La piedra de Sísifo

Fecha:

Cuando la única salida para México es un callejón

Por José Luis Camacho López

La llegada al país de Kash Patel, actual director del Buró Federal de Investigaciones (Federal Bureau of Investigation), para recoger a dos delincuentes, de los más buscados por su agencia policiaca, implica para la presidenta Claudia Sheinbaum aceptar ampliar la cooperación de su gobierno con el intempestivo, arrogante y agresivo presidente Trump, si la captura de uno de ellos en territorio mexicano estuvo a cargo de los agentes extranjeros de esa agencia policiaca.

El artículo 40 de la Constitución mexicana reformado apenas hace cerca de un año en este gobierno, ya advertía la amenaza de una intervención foránea al decir que “bajo ninguna circunstancia, aceptará intervenciones, intromisiones o cualquier otro acto desde el extranjero, que sea lesivo de la integridad, independencia y soberanía de la Nación”.

Sin embargo, aunque México no aceptaría “golpes de Estado, injerencias en elecciones o la violación del territorio mexicano, sea ésta por tierra, agua, mar o espacio aéreo y tampoco consentirá intervención en investigación y persecución”, solamente esto último lo haría con “la autorización colaboración expresa del Estado Mexicano, en el marco de las leyes aplicables”.

Para ese efecto, la Ley de Seguridad Nacional lo permite en su capítulo de la Cooperación Internacional, artículos 69 y 71. “No podrán ejercer las facultades reservadas a las autoridades mexicanas ni podrán aplicar o ejecutar las leyes extranjeras en territorio nacional”, dicta uno de sus incisos.

Empero la fiscal estadunidense Pam Bondi se adelanta y usurpa la acción mexicana de la captura de Ryan Wedding al arrogarse que fue hecha en territorio mexicano por agentes del FBI, mientras el gobierno mexicano débilmente aduce: “un ciudadano canadiense que se entregó voluntariamente ayer en la Embajada de los Estados Unidos” en referencia al narcotraficante.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha ido logrando un mínimo entendimiento para ir frenando las maniáticas ansías de Trump de un ingreso de sus fuerzas especiales, con toda sus avanzadas tecnologías militares, para perseguir a capos del narcoterrorismo en territorio mexicano.

La mandataria mexicana seguramente ha estudiado diferentes acciones para evitar que se vulnere la soberanía mexicana ampliando sus cooperación y colaboración con el impulsivo Trump, que tiene en su secretario de Estado, Marco Rubio y a su procónsul Ron Johnson, dos mastines dispuestos a morder cada muro de carga de la política exterior mexicana hasta derribarlos.

La nueva ofrenda rendida a Trump son los 37 “narcoterroristas” con las que ya suman 92 entregados, sin procesos de extradición, ayuda a calmar sus ánimos intervencionistas. Además reactiva acuerdos de entrenamiento de militares mexicanos en Estados Unidos, que en efecto son viejos, al enviar en uno de los enormes aviones Hércules C130 del ejército norteamericano, que aterrizó en el aeropuerto del Estado de México, a elementos de las fuerzas armadas mexicanas a entrenamientos en sus campos de fuerzas especiales. Los neopanistas y neopriistas se desgarran sus vestiduras patrióticas por falta de información por la llegada de este musculoso avión a tierras aztecas.

Otro gesto de buena voluntad del gobierno de la 4T en su segunda etapa es que venga a México el director del FBI para hacerse cargo de ese superconocido narcotraficante Ryan Wedding, que tuvo a México como su refugio para seguir operando en complicidad con el Cartel de Sinaloa desde hace más de una década, sin que las policías mexicanas se percataran de su presencia. El otro entregado es un acusado de crímenes del otro lado de la frontera.

El golpe militar de estado de las fuerzas especiales en Venezuela es la más dura lección para México y para América Latina. Una severa advertencia de las intenciones de doblegar a un gobierno que por solo decir que su orientación es de izquierda, le causa náuseas y vómitos a la cacocracia de los malvados que ocupa la Casa Blanca.

Venezuela después del secuestro de su presidente Nicolás Maduro y de su esposa, la soberanía bolivariana de ese país quedó completamente devastada, inmolada por la rápida invasión. Su gobierno quedó de facto bajo la administración de Trump. El ejército bolivariano y sus batallones populares quedaron congelados por la apabullante materializada intervención.

A la desolada Venezuela, Trump envió hace unos días a John Ratcliffe, director de la CIA (el principal aparato de espionaje de Washington) para completar los detalles de la ocupación consentida por el mismo gobierno que encabezaba Maduro. Aquí al director del FBI, un ex fiscal federal del terrorismo y abogado de oficio, antes de precipitar otros hechos de presumible intervención con el pretexto de un narcotráfico, al convertirlo en una más violenta política de dominación como narcoterrorismo.

Ratcliffe se reunió en el palacio de Miraflores con la presidenta interina Delcy Rodríguez “para entregar el mensaje de que Estados Unidos espera una mejor relación de trabajo”, según notas del encuentro en las que figuró que Venezuela “ya no sea un “refugio seguro para los adversarios de Estados Unidos, especialmente los narcotraficantes”.

Patel goza de la confianza de Trump por haber combatido las versiones de una influencia rusa en las elecciones de 2016 por las que se eligieron al magnate republicano en su primer mandato. Se fue satisfecho de México del entendimiento que tuvo con las autoridades mexicanas de seguridad pública

Después de las extensas y dolorosas pérdidas territoriales mexicanas en el sur de los Estados Unidos, Texas, Nuevo México, California, que solamente en los libros de texto oficiales aparecen como historias olvidadas, junto con las intervenciones en Veracruz y Chihuahua en los albores del siglo XX, nuestro país sigue siendo objeto del empeño imperialista de convertirnos en una colonia anexada o un estado asociado como Puerto Rico.

Para México, con un vecino con tal grado de mordacidad sobre nuestra soberanía está siempre amenazada con diferentes formas de intervención expansionista. El ideal de Trump es replicar bajo otras formas de intervención, acciones y mensajes que debiliten al gobierno de la presidenta Sheinbaum. No dejará de hacerlo.

Rubio ha estado palomeando cada acción mexicana que satisfaga a Trump. “Nadie coopera más con Estados Unidos que México”, dijo el secretario de Estado de origen cubano después de entrevistarse con la presidenta Sheinbaum en septiembre del año pasado.

La presidenta le reiteró que su gobierno no permitirá la presencia militar extranjera en tareas que corresponden a las autoridades mexicanas y le insistió en una cooperación basada en “confianza mutua, responsabilidad compartida, respeto a las respectivas soberanías y cooperación sin subordinación”.

Muy difícil etapa para México con una ultraderecha doméstica entregada a las barras y las estrellas. El escritor paraguayo Augusto Roa Bastos ya decía: en un callejón sin salida, la única salida es el callejón. Así estamos hoy frente a Trump.

Compartir

Popular

Artículos relacionados
Related

LOS CAPITALES: Martínez Araiza fuera de la negociación del TMEC

Por EDGAR GONZALEZ MARTINEZ Alejandro Martínez Araiza, el dirigente del...

ALGO PARA RECORDAR…

Darly y Darcy, los homicidas de Chico Méndes Luis Alberto...

ÍNDICE POLÍTICO

FRANCISCO RODRÍGUEZ Celebremos el saqueo de Pemex   Uno de los ingredientes...

Estado de los ESTADOS

Lilia Arellano “La democracia no es el silencio de las...