La piedra de Sísifo

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Del presidente López Mateos a la presidenta Sheinbaum
Por José Luis Camacho López
Mientras nosotros celebramos cándidos el Dos de Febrero, ese pueblo bueno que somos, con cuetes, ferias y tamales de todos los sabores para cumplir el rito del niño de la rosca de reyes, el emperador Donald Trump lo hizo para conmemorar el 178 aniversario de la humillante derrota del débil Estado mexicano de 1846-1848 por la cual la nación perdió los estados de California, Nuevo México y Texas.
Un territorio de dos millones 400 mil kilómetros, una superficie de extraordinarios recursos minerales, agropecuarios y marítimos de sus litorales que para Trump es una “legendaria victoria que consolidó el suroeste de Estados Unidos, reafirmó la soberanía estadounidense y expandió la promesa de la independencia estadounidense por todo nuestro majestuoso continente”.
Olvidada en la educación pública y privada esa guerra injusta que dejó la soberanía mexicana colgada de hilachos, esa fecha de es parte del actual tendedero del emperador Trump para sus sistemáticas humillaciones y sarcasmos contra el país.
Sobre todo mayor e inminente es la amenaza para México después de regodearse Trump el pasado 2 de febrero, fecha en que el dos de febrero de 1848 se firmaron los Tratados de Guadalupe-Hidalgo por los que México se doblegó y cedió la anexión de esos extensos territorios de California, Texas y Nuevo México. Hasta cuatro meses después de ese ominoso y humillante tratado, el ejército estadunidense dejó en libertad la Ciudad de México.
Bajo el “Destino Manifiesto” Estados Unidos estaba “destinado por la divina providencia a expandirse hasta las doradas costas del Océano Pacífico”, dijo Trump para terminar su burla de escarnio.
La única defensa que ha tenido México contra los golpes bajos, intervenciones, despojos territoriales de los gobiernos republicanos o demócratas ha sido su política exterior. La República socialista de Cuba ha estado en el corazón de esa política exterior surgida de las dolorosas pérdidas mexicanas del siglo XIX.
El embajador de México en la Organización de las Naciones Unidas, Héctor Vasconcelos, ha reclamado el fin del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba desde hace más de sesenta años. Y ha demandado su finalización “sin mayores dilaciones” al reafirmar el apoyo histórico de México a esa nación del Caribe.
La presidenta Claudia Sheinbaum, citó Vasconcelos, sostiene que no debe haber sanciones unilaterales de ningún tipo y exhortó a “abrir un nuevo capítulo y permitir que Cuba participe plenamente en la comunidad global sin las restricciones que impone este bloqueo injusto e inhumano”.
El mismo canciller Juan Ramón de la Fuente reafirmó la posición de México contra el bloqueo y pidió eliminar a Cuba de la lista estadunidense de países que supuestamente apoyan el terrorismo, de acuerdo a fuentes periodísticas.
A Trump esta política mexicana le debe producir hasta sarampión. Las ronchas le deben llegar a su cerebro. Es el más eminente miembro del club de los oligarcas multimillonarios que se han hecho del poder político en este siglo de tenebrosos augurios para el planeta, si el imperialismo empresarial gobierna el planeta, en la fase superior de la economía capitalista y particularmente para México por ser el vecino más próximo.
Después de Venezuela, en los últimos días para Trump el siguiente caso es Cuba, así tenga de alguna forma darle una fuerte estocada a México, sea con aranceles o frenos en el tratado comercio o con operaciones policiacas encubiertas contra los narcos. Ese recordatorio de los 178 años de la derrota mexicana no es casual ni gratuita.
Si el emperador de la Casa Blanca ya con Nicolás Maduro atrapado en una cárcel de alta seguridad en Nueva York, junto con su esposa Cilia Flores, anexarse administrativa y política a Venezuela, ser el arbitro de las próximas elecciones entre la presidenta interina Delcy Rodríguez y la opositora del denostado Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, para Cuba está ahogar su economía empezando por bloquear los suministros petroleros que han estado a cargo de México.
Maduro poco se ayudó con sus desplantes ante el déspota y tirano Calígula que representa Trump. Era un personaje más cercano a las dictaduras militares plataneras centroamericanas o del Caribe, Somoza en Nicaragua o Trujillo en República Dominicana al descubrirse los cientos de presos políticos que salen de sus cárceles. Más inteligente y audaz ha sido Gustavo Petro quien decidió visitar al emperador en su propia casa para calmarlo por ahora.
Trump se propone que la isla socialista cumpla el sueño húmedo de la antigua historia del esclavista presidente James Buchanan del siglo XIX, que todo ese territorio se anexe a su imperio, donde está bajo su control una zona de la soberanía cubana, la base militar estadunidense de Guantánamo. Buchanan estaba obsesionado en 1858 en poseer la isla “porque en ella había esclavos y porque con ella soñaba acrecer el poderío de los Estados Confederados del sur”, como lo cita el internacionalista mexicano Isidro Fabela en sus memorias.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha sido demasiado cautelosa con las extremas presiones de Trump para que México deje de enviar petróleo a Cuba y hasta ambigua han sido sus expresiones al no mostrar todas sus cartas, a pesar de las presiones de fuera y dentro del país.
A regañadientes, como lo interpretó un reportero de Radio Fórmula, el director de Petróleos Mexicanos informó sobre los contratos de petróleo con la única nación socialista del continente que desafió al imperio estadunidense en una de las etapas más criticas de la guerra fría entre Washington y Moscú.
La política exterior mexicana pasa por la soberanía cubana. Ha sido su mayor prueba desde que en 1962 el gobierno de López Mateos rechazó sumarse al coro de los sumisos gobiernos latinoamericanos al aislamiento de Cuba. Era uno de los mayores desafíos al imperio estadunidense que ha sustentado su dominación divina expansionista en el continente desde que surgió en 1778.
“Con entereza y fiel a nuestra historia, decimos con fuerza: México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde y no se vende”, subrayó la presidenta desde el Teatro de la República en Querétaro, al conmemorarse la expedición de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, ha sido la respuesta al emperador Trump con su Calígula en su pecho.
La política exterior de México está a prueba hoy con la presidenta Sheinbaum en una complicada situación regional e internacional cuando el presidente López Mateos le dijo al canciller Manuel Tello: NO al cerco y bloqueo a Cuba.

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