pero siempre con el mismo objetivo: una mano oscura y ancha sobre el país de la frontera norte al Río Suchiate.  En esa historia, la más reciente está sobre todos los gobiernos mexicanos del PRI y del PAN,  algunos tan dóciles como los Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y para cerrar este círculo de benefactores de la patria,  otro actor de la política como comedia mediática: Enrique  Peña Nieto. Todos con la misma tijera de limpiarle los zapatos al imperio.

De los diplomáticos, emisarios o espías del imperio del Salón Oval de la Casa Blanca,  Ken Salazar es el actor del más reciente suceso de un desencuentro con el gobierno de la 4T al ser acusado de mentir,  de que nunca supo nada del secuestro del capo  Mayo Zambada realizado con el patrocinio del FBI en julio de 2024 en territorio mexicano.

Un episodio  revivido porque el FBI decidió donar el avión Beechcraft King Air 200 modelo 1976 en el cual fue trasladado el capo sinaloense a territorio estadunidense para ser entregado y enjuiciado. Una donación altruista  al War Eagles Air Museum de Santa Teresa, en el estado de Nuevo México,  para ser exhibido durante dos años. Un avión que para el FBI era ya inservible para las acciones de la principal y más antigua agencia policiaca y del espionaje estadunidenses.

“El museo incorporó el avión como una pieza que busca mostrar cómo las organizaciones criminales pueden aprovechar la aviación y la importancia de la cooperación entre agencias de seguridad”, según el diario La Opinión,  un diario hispano de Los Ángeles, el motivo de la donación del FBI.

Este episodio forma parte de una curva de intervenciones y vigilancias  desafiantes al gobierno mexicano. Una historia que involucra como parte de esta puesta en escena al exembajador conocido como Ken Salazar, aunque su nombre completo es Kenneth Lee Salazar, uno de los más mediocres agentes diplomáticos del imperio del norte. Un abogado y senador de origen hispano de Alamosa, Colorado, con una turbia historia, nombrado por Joe Biden embajador en México en 2021. En 2006 llegó a ser acusado de proteger intereses petroleros en el Golfo de México,

Difícil atribuir a Ken Salazar, el risueño embajador del gobierno del demócrata Biden, haber estado enterado de esa operación del FBI. Los aparatos de seguridad nacional de los Estados Unidos carecen de esa costumbre. Sus historias dicen lo contrario, actúan al margen de cualquier tratado. En algún momento Ken fue regañado por su Departamento de Estado, de ser un asiduo visitante del palacio nacional para visitar al expresidente López Obrador.

 

La presidenta Claudia Sheinbaum lo acusa ahora de mentir sobre ese secuestro de Mayo Zambada del 25 de julio de 2024. El capo entre los capos más buscados   para el gobierno de López Obrador, sin la suerte que tuvo el FBI de contar con Ovidio para llevar a cabo esa operación y llevarlo a cruzar la frontera en un avión de la propia agencia policiaca, sin que el primer gobierno de la 4T tuviera indicios de su paradero en su rincón de Sinaloa.

El FBI sabía dónde estaba oculto el jefe narco.  Su fuente  previsible,  el hijo del Chapo Guzmán, Ovidio, quien ya había sido extraditado a Estados Unidos. Tan lo sabía que el FBI autorizó, como se sabe ahora, de una operación con un avión que ingresó al espacio aéreo mexicano sin que las autoridades mexicanas de Comunicaciones y Transportes, de las secretarías de la Defensa, Marina y de Seguridad pública tuviera algún dato sobre esa nave que entró y salió del territorio mexicano sin dar alarma al gobierno de la 4T.

En el informe de la actual secretaria de Gobernación y antes Secretaria de Seguridad y Proyección Ciudadana, Rosa Isela Rodríguez, arguye que el avión apagó o desconectó su localizador, por lo cual se colige que para el gobierno de López Obrador pasó de noche esa nave exhibida ahora por el FBI o si la hubo sería motivo de otra investigación.

Por estos días, en el que se revive el episodio del secuestro del Mayo Zambada por el FBI para ser usado junto con el Chapo Guzmán y sus hijos, como una de sus fuentes, resurge el pendiente de extradición del gobernador con licencia, Rubén Rocha Mayo y  siete  de sus colaboradores, ya que dos ya pidieron  clemencia en Cortes de Estados Unidos. Rocha Moya no es cualquier personaje de MORENA, es un personaje que representa parte del corazón de MORENA, uno de los más estrechos aliados y antiguos aliados del expresidente López Obrador.

La historia de un avión usado para sacar del país en forma clandestina del líder Mayo Zambada, uno de los capos que han controlado el narcotráfico desde el siglo pasado y permanecía impune para los gobiernos del PRI, del PAN y de MORENA, extraído del país por otro de los hijos, Joaquín,  del Chapo Guzmán, es una de esas turbias historias de las relaciones del poder público con el narcotráfico en México y Estados Unidos.

Se repite además el caso del doctor Humberto Álvarez Machian, secuestrado en su domicilio de Guadalajara en 1990 para ser presentado por medios violentos  y extralegales por el caso  de Enrique Camarena, el agente de la DEA asesinado en Guadalajara, y llevado a El Paso, Texas. Un caso que en la Corte estadunidense no funcionó y el médico fue liberado.

Para el gobierno mexicano de la 4T la exhibición y donación de ese avión a un museo resulta un agravio y a la vez revive otro  episodio intervencionista de una acción extranjera en territorio mexicano.  No solamente el de Chihuahua con agentes de la CIA, cuya investigación sigue viva, según dijo la presidenta Sheinbaum.

El gobierno mexicano solicitó desde el  gobierno demócrata de Joe Biden  y al actual de Donald Trump, información sobre esta acción que viola como lo ha dicho la secretaria Rosa Isela Rodríguez la soberanía mexicana: De confirmarse la participación del FBI sin informar al Gobierno de México,  una violación a la Carta de las Naciones Unidas, a la Carta de los Estados Americanos, a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y a la Ley de Seguridad Nacional.

 

Y para el gobierno mexicano, dice la secretaria Rosa Isela: Lo más relevante y, en su caso: ¿quién hace y quién ha hecho acuerdos con la delincuencia organizada?

Las claves para conocer más de este intríngulis entre las relaciones entre México y Estados Unidos de ahora.

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