México y Cuba, las horas contadas
Por José Luis Camacho López
Pasado el pasajero festejo en Palacio Nacional por las expresiones del presidente Donald Trump de llamar a la presidente Claudia de Sheinbaum de una “una líder maravillosa e inteligente”, de la cual todos los mexicanos nos debemos estar contentos con ella, el mismo Trump se encargó horas después de su conversación telefónica con la mandataria mexicana, de aguar la fiesta al anunciar aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba.
El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum se encuentra bajo extremas y máximas presiones de Donald Trump para suspender el apoyo que México ha otorgado históricamente a Cuba a través del petróleo. Guarda cordura y prudencia ante las provocaciones del empresario maniático que después de vencer la soberanía de Venezuela, México y Cuba están en el tiro al blanco de sus siguientes maniobras de dominio expansionista en el continente.
Trump es un personaje de conductas semejantes a las de un psicópata que por un lado expresa mañosas empatías y por el otro es el bárbaro hostil al decidir políticas de castigo a países como México. El objetivo es Cuba a través de México por enviarle un energético vital para su débil economía maniatada por el bloqueo económico del imperio estadunidense desde los años sesenta del siglo pasado. Vencer a una y otra nación.
Los esfuerzos de la presidenta Scheinbaum por conservar la calma se manifiestan en el momento que justifica los suministros petroleros mexicanos a la situación de extrema vulnerabilidad social y económica del pueblo cubano, sin tocar ni aludir al régimen socialista de Cuba para evitar enardecer a Trump.
Sus manías y dobleces con México, en el clímax de sus ofuscaciones contra nuestro país, se pintan de cuerpo entero cuando Trump se convierte en el principal promotor en sus redes sociales de un libro sustentado en la banal profecía de que el gobierno de la presidenta Sheinbaum y su Movimiento de Regeneración Nacional pretenden dar “un golpe de Estado invisible” contra Estados Unidos.
El modo de que el gobierno de la 4 Transformación de la República pretende dar ese golpe, según su autor de Peter Schweizer, es con el uso “como arma política la migración masiva para influir en elecciones y minar la seguridad nacional”.
El libro en cuestión se titula The Invisible Coup: How American Elites and Foreign Powers Use Immigration as a Weapon. Para ver su repercusión en Estados Unidos es uno de los ocho los libros de no ficción más vendidos por Amazon. El libro fue presentado en el programa War Room (Cuarto de Guerra) del comentarista Sttephen Bannon, con una clientela de un millón de inscritos.
Después de las recurrentes presiones por las corrientes migratorias provenientes desde Centroamérica y más allá del sur del continente y otros lares del planeta; las permanentes amenazas de que las agencias de espionaje gobiernen en México las acciones contra el narcoterrorismo, el tema de las relaciones mexicanas con Cuba están ahora bajo la espada del maniático republicano colocando en el mismo juego el tratado de comercio entre México, Estados Unidos y Canadá.
Desde los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y de Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000) las relaciones históricas con el gobierno cubano han sido parte de las negociaciones con los gobiernos republicanos y demócratas. Salinas ha jugado con Cuba por las dudas que desataron las elecciones por las que llegó a Palacio Nacional en |1988 y Zedillo por el préstamo que salvó a su gobierno de la parálisis por el llamado “error de diciembre” de 1994.
Los dos mandatarios mexicanos educados en Estados Unidos en la economía neoliberal, siempre estuvieron predispuestos a ser empleados de las políticas de represión contra Cuba. Salinas recibió en 1992 en Los Pinos parte del exilio cubano de Miami a solicitud del gobierno de George Bush y Zedillo llegó el extremo de pretender “democratizar” la isla cubana por sus ínfulas de ser un demócrata.
La peor conducta con Cuba, bueno ni Fox con el “cenas y te vas” cuando le dijo retiró la invitación a Fidel Castro en una reunión en Monterrey con George Bush, la tuvo, el estudiante pobre en el Instituto Politécnico Nacional, quien resultó todo un fanático de la democracia. Su mayor audacia de ser un demócrata la llevó al grado de dejar morir al PRI, engañar a su candidato presidencial Francisco Labastida, y entregar el poder a Vicente Fox mucho antes de que se conocieran las cifras oficiales de la votación presidencial en julio del 2000.
Zedillo aseguró a la ultraderecha de las cajas de pensamiento estadunidense de Sante Fe, de Nuevo México, la llegada a Los Pinos de un empresario representante de “esa sufrida oposición” mexicana que debía ser apoyada para la primera alternancia presidencial en México.
A pesar de que en su tercer informe Zedillo proclamaba a “la soberanía” como el valor supremo de los mexicanos y preservarla invariablemente con “una política exterior de principios” lo claro es que su gobierno estuvo entregado a los intereses estadunidenses contra Cuba.
En noviembre de 1999, luego de una reunión de la IX Reunión de la Cumbre Iberoamericana efectuada en La Habana,, Zedillo con sus ínfulas demócratas, pronunció una letanía: “No puede haber naciones soberanas sin hombres ni mujeres libres” . Días antes de la trifulca que armaría en Cuba con su sermón en México Zedillo ya se había reunido en Los Pinos con Carlos Alberto Montaner, un líder de Miami y había ordenado a su canciller Rosario Green recibir a Elizardo Sánchez Santacruz, presidente de la Comisión Cubana pro Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.
De los presidentes mexicanos más anticomunistas, el más cerrado y ponzoñoso ha sido Zedillo. Según él en Cuba se debía alcanzar “una democracia plena”. Estuvo muy enojado porque Fidel Castro un año antes, en una reunión del Sistema Económico Latinoamericano (SELA) había dicho que en México los infantes de nuestro país sabían más de Mickey Mouse que de los héroes de su patria. Comentario que enloqueció a Zedillo por la alusión que hizo Castro a su entrega a Washington, tanto que desde que salió de la presidencia se coinvirtió en empleado de una empresa ferrocarrilera a la que cedió los ferrocarriles nacionales y vive en los Estados Unidos.
Zedillo estará feliz de que México esté sometido a estos grados de presiones extraordinarias y Cuba forme parte de este juego de desiguales vencidas. No es la Bahía de Cochinos de abril de 1961 donde se venció la primera aventura bélica para derrocar la Revolución Cubana con mercenarios cubanos de Miami.
La amenaza es más mucho seria que la Bahía de Cochinos después de Venezuela y el asesinato de los 32 cubanos que formaban parte de la guardia de Nicolás Maduro.
En manos de la presidenta Sheinbaum está fijar una más firme posición mexicana con una política exterior mexicana en sus relaciones con Cuba que Bernardo Zepúlveda, como canciller de Miguel de la Madrid, definió como nación libre, soberana e independiente, en otro etapa de nuestro país con otro presidente tan maniático y peligrosos, Ronald Reagan, como Trump.
Horas contadas para México y Cuba.
La piedra de Sísifo
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