La piedra de Sísifo / América Latina, vuelta a la derecha

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Por José Luis Camacho López

La tragedia del pueblo venezolano es inconmensurable mientras bajo la sombra de la doctrina Donald Trump, una versión mejor acabada que la doctrina Monroe de hace dos siglos, América Latina camina hacia una neo democracia dominada por castas y élites, aquellas que combatió Simón Bolívar cuando buscó crear en América” la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”.

Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, es el que mejor reúne las características de un candidato trumpista de esas aristocracias políticas y económicas. Abogado, empresario, escritor, cantante y un neo político colombiano. De 48 años apenas lanzó su  candidatura presidencial este año como una marca “El Tigre”. Según uno de sus colaboradores, “El Tigre surgió de la escucha del pueblo y no de una creación previa del equipo de campaña.  El pueblo mismo empezó a hablar del Tigre”.

Para acompañar al “Tigre” sus estrategas desataron una masiva campaña mediática, se fabricó el jingle audiovisual  “Tigre que ruge y muerde” junto con  los colores de la bandera colombiana  con el lema: “Firmes por la Patria”. Incluso se conectó su campaña con la camiseta de la Selección de  Colombia  para el Campeonato  Mundial de Fútbol.

De la Espriella Otero es el mejor acabado de Trump. La CNN lo describe: “Tiene 47 años, es carismático, le gusta hablar duro, apela al espectáculo y da declaraciones categóricas y provocadoras. Se proyecta como un empresario exitoso, amante de lo que él llama la alta cultura y el buen gusto. Ha moldeado su discurso para conquistar al electorado conservador y enfurecido con el actual Gobierno. Ha emprendido acciones judiciales contra periodistas, lo han acusado de machista y dice ser el mayor enemigo del comunismo”.

Este retrato del vencedor del candidato de Gustavo Petro advierte por un lado el claro apoyo intervencionista disuasivo del empresario que gobierno Estados Unidos, pero también evidencia las debilidades de una izquierda latinoamericana que no ha logrado ser una opción democrática capaz de responder a los grandes desafíos sociales, políticos y económicos. Incapaz de resolver los grandes problemas que han permeado la vida de la población latinoamericana en este siglo y la polarizan: la inseguridad pública, las migraciones y economías sin crecimientos.

Trump arrasó en las elecciones presidenciales  de El Salvador, Argentina, Ecuador, Paraguay, Chile, Costa Rica, Honduras, Costa Rica, Panamá, Bolivia y ahora en Colombia y en Perú.  Sus candidaturas han triunfado sin que la Organización de Estados Americanos (OEA) encuentre un mínimo pero a los procesos electorales presidenciales.

 

Trump ha terminado por frustrar tal sueño del libertador de América del imperio español. Bolívar manifestaba  en La Carta de Jamaica de 1815 un rechazo a las monarquías y las anarquías demagógicas o tiranías o monocracias, como ocurre en Nicaragua que perdió el rumbo del origen del sandinismo que fue luchar contra las tiranías impuestas  por el imperio de Washington en ese frágil país de Rubén Darío desde inicios del siglo pasado y en  América Latina y el Caribe.

Trump ha logrado ir derrumbando las utopías de la izquierda latinoamericana con nuevos liderazgos provenientes de las castas y aristocracias de la región. Venezuela se ha convertido desde la captura de Nicolás Maduro, en el símil de una colonia subrogada y administrada desde Washington, ahora viviendo una tragedia social, económica y política de consecuencias impredecibles.

Después del lema    “América para los americanos”,   el “Escudo de las Américas” es la nueva consigna conservadora,   el alineamiento de todas las naciones del sur del Río Bravo en una más  acabada versión de la Doctrina Monroe con más peligroso expansionista y colonialista representado por Trump.

Más de dos siglos separa la Doctrina colonialista de Monroe de otro presidente expansionista. El presidente Monroe la expidió cuando se habían expulsado a los ingleses y estaba en marcha la osadía de Bolívar de terminar de vencer al imperialismo español al sur del continente.

La doctrina ha sido bautizada desde la Casa Blanca como Donroe, por ser una versión actualizada de la doctrina Monroe de 1823, en la que la republicana Estados Unidos rechazaba cualquier posible interferencia de potencias coloniales europeas en el continente.

Hay un nuevo orden en América Latina, la llaman Doctrina Donroe. Para estudiosos de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina la diferencia entre la Doctrina Monroe y la Doctrina de Trump es que la Monroe que era defensiva y la Donroe es agresiva.

Desde que  en marzo del 2026 Trump se reunió a la nueva clase política plutocrática de doce mandatarios latinoamericanos,  la política estadunidense domina en la región del sur y trasciende el solo aspecto de la lucha contra el narcotráfico y se convierte en un instrumento de penetración  político y económico.

Desde  esa reunión del “Escudo de las Américas”, el  caso colombiano ya estaba resuelto desde el Departamento de Estado de Marco Rubio, mientras que las relaciones con México avanzan en un proyecto claramente de dominación en un caprichoso péndulo, según amanezca el humor del patriarca republicano, una veces mal y otras enviar mensajes a través de sus emisarios, de premios o castigos. Ahora con un tratado de libre comercio anual  a expensas de las decisiones del magnate empresario republicano.

Un ejemplo de esa sincronía perversa de mensajes hacia México es la última hecha por la secretaria de Agricultura, Brooke Rolllins, al calificar a la presidenta Claudia Sheinbaum, de “aliada extraordinaria”, que difiere radicalmente de la última en la que Trump dice que la presidenta mexicana es temerosa. Con ello Trump  habla con esa ley del garrote:  de “hablar suavemente con un gran garrote, así llegarás lejos”, recomendada por Theodore Roosevelt Jr, presidente de los Estados Unidos de 1901-1909.

Al terminar la etapa de las dictaduras en América Latina en la década de los ochenta, el gobierno de Ronald Reagan decidió aparejar el Consenso  de la economía neoliberal de Washinton, que programó el fin del Estado del Bienestar y convertir los Estados latinoamericanos y del tercer mundo:  de rectores  económicos a simples administradores de gobiernos.

Se trató  de abrir las puertas de la economía neoliberal del Consenso de Washington, junto con el objetivo político  de colocar empresarios en el poder presidencial, como fue el caso de Vicente Fox en México en las elecciones presidenciales del año 2000,  para abrir paso a la   puerta a la fase superior del capitalismo, el depender las economías regionales de las inversiones extranjeras.

El “Escudo de las Américas” tiene un más reciente miembro en el candidato triunfador en las elecciones de Colombia, la tierra de Bolívar. Abelardo de la Espriella se hizo de la  presidencia de Colombia por más de 250 mil votos para vencer al candidato de la izquierda, Iván Cepeda. Con ello derrota al primer gobierno de la izquierda colombiano que encabezaba Gustavo Petro. Un durísimo golpe para una dividida izquierda de la tierra de Bolívar.

Los ascensos de políticos y empresarios conservadores en las arenas de las elecciones presidenciales tienen una característica común. Son dóciles creyentes de la Doctrina de Trump. Detestan las políticas sociales que beneficien a las clases mayoritarias, la pensiones universales, abominan el aborto y el reconocimiento de las poblaciones de otras orientaciones sexuales, discriminan las corrientes migratorias y desde luego son fanáticos partidarios de Estados reducidos a ser simples administradores de las políticas privatizadoras.

En ese juego de perversidades, mientras se explota el espíritu fanático futbolero de la Copa Mundial de la FIFA, Trump no descansa, tiene la mira las elecciones de Brasil de octubre en otra lucha electoral en la que puede imponerse su doctrina, mientras a  Cuba la mantendrá de rehén hasta ahogarla en el mar del Caribe, mientras que otros países de orientación social de Uruguay y Guatemala, seguirán en esa ruta de imponer nuevas dictaduras bajo la sombra de la democracia tipo Donroe.

 

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