México: Entre el traspatio y la voluntad divina
Por José Luis Camacho López
Por su sola proximidad de una frontera norte de más de tres mil kilómetros con el país más imperialista del planeta, México es el más vigilado e intervenido por las agencias de espionaje de los Estados Unidos desde la llegada de Joel R. Poinsett, el primer procónsul en los albores de la independencia de nuestra nación, hace dos siglos. El presidente republicano Ronald Reagan la definió despectivamente como el traspatio de su imperio.
Todos los procónsules enmascarados como diplomáticos en México han sido agentes del espionaje, sean de gobiernos republicanos o demócratas. Investigar, desestabilizar, dominar, influir, penetrar, someter a los gobiernos mexicanos están en su agenda de prioridades.
Ron Jonhson no es la excepción. Es uno de los mejor entrenados tanto militarmente como en el espionaje. Empieza a cumplir un papel similar al de Poinsett, el mismo que dicta la Doctrina Monroe y su brazo armado divino inscrito en el Destino Manifiesto.
Tiene la misión de doblar al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Conseguir una intervención disfrazada de cooperación con la CIA, (la Central Intelligence Agency) o la DEA (Drug Enforcement Administration) o de sus fuerzas especiales, en acciones contra el narcotráfico, que para el divino Trump gobiernan el país y es el pretexto idóneo para su fanático intervencionismo.
El gobierno de la presidenta Sheinbaum ha realizado esfuerzos extraordinarios para entenderse con un mandatario republicano que hace de la superioridad militar de su gobierno su principal discurso disuasivo. La soberanía mexicana ha estado en el objetivo del juego perverso de Trump al enarbolar el garrote de su bandera de las barras y las estrellas.
La CIA, según informaciones del The New York Times, le sugiere a Trump repetir experiencias anteriores del colaboracionismo mexicano con las agencias de espionaje CIA y DEA. Han operado en nuestro país y logrado operaciones exitosas para su gobierno.
Una de ellas para la CIA y la DEA en México tuvieron como uno de los blancos la captura del Chapo Guzmán en 2014 en Mazatlán. Fue encabezada por el agente de la DEA Víctor Vázquez, que bajo el papel de asesor dirigió a un grupo de con marinos mexicanos para atrapar al jefe del Cártel de Sinaloa.
El otro antecedente de la presencia de los agentes del espionaje en México fue el asesinato del agente de la DEA y marino de las fuerzas especiales estadunidenses, Enrique Camarena, ocurrido en 1985 en Jalisco, infiltrado en los círculos del Cártel de Guadalajara. Un crimen que para la DEA no está en el olvido y sigue como un argumento de su intervencionismo en México.
La frustrada reunión del Senado de la República para autorizar intercambios de fuerzas especiales de ambos países se encaminaba en el mismo camino de una colaboración entre México y Estados Unidos, una cita que estaba en la agenda de Johnson.
Una suspensión que para la presidenta arguye nada tuvo que ver cuando se ejecutó tras el rápido, violentísimo y sangriento golpe de Estado para derrocar y secuestrar al presidente Nicolás Maduro y a su esposa. Con el mismo pretexto del narcotráfico usado en la invasión de Panamá de diciembre de 1989 para doblegar al general Manuel Antonio Noriega y procesarlo por los mismos cargos.
Desde la mirada de los gobiernos republicanos o demócratas, de sus primeros procónsules, México es una nación débil, fragmentado, polarizada; un modelo para experimentar sus prácticas de expansionismo e intervención, bajo esos mandatos de voluntad de divina al que se acoge el pensamiento imperialista, desde la llegada de Poinsett hace dos centurias.
Decenas de investigadores estadunidenses de diversas universidades han sido comisionados para estudiar y analizar los comportamientos mexicanos. Sus tareas han nutrido el pensamiento como el de los ilustrados de la super ultraderecha estadunidense de Santa Fe, una de las cajas de pensamiento de la Casa Blanca, que orientan las acciones intervencionistas hacia el sur y hacia el planeta.
México figura en primer orden al comisionar a sus procónsules en nuestro país con diferentes perfiles de acuerdo con el contexto político del momento. Todas estas figuras disfrazadas de diplomáticos han cumplido con sus misiones de dominación. Algunos de ellos las realizaron eficazmente: Anthony W. Butler y Powhatan Ellis en la anexión de Texas en 1836; Nicholas Philip Trist Ambrose H. Sever en 1847 y 1848 durante el despojo de los territorios mexicanos del sur de Estados Unidos; Henry Lane Wilson, promotor del desencadenamiento del golpe de Estado de 1913 y el asesinato del presidente Francisco I. Madero; Robert H. McBride, el primer encargado de realizar acciones contra el narcotráfico sin consultas con los mexicanos en 1969; y John Gavin, 1985, quien influía en favorecer al Partido Acción Nacional a partir de su misión de abrir a México a la “democracia liberal “ y al “libre mercado” y quien llegó a la exasperación anticomunista por la política mexicana hacia Cuba y Centroamérica. Otro John Negroponte, el de más oscuro pasado en Centroamérica, encargado de consumar el tratado de libre comercio de 1994.
Ron Johnson tiene la encomienda cada vez más clara de que la segunda etapa del gobierno de la 4T enfoque sus acciones de su política exterior en un realineamiento similar al del magnate maniático que gobierna el imperio del norte.
En nuestra historia de relaciones entre México y Estados Unidos hubo gobiernos mexicanos colaboracionistas de políticas de intervención. Uno llegó al extremo de colocar un agente de la CIA en los cuerpos diplomáticos como lo hizo el presidente Gustavo Díaz Ordaz en nuestra misión de política exterior en Cuba. Sembró al mexicano Humberto Carrillo Colón, un agente identificado como personal de la CIA, que descubrieron los servicios de inteligencia cubanos y lo evidenciaron ante el gobierno de Díaz Ordaz.
Para Manuel Buendía, el periodista mexicano, que desentrañó los pasos de la CIA en México, la trama del espía mexicano de la CIA en Cuba pretendía que el Estado mexicano rompiera relaciones con la isla socialista, dada la proclividad de ultraderecha de Díaz Ordaz.
La CIA en México ha penetrado todos los sectores de opinión del país. Concentra informaciones, las procesa, analiza, sugiere y recomienda acciones, como las de implantar agentes en áreas estratégicas del Estado mexicano.
Manuel Buendía, de los únicos periodistas en poseer informaciones claves sobre el gobierno mexicano y la CIA, y publicarlas en sus columnas, fue asesinado en mayo de 1984. Un crimen bajuno, a la luz del día, del que aún nada se sabe ni de sus redes en los oscuros sótanos del poder político y criminal mexicano que lo propiciaron. El narcotráfico estaba en las últimas investigaciones de su agenda periodística.
Las colaboraciones entre la Casa Blanca y CIA y los gobiernos mexicanos han llegado a los extremos de sometimiento al alcanzar los niveles del poder presidencial. Ocurrió cuando el presidente José López Portillo en la Reunión Norte-Sur que organizó en el balneario de Cancún en 1981, lo obligaron a retirarle la invitación a Fidel Castro porque le molestaba a Ronald Reagan su presencia. El embajador mexicano en Cuba, el ingeniero Gonzalo Martínez Corbalá, tuvo que hacer maromas para justificar el retiro de esa invitación a Castro hecha para estar presente en esa reunión de 22 países del orbe.
Pero no solamente gobiernos del PRI se han sometido a instrucciones de la CIA y la Casa Blanca. Lo mismo ocurrió durante la primera alternancia en el poder en México, cuando Vicente Fox le dijo a Fidel Castro “cenas y te vas” para que no estuviera presente en la reunión que encabezaría Gorge Bush en Monterrey. Una Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo a la que asistieron representantes de Jefes de Estado de 50 países en el marzo de 2002 convocada por las Naciones Unidas.
Fox se sumó a la cruzada belicosa anticomunista decretada por George Bush hijo, al decretar su guerra fanática antiterrorista con sus bombardeos en Irak y Afganistán después de los ataques a la torres gemelas en Nueva York. Ya Los presidentes Carlos Salinas y Ernesto Zedillo habían abierto la puerta de los realineamientos de la política exterior del Estado mexicano a la política exterior de La Casa Blanca ocupada por los republicanos o demócratas.
Ni la CIA ni la DEA ni otros aparatos de la inteligencia estadunidense han dejado de operar en México. Para su visión, como el traspatio que definió Ronald Reagan, tenernos entre lo más cerca, cumple sus objetivos extralimitados de seguridad nacional. Ron Johnson, llegó a México con esa inalterable visión de un México colocado entre la sumisión y la cooperación. Complicada tarea para la presidenta Sheinbaum que merece toda una amplísima comprensión, sin las grescas verborreas ladinas de uno que otro comentarista mediático a las que se le pretende humillar.
